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martes, 9 de julio de 2024

Quetzalcóatl: el gen nórdico de la estirpe mexicana (análisis de la novela de Lucie Dufresne)

 Por: Gustavo Torres G.

Las novelas históricas deben ser al mismo tiempo un reto y una bendición para quienes las escriben: el contexto y la data necesaria para generar un universo creíble está dado ya por la realidad, lo que supone un trabajo menos qué hacer, mientras que por otro lado, la "carnita" para el lector o sea, las minucias de las relaciones entre los personajes y las licencias literarias que se pueda permitir el escritor estarán limitadas por justamente, la realidad en la que se basa, pero ¿Qué pasa si esa supuesta historicidad es canjeada por la fuerza de un mito que ha alimentado la identidad de un país durante casi toda su existencia?

Lucie Dufresne es una escritora canadiense que tiene en Quetzalcóatl su primera novela, debajo de la cual la discutible premisa del hombre barbado que vino del otro lado del mar toma forma, alimentándose por supuesto en una investigación documental tal vez no demasiado extensa o rigurosa, pero sí suficiente para dar una versión creíble respecto a la verdadera identidad de un dios compartido entre varias culturas precolombinas (además con diversos nombres).


¿De dónde vino Quetzalcóatl?

A estas alturas, decir que Colón fue el primer europeo en pisar el nuevo continente es históricamente incorrecto. Las evidencias arqueológicas y la documentación (no tan raquítica) respecto a las constantes incursiones de navegantes nórdicos a lo que ellos llamaron Vinland (hoy territorio canadiense) tienen precedentes temporales mucho más profundos de lo que se pudiera pensar, y por ese lado, el pretexto de una embarcación que sucumbe ante una tromba hacia el Atlántico Norte es perfectamente creíble, así que los únicos dos sobrevivientes del siniestro marítimo se convierten en protagonista y secundario de esta aventura: Ari y Melkolf (de inicio, su esclavo). Contada en primera persona, la novela nos pone en la piel de Ari con todo y su visión vikinga de las cosas, pues justo antes de sufrir el accidente, arranca describiendo lo que sin saber, serían sus últimos días en Islandia, lugar frío, pero idílico al mismo tiempo, con habitantes cuyo biotipo ha sido pulido por la dureza del ambiente durante miles de años y que hará contrastar inevitablemente a la población que los personajes hallarán en el inicio de su periplo nombrándolos despectivamente skraelings, aunque no por mucho tiempo pues sin apenas sentirlo, se irán integrando a una cultura absolutamente ajena a la suya, y no solo eso, sino que serán con el tiempo, parte crucial de la nueva identidad de las comunidades originarias en el hoy territorio mexicano.


El estereotipo del indígena salvaje: sacrificios

Dufresne relata con habilidad el ascenso de Ari con lógica y cierta dosis de inocencia por parte de quienes le reciben y arropan, justificado esto con la creencia permanente de que los náufragos son traídos directamente del cielo, producto o regalo de los huracanes en el hoy Golfo de México. Con el materialismo histórico como base de credibilidad, la autora hace imposible el regreso de los nórdicos a su tierra natal por un pequeño pero poderoso motivo: en este continente, en esa época, el metal prácticamente no existía, lo cual hizo imposible la reparación de la embarcación que los llevó hasta ahí y después, todo una fantasía pensar en hacer una desde cero sin hierro para remaches, clavos o laminado. Los primeros meses de estadía se convirtieron para los extranjeros una escuela donde aprendieron a hablar náhuatl y se fueron acostumbrando a los usos de los toltecas, siendo el más impactante de los actos para ellos y para uno como lector, el presenciar una ceremonia de sacrificios en favor de sus dioses; para Ari, guerrero descendiente de Erick el Rojo, adorador de Thor, aquello rebasaba por mucho la necesidad de sangre que se tiene en batalla, pero para Melkolf, cristiano devoto, la repulsión del acto fue casi insoportable...


El mito

Ari, muestra su valía en combate, economía, arquitectura y una visión de crecimiento inusitada para Mixcóatl, el entonces emperador tolteca, quien lo designa en su lecho de muerte como el nuevo Ce Ácatl Topiltzin, figura cuasi divina que destaca según el relato, por su inteligencia e instintos terrenales, más que por su deicidad per sé. El resto de la trama, que incluye la explicación del porqué de su vasta descendencia y la llegada a territorio itzáe (Península de Yucatán) bajo el nombre de Kukulkán, va agregando personajes bien desarrollados con los que es fácil empatizar o recrear mentalmente: Huémac, Ócelotl, Xilonen, Mallinalli, la ostentosa Chantico, el simpático Hun Pik Tok, el aborrecible Tezcatlipoca… Hace mucho que la muerte de algún personaje literario no me afectaba tanto, y aquí sucede por lo menos un par de veces, al punto que en la parte final de la lectura tuve que retirarme a llorar en privado por la partida  de alguno de ellos (no daré spoilers), pero sobre todo por la convicción total de Ari hasta el último de sus alientos, de volver a su amada Tierra Verde para mostrarle a su madre en quién se había convertido. Lucie Dufresne le da un final bellísimo, poético, cargado de nostalgia y aprovechando el apego que nos generó haber acompañado durante prácticamente toda su vida adulta a su protagonista, y aunque creo que cualquier mexicano mínimamente educado sabe de dónde a dónde va la historia, la novelización, poder artístico de esta pieza literaria impregnada de esa parte del pasado mexicano que se pierde en el tiempo hace valer mucho la pena darle un vistazo con ojo crítico, pero orgulloso de un pasado que se siente propio más que nunca y será glorioso para siempre.


Quetzalcóatl: el gen nórdico de la estirpe mexicana (análisis de la novela de Lucie Dufresne) © 2024 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 


sábado, 15 de junio de 2024

Drogas, sangre y compañía: Análisis crítico de "Vertical", novela de Jorge Nores

 Por: Gustavo Torres G.

¿Es obligatorio ser feliz? ¿Necesitamos darle sentido a la vida? Si bien estas parecen preguntas existenciales absolutamente básicas o tal vez hasta obvias en su respuesta para algunos, la realidad de miles de adolescentes en todo México y seguramente en el resto del mundo parece orillarlos a evitar el mero acto reflexivo e inevitablemente sucumbir ante el bufet de los sentidos, dándole al placer la fugaz etiqueta de "verdad".

