Por: Gustavo Torres Gómez
El pasado mes de mayo apareció el octavo disco de una de las bandas favoritas de mi adolescencia y resto de la adultez hasta el momento: Garbage. Let All That We Imagine Be the Light emerge de entre toneladas de deshecho sonoro en todas las plataformas de streaming, se alza orgullosamente como prueba incontestable de que la agrupación sigue tan vigente como en el cénit de su carrera. ¿Cómo ha sido el recorrido desde 1995 a la fecha? Aquí una apreciación meramente personal sobre los altibajos artísticos disco a disco durante los últimos treinta años.
1995: Garbage.
La mejor década en la historia de la música tuvo en el primer álbum (homónimo) al digno representante de la escena indie que no era rock puro o seguía la onda del también emergente grunge de esos entonces, Garbage rompía con lo establecido tanto en la imagen del grupo como con el sonido único cortesía de los genios productores a la interna de los que hablaré más adelante.
Mi favorita: Vow, diseñada con mimo, representa el espíritu innovador de esos años bendecidos con la diversidad sonora de bandas como esta.
1997: Version 2.0.
Le guardo especialísimo cariño porque fue el primer disco compacto que compré en mi vida; a la fecha sigo escuchándolo con el mejor equipo posible porque el agasajo auditivo no es menor, se trata de la evolución natural desde la cual pude leer en alguna revista de la época: «Garbage es la banda que nos llevará al futuro», y tenía razón, se puede oir hoy con total tranquilidad y pasar desapercibida en playlist de pleno 2025, incluso conservando la sensación de que aún le queda porvenir sin peligro de envejecer. No creo que sea mi subjetividad la que salte cuando digo que es un álbum luminoso, bello, sin desperdicios o rellenos, plagada de hits (Special, When I Grow Up, I Think I´m Paranoid, Push, It, Medication), tal vez el mejor en la historia del grupo.
Mi favorita: You Look So Fine, balada perfecta, elegante, el pretexto para saborear la voz de Shirley Manson al oído en loop infinito.
2001: Beautifulgarbage.
El sonido consolidado de la banda dio la bienvenida al nuevo milenio con este disco que estuvo a la altura de las expectativas, entregando 13 tracks maravillosos (más uno interactivo, regalito para fans, de esos que ya no se dan). Mi único pero acá, es que justo el estilo característico logrado comienza a ser «un poco demasiado» cuando saturan los canales auditivos acaso sin necesidad o sonando tan artificiales, abusando del sampleo, sintiéndose claramente sobreproducido en la mayoría de las canciones.
Mi favorita: Breaking Up the Girl, sin duda. Pop-rock perfecto, fresco aun a día de hoy, obra maestra de Butch Vig con esos detallitos entre pistas que alimentan a los oídos más exigentes, se puede escuchar varias veces y siempre encontrar belleza en cada una de las pistas que va tejiendo el tema para su narrativa (bajo, guitarras acústicas, distorsiones, efectos), en definitiva, el disco que nos dijo "gente, este es el nuevo milenio".
2003: Bleed Like Me.
Una palabra: estridencia. La ecualización dada a los temas parece haber sido dada con toda la intención de abrir paso al sonido en el aire sin dificultades. Perdió mucho «charm» para mi gusto en relación con los dos discos anteriores, tal vez de manera intencional aunque gana enormidades en madurez tanto en letras como en la clara idea de «bajar» los colores industriales, tecno, sampleos y sintetizadores para aterrizar de nuevo en la base rock que tanto se extrañó en Beautiful...
Mi favorita: Run Baby Run, Garbage en todo su esplendor. Distorsión, ecos, batería poderosa, precisa, riff legendario, ritmos y bases calculadas con harto colmillo. Súper hit.
2012: Not Your Kind of People.
Sentimientos encontrados con este que considero una especie de sucesor espiritual de Version 2.0 por la manera en cómo varios tracks parecen ser reminiscencias a temas en aquel disco, ciertas guitarras, percusiones y el mismo espíritu rebelde se perciben acá aunque desde un lugar bastante menos adolescente, aprovechando mucho mejor la voz de Shirley, liberando la acústica general de cada canción sin dejar de sonar a ellos. Nada sorprende, no hay nada que no se haya oído ya en discos anteriores pero es justo el mérito de confirmar personalidad y demostrar que eran todavía capaces de formular éxitos radiales como antaño (Big Bright World, I Hate Love, Blood for Poppies), además con la calidad/sonido de clase mundial distintiva que hace valiosa a esta obra a la cual considero la última de la etapa clásica (mítica) de Garbage.
Mi favorita: Control, avasallante, definitiva, una aplanadora auditiva, festival de la distorsión y el rock industrial fino (si eso existe), contando además con la potencia de su letra ad hoc, de tintes sociales si las metáforas lo permiten.
2016: Strange Little Birds.
Oscurísimo. Este es para mí el puente simbólico entre el Garbage de toda la vida y el que da la bienvenida a las nuevas décadas, llenas de situaciones políticas y sociales dignas de plasmarse como preocupación genuina de la banda en los discos venideros, por lo pronto, SLB se siente como un «hey, seguimos vivos» mucho más contundente que NYKOP, arrancando con el sencillo Empty (mi favorita, de una vez, cómo no), suceso en internet en ese año por ser probablemente, el tema más Garbage que hayan grabado nunca: potente, rockero, sintético y orgánico al mismo tiempo, aquel sonido «16-bit» que me enervó en la adolescencia volvió con toda su belleza cromática, poniendo a la banda una vez más en la cima del pop mundial afirmando y reafirmando el por qué es ya legendaria desde el poderío sonoro y coherente en cada línea de la composición. Shirley Manson brillando en su genuino papel de máxima estrella femenina del rock de nuestra época.
El resto de pistas suelta joyas absolutas como «Magnetized» (el Special del nuevo siglo) pero tristemente será necesario aceptar que la mitad de temas no tenían razón de ser, los sentí relleno puro aunque mi justificación empata con lo que pienso para el siguiente disco.
2021: No Gods No Masters.
Rezo para que sea una de esas veces donde mi intelecto o sensibilidad limitada sean las culpables de que este disco a día de hoy me parezca infumable, simplemente no logro asimilar nada de lo ofrecido acá. Es como si de todos los ingredientes que se necesitan para hacer música al «estilo Garbage» a alguno se le hubiese roto la tapa y el derrame de ese aderezo echase a perder el platillo completo, o sea, cada tema ES GARBAGE, pero en demasía nosciva sonora y líricamente, letras densísimas, ambientes concentrados cargados de efectos (The Creeps), filtros sobrepuestos (Wolves) y hasta guiños malogrados a Depeche Mode (Godhead). Harta, sinceramente, es como un niño inquieto presumiendo que hace alguna gracia que definitivamente no es graciosa, aquí la banda parece querer decir «miren qué modernos somos» y sí, pero lo experimental se les fue de las manos. Mucha máquina pero nada de alma. Ritmos forzados (Anonimous XXX) en canciones que bien podrían haber sido incluidas como lados C o D en discos anteriores.
Estando en mi top 5 de grupos de los 90s, dolió pensar que NGNM había sido tal vez el indicador de que la banda estaba acabada artística, creativamente. Afortunadamente estaba equivocado.
Mi favorita (lo salvable, diría): No Gods No Masters, la que da nombre al disco y reza: «The same, so accept the change», tal vez como respuesta a la tonelada de lamentos que fans de mi calaña hicimos de algo que no pudimos entender o aceptar.

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