Vertical es la primera novela del joven escritor chihuahuense Jorge Nores, quien hábilmente entrega una historia empapadísima de violencia, sexo, drogas y una realidad que desgraciadamente está lejos de extinguirse en prácticamente todo el territorio nacional. Acá nos cuenta cómo Gustavo (sí, tocayo), un quinceañero homosexual de Chihuahua termina inevitablemente atado a una red de narcotraficantes y sicarios a partir de una decisión aparentemente inocua, pero que como bola de nieve, va atrayendo infortunios uno, dos o tres detrás del otro. Lo de "inevitablemente" puede ser sometido a discusión, sobre todo por la juventud e inexperiencia del protagonista, aunque dadas las condiciones en las que creció y el entorno social en que se desenvuelve, parecería que era cuestión de tiempo para que le comenzaran a pasar cosas.

En la flor de su adolescencia, Gustavo ejerce su sexualidad sin freno, consecuencias ni arrepentimientos, sumado al consumo cada vez más elevado de cocaína o lo que le pongan enfrente. Abandonado por su padre cuando él era muy niño, con una hermana mayor laborando en maquiladoras y una madre trabajadora relativamente ausente, jamás ha tenido el referente de confort y seguridad que una familia en otras condiciones podría haberle brindado (ojo, no es una crítica a la familia no tradicional). El tiempo en las calles de una de las ciudades más inseguras del norte y sus apetencias sexuales le convierten en presa fácil para el crimen organizado, donde rápidamente es absorbido. A lo largo de un texto que de verdad se va como agua, el lector no tendrá momento de descanso, dado que las situaciones no darán tregua, tal como le pasa al chico en cada uno de los capítulos: hundido en coca (coquita, le dice él) dormir y despertar cada día para ir a vender merca, huir, hacer tratos y acostarse con su mentor tantas veces como es físicamente posible son la tónica que jamás decae, sumiéndolo a él y quien lee en una vorágine inevitable de desesperación y paranoia; probablemente el nombre del libro venga justo de ahí, pues el descenso es franco, en picada.

A título personal, sentir empatía por alguno de los personajes fue imposible. Lejos de ser una crítica para el autor, es un sincero halago. El retrato de las aspiraciones de la familia de uno de los secundarios, por ejemplo, deja ver con precisión el perfil aspiracional al que una parte de la juventud y niñez mexicana apunta: dinero, mujeres, lujos, respeto y reputación construida sobre lo que sea, incluso una pila de cadáveres o la ausencia de garantías sobre la vida. En alguna escena, Gustavo tiene que convivir forzosamente con la familia de uno de sus colegas, siendo que le reciben con gusto y esa calidez única de nuestra gente, es ahí donde por primera vez se siente querido, su vida adquiere por un momento el sentido que nunca tuvo, acompañado por comida de casa, risas y seguramente un plato con pan dulce, de ese que hermosea el gusto y obliga a agradecer el milagro de estar vivo… 

La cadena de sucesos se arma de tal forma que el cierre es trepidante y desde mi punto de vista, uno de los mejores finales que he leído nunca (por supuesto, no daré información al respecto), revelando gratamente a Nores como un escritor ágil, con recursos lingüísticos no solo suficientes sino sorprendentemente destacados, construyendo un ambiente de desolación pasmoso y de inquietante vértigo sobre sus últimas páginas, si contar con que el lenguaje utilizado se siente tan natural, que no es poca cosa reconocer ese manejo, tomando en cuenta que en el afán de "coloquializar" según qué narración, por lo común se tiene fracaso y aquí no sucede eso. Alta literatura, pues.  

No es para nada una temática que busque para leer, de hecho llegó a mí de maneras misteriosas… Sin embargo no dudo ni tantito lo de recomendar y reflexionar sobre lo que se aborda en la historia, pues como he dicho, a nivel literario se desarrolla con maestría y en el análisis de nuestra realidad, confrontar una obra como esta se vuelve imprescindible en el ejercicio de la reflexión.


Drogas, sangre y compañía: Análisis crítico de "Vertical", novela de Jorge Nores © 2024 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 

viernes, 12 de abril de 2024

La placentera traición a la voluntad de Gabriel García Márquez

Por: Gustavo Torres Gómez

¿Qué nos convierte en lectores? ¿Dónde está el placer de la lectura? ¿Cómo se accede al camino de la literatura? No hay respuesta precisa para ninguno de estos cuestionamientos, sería catastrófico si se encontrara la fórmula para acceder, por más ensayos, técnicas o tesis que los cuervos de lo intelectual intenten aprovechar en sus mil doscientas disertaciones acaso espurias. La experiencia literaria dentro de lo subjetiva que pueda ser, por supuesto que se ciñe a convenciones dadas con el único objetivo de trazar un camino por el que cualquiera pueda transitar, sin embargo las bifurcaciones encontradas por las propias circunstancias del lector son en última instancia las que determinan si las obras permanecen o no en la memoria y corazón de las generaciones.

A cuenta particular, la decisión de convertirme en lector y después volcarme (en la medida de mis posibilidades) a la libertad que otorga la literatura fue en aquel fortuito momento en que "Ojos de perro azul", un compiladito de cuentos de corte exquisito llegó a mis manos, ojos y alma; en adelante, la urgencia de adentrarme en la obra de Gabriel García Márquez tuvo un pico muy acentuado sobre todo en los años de mi carrera, donde fue necesario robustecer el acervo a partir del conocimiento (todavía superficial) de la obra de las vacas sagradas de la literatura hispanoamericana. No hubo, hasta el día de hoy otro autor que compensara ese sabor a "primer amor" sobre sus letras, pues si bien es indudable y hasta ofensivo pensar en alguien a la altura de Borges con su labia cuasibarroca, su dominio casi total del vocabulario castellano o como Carlos Ruiz Zafón, el español que le hizo justicia a su nacionalidad escribiendo una de las sagas más espectaculares y jamás mejor escritas, ninguno de ellos fue capaz de bajar a ras de suelo para hacer sentir la tierra entre ortejos o el implacable calor de agosto esforzándose por acabar de una vez por todas con nuestros pulmones. Hablando de agosto, la hasta hace poco última novela inédita del colombiano se asomó en el horizonte de los meses para ser anunciada con bombo y platillo por Gandhi (al menos en territorio mexicano), y no hizo falta demasiada mercadotecnia para alebrestar la resignación aceptada de no volver a ver nunca otro libro de "El Gabo".

Sucedió en 2015 con "Los amigo", así sin "s" de mi gurú musical personal Luis Alberto Spinetta, pues el disco salió años después de su partida y tuvo en mí y en sus seguidores el mágico efecto de sentir que el "Flaco" había regresado un momento para dar un último mensaje, lo mismo con Leandro Fresco y su pieza instrumental "Sol de Medianoche" donde sigo pensando que realmente las puertas del más allá se abrieron y dejaron salir las guitarras de Gustavo Cerati durante los minutos que dura el tema. En este primer cuarto de 2024, "En Agosto Nos Vemos" acarrea la hermosa sensación de la burbuja en el tiempo, un paréntesis en el contínuum dimensional dentro del cual podemos ir el fin de semana a la librería, comprarnos el último libro de nuestro escritor favorito, pasear con la bolsita de celofán hasta el parque, comprar un raspado, unos nachos, observar a los niños correr sobre el pasto y regresar a la tarde para despedir el día con un café en la mano y el olor a libro nuevo en el otro, encontrándonos una vez más dentro de la mente maravillosa que nos cautivó toda la vida y hoy viene a decirnos que en realidad nunca se ha ido y todavía es capaz de dar batalla entre tanto impostor afincado sin permiso en nuestras neuronas.


"En Agosto Nos Vemos" fue en palabras de los hijos de García Márquez, un texto que nunca debió salir a la luz según la  explícita voluntad de su padre, ¿Razones? Inconsistencias, incongruencias, dificultades para reconocer el valor artístico de su propio trabajo. No puedo ser completamente objetivo con el análisis, primero porque como ha quedado de manifiesto, el sesgo de lo emocional es potente en mi psique si hablamos de algo que tenga que ver con el de Aracataca, sin embargo debo extender la derecha al autor (metafóricamente hablando) confirmando la falta de fuerza narrativa o cierto dejo de monotemática en una narración por demás corta, aunque ese reclamo de longitud no exime al lector más minucioso de poder apreciar los sutiles artificios en el uso de las palabras que solo una bestia literaria con este recorrido es capaz de formular, el oficio del colombiano es innegable en ese sentido. Una de las características más identificables en toda la obra del Gabo fue su vocabulario, deambulante hábil entre las formas más procaces y las maneras más exquisitas aunque con el paso de los años, sobre todo al final, sus formas terminaron imponiéndose sobre el contenido. Si me preguntan, el verdadero placer de leer a este autor estriba marcadamente en el disfrute de la palabra misma, de los alcances creativos y semánticos más que en las historias que pueda contar, por este lado, quienes se encarguen de hacer las traducciones a otros idiomas lo tendrán complicado en el esfuerzo de replicar el sabor de cada expresión y giro en el que estoy seguro, solo un nativo del castellano (además bien versado), será capaz de asimilar en toda su esencia y riqueza. Para leer al nóbel debe estar uno preparado para aceptar que él no hará concesiones esperando que los demás le entiendan, no es un best-seller barato que privilegie accesibilidad sobre popularidad, así que aun en estas circunstancias donde obviamente la intención de la editorial fue vender, no hace falta maquillar la verdad, la honestidad del autor quedó intacta.

Ana Magdalena Bach es la protagonista de esta historia, alguien que está en la frontera del medio centenario y que atada voluntariamente a una procesión anual, se ve inmersa en una serie de actos que pone a prueba su moralidad, enfrentada a lo que las ideologías "woke" de estos tiempos denominan "empoderamiento". Desde el nombre de ella, el resto del relato está cargado de referencias musicales de todo tipo. El dibujo del paisaje es como una flor primaveral, que se va abriendo en belleza conforme avanza la trama y si algún defecto puede achacársele, puede ser el pobre desarrollo de personajes, limitado seguramente por la extensión del texto mismo. A quien busque una típica novela con antagonistas y secundarios ordinarios, aquí no es.

EANV es un "must have" de los asiduos del colombiano, pero no es de ninguna manera el epítome de la narrativa latinoamericana; lo dicho: es descarada la intención de aprovechar este legajo para vender a como dé lugar, pero de nuevo con las comparativas musicales, si se entiende la obra como "bootleg", el lector deberá estar más que satisfecho pues como objeto coleccionable, la edición de pasta dura emitida por Diana es bella por dentro y por fuera, con diseño sutil y colores cargados de toda la nostalgia que empata perfectamente con este contenido perdido, encontrado, editado hábilmente por Cristóbal Pera. Más que un viaje en el tiempo, es la demostración de por qué al hablar de autores, los verbos deben estar siempre en presente.

La placentera traición a la voluntad de Gabriel García Márquez © 2024 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 

martes, 2 de abril de 2024

En la piel de Mulder y Scully: opiniones sobre un libro oficial de los Expedientes X

 Por: Gustavo Torres Gómez

Tenía pendiente platicar sobre este libro que me encontré por casualidad en una de esas librerías de segunda mano en mi querida y horrible ciudad de Ensenada; mientras esperaba a una amiga para tomarnos un café y echar chismecito, el catálogo a la mano me ofreció un manjar sobre el cual no pude resistirme: Piel, una novela oficial basada en el universo de los Expedientes Secretos X (X Files) escrita por Ben Mezrich. El contenido del libro terminó cumpliendo expectativas y al final mis 50 pesos invertidos se justificaron de sobra. Aquí explico por qué.


El planteamiento

Un accidente de tráfico desencadena una serie de pesquisas detrás de los responsables de algunos cadáveres que presentan huellas de violencia tan extrema, que parecen imposibles de haber sido provocados por seres humanos ordinarios. Una compañía farmacéutica, el ejército de Estados Unidos y la probable participación de un ser de otro mundo ponen en acción a Fox Mulder y al amor de mi vi… a Dana Scully en este caso que no dejará tiempo ni de respirar. 


La experiencia de lectura

Nunca tuve antes una confrontación literaria de este tipo, o sea, había leído libros basados en películas o visto películas basadas en libros, pero jamás algo derivado de una serie de televisión. Sin ser una cosa del otro mundo, a efectos personales me pareció una masterclass de cómo se escribe las secuencias de acción, aunque por supuesto, lo más entrañable y hasta gracioso fue tener las voces de Mulder y Scully en mi cabeza cada vez que les tocaba intervenir en un diálogo (quiero llorar, es un fenómeno hermosísimo), incluso en el cambio de escenarios, sin que el texto lo evidenciara, aquella mítica voz en off del doblaje en español latino estuvo presente en mis pensamientos ambientando todavía más cada capítulo. Esta ha sido sin duda una de las experiencias de lectura más divertidas y emotivas que he tenido en mi vida, sin exagerar. 


Las complicaciones

La trama se vuelve adulta en el momento que las evidencias respecto a un asunto con injertos clínicos de piel lleva a los agentes del FBI hasta un milenario y selvático país asiático (no quiero dar spoilers), y es en ese momento que la habilidad del autor se pone a prueba, pues como cualquier otro buen caso tipo monster of the week, el halo de duda respecto a si realmente es un asunto paranormal más allá de lo explicable por la ciencia, convierte ese suspenso en algo parecido a lo que provoca Agatha Christie con sus misterios policíacos: nada es verdad hasta que llega el final.


Resolución

Totalmente en el tono de la serie, el caso se resuelve con intensidad sobre las últimas veinte páginas, aproximadamente, teniendo en un hilo las respuestas que uno como lector creía tener desde el principio de la historia. Piel es el capítulo doble a media temporada que nos habría reenamorado de la serie otra vez por ahí de la temporada 5, que es cuando se desarrollan los hechos acá (si mi deducción es correcta).


¿Recomendación?

Para un fanboy de los Expedientes como yo, es una parada obligada, me arrepiento de no haber buscado antes un libro de estos que según sé, es el último de una serie de siete novelas con trama original (no adaptadas de capítulos de la serie) y vaya manera de aprovechar el universo creado por Chris Carter. A quienes el producto televisivo les sea indiferente, tal vez sea una muy buena manera de regresar un momento y pelear en el pasado (barras, barras), los maravillosos 90 que dejaron tras de sí la mejor serie de todos los tiempos.


En la piel de Mulder y Scully: opiniones sobre un libro oficial de los Expedientes X © 2024 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 

martes, 30 de enero de 2024

Versos cautivos I

Jardín de delicias

afincado en Venus,

para llegar ahí

equilibrarme es futilidad,

porque resbalo entre cordilleras,

asido para siempre

provoco la avalancha que me alimenta

y tu voz es eco

de mi hambre.


Versos cautivos I © 2024 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 

martes, 5 de diciembre de 2023

Versos libres XII

 Me conviertes en un lugar

cada vez que te acercas

reconozco el andar pausado

como acomodándote en la hierba


Despliegas artificios

como si fuesen necesarios

sé que son parte del juego

donde perdí y estoy perdido


No hace falta dudar más

conquista concretada

territorio yermo

aguarda para cultivarse.

Versos libres XII © 2023 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Attribution-NoDerivatives 4.0 International 

miércoles, 29 de noviembre de 2023

Versos libres IX

 Versos libres IX


Rodeada de ti misma

cada noche te proteges con tu almohada

casco de batalla para tus travesías estrelladas

ajustado a tus mejillas de miel

preparada para huir una vez más

de la vigilia y sus espinas violentas .


Con la cobija como capa

eres la heroína de tus sueños

musa durmiente

tu cuerpo son raíces

hacia el despertar divino.


No sé si es posible

en tus ensoñaciones adentrarme

guardiana de tus secretos

¿Qué encontraría ahí dentro?

Acaso peligro de estancia

y garantía de olvido.


Es un puente a las heridas

un atajo a las caricias

la avenida al paraíso

del que no se puede despertar

so pena del aroma efímero

que ataca cuando osado, atrevo cuestión:

¿En qué sueñas cuando sueñas? 


Versos libres IX © 2023 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 

viernes, 3 de noviembre de 2023

Versos libres VIII

 VIII

Pasa de prisa esta tarde eterna

pausada en la fugaz ilusión de tu estancia esta noche

esta hambre de ti es cruel, me indigesta

porque en tu vivaz mirada, eres ciega ¿te das cuenta?

de que me oculto para que me veas

de que me callo para que me escuches

de que eres capaz de tocar mi ausencia

y en mi fugaz presencia

te regalo mi amor, envuelto en lo eterno.


Versos Libres VIII © 2023 by Gustavo Torres Gómez is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

Versos libres VII

De lado

de frente

de costado otra vez

toda tú cabe en un verso

arrastrado por el viento de octubre

te pienso llegando a mí

sonriendo de nuevo

cantando en mis ojos

con tus sílabas hermosas.


Versos Libres VII © 2023 by Gustavo Torres Gómez is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

viernes, 27 de octubre de 2023

Versos libres VI

No puedo pensar en otra cosa

que no sea el olor de tus palabras

cada palabra es un pétalo 

tejido sobre mimbre de colores

que más allá de sabores,

 pasean tus labios y su aroma a fresitas

así, chiquitas, húmedas, 

vestidas en sus semillas,

 invitando a morder.


Cada verso, un paseo

por la andanzas inevitables

de quien se siente culpable

de probar platillo ajeno.

Te leo para verte

Te veo para olerte

tu piel, primavera de los sentidos

sustento de mis ojos .


Este valle se cubre de brisa

y hasta la montaña detiene el viento

derrite la nieve sobre de sí

absorta en el aroma de tus versos.


Versos Libres VI © 2023 by Gustavo Torres Gómez is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

martes, 10 de octubre de 2023

Versos libres III

 III

Explora

sal a la selva sin miedo

espera paciente a la presa

permuta en la belleza salvaje de tu espíritu

Flaquea si te place

es el hambre tu religión

tus rezos, devoción y plegarias

toma mi sangre

invoca lo prohibido

reta a lo divino

álzate

reclama

mi vida.


GTG


Versos libres III © 2023 by Gustavo Torres Gómez is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

Versos libres II

 II

Con un dedo te señalo

intento ocultar lo obvio

un índice tapando el sol

y el resto, en la distancia

jugando a tocar tu rostro.

GTG


Versos libres II © 2023 by Gustavo Torres Gómez is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

Versos libres I

 I

No es un mar de dudas el que nos separa

hay un camino de certezas que se ha construido

como un infinito puente que no llega a ninguna parte

hasta que agotados de tanto remar

no es descanso el que suplican mis brazos

sino la recompensa eterna de tu amor en ellos.

GTG


Versos libres I © 2023 by Gustavo Torres Gómez is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

sábado, 22 de enero de 2022

Reto de lectura 2021: (7, 8, 9, 10, 11, 12) deuda saldada.

22 de enero de 2022

Por: El Dulce de Tamarindo*

El año que hace ya casi un mes terminó, dejó detrás muchos proyectos, algunos exitosamente terminados, otros con menos suerte que no pudieron ver la luz en todo su esplendor. Dentro de las cosas que procuré mantener cierto entusiasmo (más por disciplina que por otros asuntos), fue el bendito hábito de lectura trasladado a una crónica reseñada de los libros que se fueron topando con un servidor a lo largo de los últimos 365 días. Cumplí puntualmente la entrega de dichas reseñas los primeros seis meses, pero después, por h o por v, aunque la lectura se acumuló en una extraña mezcla de pavor y goce, pues la hondonada de las responsabilidades no me permitió escribir tan holgadamente como hubiese querido. A modo de revancha, muestro aquí las obras restantes, para quien quiera una referencia de textos que puedan hacer más llevadero este bonito hábito de la lectura.


(7/12) Cartas de amor a los muertos, de Ava Dellaira

Por mero accidente, en realidad sin buscarlo, el libro llegó a mis manos y decidí darle una chance. La historia de una chica a quien se le muere la hermana (cometió sucicidio) y pretende que el paliativo para su dolor sea una serie de cartas dirigidas a diferentes personajes célebres de la música y la farándula de los 90 hacia atrás.

El planteamiento, por puros nombres, hubiera sido sencillamente irresistible para cualquiera de nosotros que creció y vivió en esos maravillosos años llenos de grunge y desesperanza, el problema es que para las nuevas generaciones, incluso Kurt Cobain, Janis Joplin o Jimmy Hendrix son solo nombres exóticos en una nebulosa de referencias a épocas que ya nada tienen que ver con los intereses populares de los adolescentes criados por el Insta y el Tik Tok (incluso el feis se ve rebasado). Aun así, la experiencia que pude compartir especialmente con alumnas, arrojó ciertas vetas de identificación que parecen ser universales en la adolescencia de cualquier década. Si bien los tópicos explorados pueden parecer lugares comunes, el asunto del suicidio a esa edad, las experiencias sentimentales y sexuales, la sensación de desolación alrededor de la protagonista y el porqué de la elección de cada uno de los destinatarios es bastante atinada. Se agradece el hecho de no hacer fan service en prácticamente ninguna parte de la trama, aun cuando el propio planteamiento es casi un comercial en sí mismo.

Recomendable si se anda en modo emo o si ya, en serio, se pretende explorar aunque sea por encimita la psique adolescente sin tener que recurrir a las bufandas y la magia.



(8/12) Carry on, de Rainbow Rowell

No me gustó para nada. De unos años para acá, el que denomino "género de the choosen one" me tiene harto. Estoy hasta las trancas de este discursito de princesas donde el o la protagonista es increíblemente poderoso (o en vísperas de serlo) nada más porque sí, sin contar con que el o la susodicha son increíblemente hermosos, huérfanos y su propósito en la vida no es claro, pero el mundo está a su servicio. Cada quien saque sus conclusiones, la cosa es que no estoy hablando de quien ya se imaginan (bueno, sí), sino de Simon Snow (el nombre, cancherísimo, pa acabarla de chiflar), y su lucha contra el Hudrum, una cosa rara que no terminé de entender, al tiempo que el gran giro de tuerca, es que Baz, el señorito enemigo de Snow, termina siendo además, su inesperadísimo y apasionado amor. Por supuesto, la temática LGTBIQ me es indiferente, en este libro ni suma ni resta, ¿está ahí por moda más que por una necesidad argumental? Quién sabe. En este Harry Potter región 4, no absolutamente nada que sorprenda, se suma al millar y medio de sagas que se harán un nombre popular en las generaciones que van, pero sin aportar nada ni siquiera a la literatura de su pretendida calaña.



(9/12) El extraño caso del Doctor Jeykill y el señor Hyde, de Robert Louis Stevenson

Clasicazo donde los haya, más extraño que el propio caso del Doctor Jeykill era que no lo hubiera leído. No decepcionó para nada, especialmente por lo breve, ya que en esos momentos me encontraba ultra-saturado de trabajo y requería una historia sencilla, pero sólida. Sin ser el Hyde que a veces se exagera en algunas versiones contemporáneas, la idea de la personalidad dividida y el asunto del trastorno bipolar se cuenta ante todo como una aberración a la moralidad. Para quien busque intensidad y exquisitez literaria, tendrá ante sí un básico que al menos yo echo en falta no haber abordado antes.

(10/12) La peste, de Albert Camus

Al principio de esta pandemia, la recomendación parecía obvia. Haber leído La peste antes del 2020, para cualquiera hubiese significado una novela más, sin embargo, el embate de los tiempos coloca esta obra de Camus como indispensable espejo de la realidad. No temo abordar como lugar común el hecho de que esta novela es prácticamente una trascripción imperecedera que no admite desestimaciones. Existe una brillantez en la narración que hace olvidar la naturaleza literaria del mismo, se transforma aterradoramente en una crónica tan actual como precisa, sin contar conque el desarrollo de personajes es buenísimo. Básico, sin duda.


(11/12) Momo, de Michael Ende

Otro clásico que apenas me digné a abordar, pero que venía persiguiéndome desde hacía al menos 16 años, también bajo recomendación de una persona entonces cercana a quien evidentemente ignoré, al considerar (equivocadamente) que no era literatura de altura. Presionado por un programa de lectura al cual atender, me zambullí con muchas reservas ante lo que consideré, todavía en las primeras páginas, un cuento infantil de manual. La sorpresa vino después, al percibir una hermosa habilidad del autor para proyectar imágenes en uno; los ambientes, la situación, los personajes y su encanto, todo encaja en el paquete de la literatura "must read" de cualquier generación y edad. 

Netflix, se te está durmiendo gacho.



(12/12) Aquí asaltan, de Sergio Zurita

A Sergio Zurita y su especial forma de lucidez le debo el haber conservado mi cordura por al menos un par de años. En las desventuras que pasé trabajando y sobreviviendo en un poblado tan horriblemente alejado de la sensación urbana (entendida por un niño de ciudad chiquita) como lo sigue siendo San Quintín, en Baja California.

En un tiempo donde la FM todavía ocupaba un lugar importante en la vida de las personas, el radiofónicamente surgido de La Taquilla, del infumable René Franco, comenzaba a despuntar con brillo propio con su divertidísimo programa Dispara, Margot Dispara, que en los primeros años de emisión a través de la popularísima EXA, al lado del genial Jorge Dorantes y el acaso patiño permamente, Fausto Ponce, brindaron a los adultos jóvenes de ese entonces un espacio auditivo que tomaba como pretexto el ridículo mundo de la farándula mexicana y por sobre todas las cosas, la cultura pop, especialmente la estadounidense. En septiembre de 2020, DMD llegaba a su fin, tras casi diez años de altibajos en su audiencia y varias alineaciones, destacando la incursión de la prechiochíiiisima Claudia Silva y por supuesto, la mancuerna con el polémico Horacio Villalobos.

¿Y esto qué tiene qué ver con el libro? Pues todo. Como dije, el aprecio que le tuve al programa, que me descargaba diariamente (lo que hoy conocemos como podcast no era ni mínimamente popular) para sobrellevar la vida hostil y en soledad, en un lugar que de apego no me produjo nada, fue fundamental para permanecer "conectado" al mundo, al tiempo que, entre broma y broma, los espectadores sentíamos genuinamente cómo ensanchábamos nuestra cultura general, conociendo poco a poco los tejemanejes del teatro y música a nivel mundial.

En el recorrido del tiempo, no es raro tener una respuesta afectiva a tipos como Sergio Zurita, de quien conocimos intimidades, gustos y manías durante el tiempo que la emisión estuvo al aire, y Aquí asaltan, es una especie de spinoff de Dispara... Se disfruta muchísimo por este hermoso fenómeno lector: le damos voz al narrador de lo que leemos, y en este caso, la del buen señor Zurita está presente en cada uno de los cuentos, poemas y anécdotas que integran esta antología. Se solicita instructor de baile, el cuento con el que abre, es una sorpresa, de entrada, pues contrario a lo que esperaríamos del también actor y dramaturgo, presenta una narración exquisita y perfectamente armada, creíble para cualquier margotero de cepa; a partir de la personalidad claramente identificada de Zurita, los tintes de realismo mágico en verdad son disfrutables.

El resto del libro tiene este tipo de tintes, y no es hasta que llegamos a la parte de la poesía que podemos desahogar carcajadas de forma desopilante, tal como en los mejores tiempos junto a la radio, con composiciones líricas poseedoras de títulos como:

  • Viva la hueva.

  • Oda a Beyoncé.

  • Sentida carta a Scarlett Johansson.

  • Quién es José Tomas.

  • Oda a Gal Gadot.

Entre otras por el estilo...

La tradicional presunta solemnidad de la poesía se diluye gratamente en este bloque de estrofas y versos verdaderamente irreverentes. Genialidad total del humor.

La cascada de anécdotas con la que enfila brillantemente hacia el último tercio, hicieron que mi último libro del 2021 haya valido la pena con cada maldito peso invertido.

Si algún pero le pongo, tiene más que ver con mi hartazgo inducido al tema y personajes de Bob Dylan y Bruce Springsteen (corté prácticamente seis años ininterrumpidos de escuchar DMD, debido a que se volvió casi monotemático desde el Nóbel de poesía que le dieron a Dylan en 2016), y es que ambos seguramente se han ganado su lugar en la cultura popular estadounidense, pero personalmente, sus obras me resultan absolutamente intragables, especialmente Springsteen, anodino y sobrevalorado, para mi gusto. Para Sergio, tanto Bob como Bruce, son algo así como Dios y Jesucristo en la Tierra. Cada cual sus gustos.

En fin, para quien no tenga idea del universo alrededor de Sergio Zurita, puede que las valoraciones emocionales en las cuales no escatimé para esta pseudo reseña no signifiquen nada, sin embargo, como su programa, sus puestas en escena y los nombres que han acompañado su andar a lo largo de las últimas dos décadas, todos representan dignamente, hasta con auténtico valor sociocultural, las sensibilidades y formas de pensar de una generación que hoy día se encuentra en su pico de madurez, y que para quienes nos sentimos parte, los referentes de este calibre no abundan. Para el lector ocasional, encontrará una obra ligera, con vísperas a convertirse en un clásico en el transcurso de los próximos años. 



* Los radioescuchas de La Taquilla, años antes de que existiera DMD, solicitaban apodos absurdos, a modo de reconocimiento, por parte de René Franco, Sergio Zurita e Hilda Isa Salas. Alguna vez mandé mi SMS (sic) y al aire me bautizaron así. Una tontería de los 90s.





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miércoles, 27 de enero de 2021

Reto de lectura 2021 (1/12): El libro de lo insólito. Antología, de Emiliano González y Beatriz Álvarez Klein


Reto de lectura 2021 (1/12): El libro de lo insólito. Antología, de Emiliano González y Beatriz Álvarez Klein

Por: Gustavo Torres G.

Los tradicionales retos anuales de un libro por mes siempre me parecieron interesantes, pero plantearme un número concreto lo sentía un tanto ajeno a la idea de libertad que supone leer cuanto uno quiera; algunos años sinceramente he perdido la cuenta de lo que leí por mero placer y lo que necesité leer por asuntos de trabajo o estudio, y aunque he tenido años terriblemente secos (cuatro o cinco libros cuando mucho), esto de asegurar el mínimo de doce y además variando las temáticas, resulta atractivo en una época donde el entretenimiento digital amenaza con su abundante oferta, mientras se tiene en paralelo, un menú prácticamente infinito de toda clase de bibliografía en formato digital, que por lo pronto (y sobre todo por seguridad) aprovecharé cuanto pueda en mi flamante Kindle (❤). El primer género sugerido por la mencionada lista fue ciencia ficción, así que me di a la tarea de buscar algo que se saliera de los lugares comunes (P. K. Dick, Asimov, Bradbury, Huxley... ) e intenté averiguar si en nuestro idioma existía algo digno de ofrecerle tiempo y neuronas.

Después de una intensa búsqueda, terminé por elegir y descargar El libro de lo insólito. Antología, a cargo de los escritores Emiliano González Y Beatriz Álvarez Klein, del primero tenía cierta referencia a partir de poemas más bien del género fantástico, que aunque no recordaba del todo (o nada) me invitaron a probar con esta colección, atractiva de inicio porque al tratarse de una antología, entendí inmediatamente que la variedad estaría a la orden del día, aunque el verdadero atractivo para mí, consistió en la nacionalidad del compilador (mexicano). He de confesar que de Álvarez Klein no tengo ni idea, pero bueno, aquí mis apreciaciones de un texto que en verdad no me dejó indiferente:

Sobre la presentación

Aunque se trata de un libro publicado en 1994 (la plenitud de mi década favorita), la pinta, a nivel visual es muy de los 70, casi tirándole a los 60; la portada, los interiores y su ingente cantidad de ilustraciones (monitos, pues) es más que sorprendente en el sentido de la orientación cuasi metafísica que va tomando con cada obra elegida. Si alguien ha visto la película de El Señor de los Anillos animada o las míticas Heavy Metal de los 80, entenderá de que va esta vaina: narraciones, cuentos, poemas cargadísimos de fantasía y ciencia ficción (a veces indistinguibles una de la otra), con estilos de dibujo sumamente característicos y tramas en apariencia simples, pero cargadas de simbolismo iniciático y revestidas de un erotismo abierto y sincero (no sexual, en el sentido pueril del término), divinizante de la mujer tanto en esencia, como en su poder estético, la energía de su cuerpo y formas como prueba irrefutable de lo divino, tan representativo del arte hippie post-Vietnam. Toda la obra está cercada por garabatos y grabados permeados de las temáticas mencionadas, haciendo ameno el paso por las poco más de quinientas páginas que integran la antología, por ese lado, para quien no tenga la paciencia de leérselo todo, la mera contemplación del apartado plástico le sabrá a que ha valido la pena darle vuelta a cada hoja. Dan ganas de conseguirlo en papel, pero el ejemplar más accesible que encontré en internet no baja de los 1,800 pesos mexicanos. Seguramente los vale.

Sobre el contenido

Acorde a lo que la parte gráfica ofrece, el tema central de toda la obra gira en torno a la mujer como sujeto deseando, que no objeto de deseo o sujeto deseante; visto desde la óptica del 2021, se vuelve actual y hasta contestatario, dado que desmitifica en buena parte de su selección de textos, el papel en la literatura de "la doncella", "la princesa" o la mujer atada a las preferencias que lo contemporáneo el exige dentro de su rol en cumplimiento de "lo que es femenino", en definitiva, El libro de lo insólito se planta con autoridad al mostrar lírica y narrativa de la mujer sin sacarina o actitudes idealizadas, todo a partir de la compilación inteligente, acertada de autores como Bendick, Noyes, Dowson, Beardsley, Rubén Darío, Amado Nervo y otros tantos cuantos menos, más y bien conocidos, todos maestros en su área y sin miedo a manifestar sus apreciaciones a través de las hermosas ficciones que González y Álvarez Klein seleccionaron para nosotros. 

Mencioné el carácter iniciático de buena parte de los cuentos y poemas incluidos, ante lo cual González ratifica: "por medio de la ficción transmitimos sabiduría esotérica, prescindiendo detalles técnicos", plantando contundentemente el sentido de lo que el lector presenciará más allá de las argucias convencionales de las tramas y la métrica, los grandes maestros emplearon a la literatura como vehículo de su propia iluminación que no como mero divertimento. Aquel o aquella que quiera adentrarse en los floridos y boscosos contenidos de este libro encontrará distracción fácil si así lo quiere asimilar, pero debe estar preparado para la carga simbólica contenida en gran parte de los personajes, tanto en sí mismos, como a través de sus actos y el script tras de ellos. En la balanza clasificatoria de los géneros, lo de ciencia ficción quedó corto y las inclinaciones hacia lo fantástico se hicieron evidentes en prácticamente toda la lectura, lo que de entrada me hace quedar mal con el reto de lectura asumido.

Sobre todo lo otro

No es una lectura al uso, como se habrá notado, no recurre casi en ningún momento a estratagemas narrativas que emborrachen emocionalmente, aspecto que puede ser tomado al mismo tiempo como defecto y virtud. Si bien la literatura verdadera no envejece, queda claro el tiempo en que esta antología fue armada, incluso cuando la mayoría de los textos procedan de décadas atrás, digo esto desde la total subjetividad, en el entendido absolutamente objetivo de la presencia en el mercado e imaginario colectivo de las sagas de éxito mundial, los best-sellers o la abundancia de clásicos contemporáneos saturando los estantes de los lectores de nuestro siglo, pero no lo digo como queja, sino como punto de partida para entender que compilados de este tipo serán cada vez menos probables, dado el nicho del que procede, sin mencionar el acuciante racionalismo que impera incluso, en la maravillosa ficción de nuestro tiempo.

El mes que viene toca un libro de romance ¿alguna sugerencia? Espero no ahogarme entre tanta mermelada.





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lunes, 23 de noviembre de 2020

Ya no estoy aquí: lo mejor que le pudo pasar al 2020

Por: Gustavo Torres G.

Y sí. Hasta llegar al punto en que simplemente esperamos la mala noticia de cada mes, en el asunto del entretenimiento digital una sorpresa ilumina el panorama de lo que podría ser un 2021 que comience con una avalancha de premios y reconocimientos en lo que hasta el momento, me parece la mejor película del catastrófico 2020. Es mexicana.

Este divorcio que muchos hemos firmado con el cine nacional desde hace ya algunos años (personalmente, al menos veintitantos) a raíz de obras poco menos que vomitivas, deleznables, de pronto ha encontrado tregua con la autoría intelectual de quienes hoy son reconocidos como algunos de los mejores directores del mundo, me refiero por supuesto a los tres alegres compadres: Iñárritu, Cuarón y del Toro, todos con sendos óscares en sus haberes, absolutamente merecidos, desmarcados de la porquería realizada a nivel comercial en nuestras tierras, apuntando absolutamente al cine de autor, a la defensa de las ideas por sobre la taquilla fácil y sobre todo, inspirando a nuevas generaciones a animarse a hacer cosas como Ya no estoy aquí, largometraje recién estrenado en Netflix (noviembre de 2020), que ha sorprendido a propios y extraños.

Por sobre todas las cosas: naturalidad. Se agradece segundo a segundo en la película cada que algún personaje abre la boca; casi estoy seguro que la indicación del director debió haber sido “di algo más o menos así, pero con tus palabras”, y dejó fluir. Todavía a mediados del siglo pasado, la interpretación de papeles no blancos era asignada a blancos, con resultados absolutamente ridículos y supongo, ultra-incorrectos, políticamente hablando. Si Ya no estoy aquí se hubiese filmado en los 90s o principios de los 2000s, seguramente Ulises habría sido interpretado por uno de los Bichir o abrían encuerado a Patricia Llaca, so pretexto artístico. Otro mérito para Fernando Frías, joven director que tomó todos los riesgos necesarios para entregar un coso absolutamente auténtico., redondo, sin nada en excesos, sin ninguna deuda.

Pero bueno, ¿y qué con la trama? No es una historia al uso, parece no estar contando nada si se ve con ojos de cine palomero, seguramente las quejas del gran público irán por ahí; el destino del protagonista, cuyo nombre seguramente es absolutamente intencional, no se decide con las acciones o decisiones que toma, sino que parece determinado desde el momento en que inevitablemente decide ser quien es, y no es que haya tenido muchas opciones; en una escena muestra a su amiga Lin cómo desde niño su onda cumbiera era ya parte de sí, jamás ha tenido la mínima intención de ser otro o vivir de otra manera; en el sentido más profundo de la expresión, citando al inmenso Camarón de la Isla: “Tu cariño es mi castigo”. Ulises no está siguiendo ninguna moda. Todo él: sus peinados, su vocabulario, su forma de entender la vida es una concepción y no una intransigencia de su parte que vaya a pasar “cuando madure”, acepta las desgracias y los placeres de la vida por igual, jamás se queja, entiende que todo es parte del paquete. La extorsión que hace con su clica al chico que va saliendo de la escuela es tremendamente trascendente, y es que no lo hace con malicia, lo corrobora con sus compas más adelante cuando intenta explicar que ha venido alguien de fuera a cubrir la plaza. El poder se ejerce legítimamente desde la fuerza, sin tapujos o dobles caras. Se es quien se es, no hay vergüenza en eso. Es preferible decir adiós a todo que tener que esconderse.

La travesía de Ulises es fascinante en tanto natural. Nadie se queda para siempre en un lugar, es ley de vida crecer, aunque en el camino tengamos que estrangular a la última versión de nosotros mismos, y con “quedarse” no me refiero a un lugar físico, geográfico, hay quienes se quedan estacionados en una época, una forma de pensar, una persona, una sensación. Nada vuelve. Nada se perpetua en el tiempo, porque este es irrepetible, irremplazable. Viene al tema aquel eterno fenómeno del deportista maduro, que no sabe cuándo retirarse, o bueno, sí, lo sabe, pero no quiere, pues desea replicar su sensación de gloria todo lo posible, se cree eterno, invencible, como cualquiera de nosotros en la adolescencia. Peter Pan vive en nosotros tanto como las circunstancias lo permitan, pero la estancia causa recargos y la vida cobra sus réditos tarde o temprano; Ulises lo aprende a la mala, lo que haga o deje de hacer no le importa a nadie, su entusiasmo por mostrarse se va mermando conforme se da cuenta que no es más que un peinado “curiosito” y que para vivir hace falta algo más que estirar la mano y pedir, hace falta esforzarse.

El regreso del héroe no es tal. Este interminable foco de análisis sociológico es perfectamente retratado en la escena de cierre, donde él ya no es de acá o de allá, se ha vuelto un extranjero en su propia cuna y un apestado en lo que debió haber sido la tierra prometida, incluso una minoría dentro de las minorías, “¡Eso no tiene nada de colombiano!” le reclamaba una prostituta colombiana en su intento por encajar en la comunidad latina en Nueva York. Como decía, el fenómeno de no pertenecer, de moverse y aceptar que de no hacerlo el estoicismo lejos de ser heroico es venenoso, conforma parte de la ley natural de vida que confronta el poder de la nostalgia con la necesidad tóxica de vivir en el confort emocional.



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lunes, 28 de septiembre de 2020

La culpa es de Pandora

 Por: Gustavo Torres G.

Mi javiersierrómetro ha marcado una puntuación baja. Jamás lo hubiese pensado. Como cuando tu equipo lleva media temporada invicto y un sábado cualquiera, contra el equipo menos pensado se da una goleada inesperada... así me sentí al terminar El Mensaje de Pandora, último libro del reconocido escritor teruelense Javier Sierra. He intentado escarbar todo lo posible hasta ver aunque sea un poco de bronce en el tesoro prometido, pero a duras penas me he topado con latón.

¿En verdad es tan malo? Y... no lo sé. La vara queda alta con cada entrega de Sierra, un tipo sumamente apasionado por estos temas tan absorbentes como son la historia y el misterio; La Dama de Azul cimbra las más profundas concepciones que se tengan de la historia; La Cena Secreta es (nunca mejor dicho) una pintura narrativa de la Italia davincesca; El Fuego Invisible es una delicia hecha novela; La Ruta Prohibida resulta una odisea por la historia como siempre debió haberse contado (se va como agua); El Mensaje de Pandora es... bueno, parece un intento de novela epistolar.

Lo bueno

El intento, respeto mucho el intento de dar su público algo distinto, tal como él expresa en la nota aclaratoria, que el asunto de las cartas venía de su padre, cartero de oficio, y que tras desempeñarse honorablemente en tal asunto, el acostumbrado sentido del asombro de Javier terminó transformando esos recuerdos de la infancia en algo que emula medianamente la sensación de cercanía y confianza que se tienen dos personas estableciendo contacto por misivas, sobre todo cuando el tema de esta parece ser de suma importancia, a tal grado que el centenar y medio de páginas que la integran deberían justificarse por mera extensión.


Lo no tan bueno

El recurso de la novela epistolar se siente forzado, tanto como el monólogo emprendido por la supuesta redactora de la carta que nos pone al tanto. No niego que en algunos pasajes (muy contados) el colmillo largo y retorcido del español reluce como de costumbre, pero termina siendo solo eso, un relleno innecesario, un discurso bien estructurado pero sin esencia. Abordar el tema de la pandemia tan, pero tan inmediatamente, ha supuesto sacrificar un libro que pudo haber sido mejor pensado, el argumento daba, tal vez, para bastante más; no sé si el contrato con la editorial obligó al escritor a apresurar la salida de este texto, pero sin duda, le faltó cocción. Este sonado origen cósmico de la enfermedad pudiera ser irrespetuoso si se mira bajo cierta óptica. No es momento de jugar con la desgracia de millones (no lo pienso así, pero habrá quienes lo señalen de esa manera).

Poco qué ver con el Sierra de antaño, mimando cada palabra en cada cuartilla.


Lo malo

Si alguno de ustedes ha leído a Yuval Noah Harari y su genial Sapiens: de animales a dioses, notará fácilmente y hasta con cierta lástima el pobre intento que hace El Mensaje... al querer narrar el desarrollo de la humanidad. Evidentemente los alcances de Sierra son otros, pero como he dicho, estoy seguro que la idea hubiese prosperado mucho mejor si se dejaba el pastel en el horno por lo menos tres o cuatro meses más. La travesía de las protagonistas a bordo de la diosa amarilla en una ruta europea idílica se hace innecesario ante los recordatorios cada tantas páginas de datos que el propio Javier cita una y otra vez en la respetable prensa española del misterio, que a estas alturas resulta ya repetida y cansina, volcada sobre los temas clásicos con el único y maravilloso respaldo de su profesional trabajo, pero con casi ninguna novedad alrededor de Gobekli Tepe, las ruinas de la España más romanizada y un puñado más que apenas resultan relevantes para los tiempos que corren.

Con ganas de...

El Mensaje pudo haber sido menos aventurero y transformar todas esas teorías sobre el origen panspérmico de la humanidad y su posterior evolución en algún ensayo al estilo de La Ruta Prohibida, lo mismo con la reflexión acerca de la absoluta relevancia del mito como factor de transmisión de conocimiento y cultura; por ese lado, el libro es hermoso, abre la metáfora del saber humano por vericuetos que en verdad sorprenden, pero como he dicho, innecesariamente trasladado a este formato. La historia de respaldo no me conmovió ni dos milímetros, me pareció sosa, lo siento. Me quedo con ganas de leer un nuevo libro del autor, uno que asuma riesgos, sí, pero que en la espera esté el mérito, tal, que justifique la salida de todos sus demonios contenidos hacia este mundo que se nos cae a pedazos.


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El último sueño: sobre los 30 años del «último baile» con Soda Stereo

Por: Gustavo Torres Gómez 1995 como ecuador de una maravillosa década en lo musical coincidió con la aparición de Sueño Stereo , obra última...