viernes, 27 de junio de 2025

El último sueño: sobre los 30 años del «último baile» con Soda Stereo

Por: Gustavo Torres Gómez

1995 como ecuador de una maravillosa década en lo musical coincidió con la aparición de Sueño Stereo, obra última (en estudio) de la mejor y más importante banda en la historia de la música en español. Sobre el hastío interno propio de la convivencia por más de una década, Gustavo, Charly y Zeta rubricaron brillantemente con un álbum a la altura y más allá de las expectativas generadas previamente desde sus iteraciones en otras glorias artísticas tales como el popularísimo Canción Animal (1991) y Dynamo (1993). ¿Qué se puede celebrar de este disco prácticamente conceptual? Aquí mi personal valoración e interpretación tema a tema tanto de lírica como de la música en sí misma.

Track 1: Ella usó mi cabeza como un revólver.

En general: Ruego por que exista gente que todavía ESCUCHE música, que cierre los otros cuatro sentidos y se abra a las sutilezas que una canción como esta tiene cuando se presta atención. Todavía hoy es complicadísimo hallar piezas de este nivel, tan fuera de lo ordinario, tan únicas en tantas cosas. Si bien la interpretación de la metáfora a botepronto puede ser tan simple como «estoy tan perdido con ella que no puedo vivir con o sin su ausencia y además hago cosas estúpidas», la autodesvirtuada maestría de Gustavo para sintetizar esa idea en una letra tan sui-géneris y enigmática a partes iguales es maravillosa.

El sonido: la incursión de violoncelos y violines en un tema rock-pop a nivel de música de cámara es brillante, la manera en cómo se integran a los guitarrazos cada compás es una pasada. Los detalles que mencionaba de la calidad de sonido, es que se hace OBLIGATORIO oír con audífonos de muy buena calidad directamente desde un CD (de preferencia) o si es en streaming, con la mayor calidad posible.

La lírica

Después de un baño cerebral

estaba listo para ser amado

Pasa el tiempo y ahora creo que

el vacío es un lugar normal

En los 90 la terapia se la daba uno con canciones como esta, para qué más.

A tomar en cuenta: la complejidad de la canción en cuanto a la cantidad de instrumentos, cada uno puede ser escuchado por separado cada que se le ponga play. El atrevimiento de Cerati para hacer una canción con un título así de largo y además cantarlo como si nada. El video, sus simbolismos, la estética, las referencias.

Track 2: Disco eterno.

En general: representa el descaro de Gus y Charly con el uso de máquinas para generar loops, samples y ritmos en el intento de integrarse a lo venidero pero sin salirse de su característica identidad de power-trio. La versión en vivo que tuve la bendición de escuchar en 2007 cobró estatus de himno cuando en apariencia es un tema sin demasiada trascendencia.

El sonido: abrirse al goce del bajo de Zeta acompañando las programaciones en loop de Gustavo es una habilidad del oído que a mí me costó años desarrollar, una vez que sucedió, se volvió magia pura.

La lírica:

Abrir el sueño stereo

crear la dimensión

Sin disimular, me voy desnudando

con cada sonido

Alta fidelidad cuando este deseo crece...

Si se asume como una especie de oda a la música misma, es brillante, pero sabiendo que se compuso pensando en Cecilia Amenábar, no cabe más que aplaudir a la mente cachonda de mi tocayo.

A tomar en cuenta: las modificaciones que se le hicieron a la canción en conciertos. El famoso loop se convirtió en sello distintivo del sonido de la banda en adelante, incluso del mismo Cerati en su fase solista.

Track 3: Zoom.

En general: todo fan de Soda y Cerati sabe que la mayor parte de sus canciones hacen referencia al sexo de alguna u otra manera, así que Zoom podría ser perfectamente la que más explícitamente lo hace (tal vez a la par de Amo dejarte así, del disco Siempre es hoy, publicado siete años más adelante). Y es que no es solo sexo, las referencias a pornografía y el placer carnal son tan evidentes pero tan artísticamente bien ejecutadas que pasan a segundo plano en pos de disfrutar de la canción como un todo completo, compacto, sin lugar a polémicas por mal gusto, todo lo contrario. Hay géneros musicales enteros que se vuelven mierda (de por sí) cuando se comparan solamente con Zoom.

El sonido: el uso de samples ligeramente modificados en tempo (más rápidos aquí) de grandes temas como New York Groove o This Town Ain't Big Enough for Both of Us está tan bien logrado que a pesar de ser claramente identificables, convierten el tema nuevo en excusa para haberse utilizado sin riesgo de decir que se hizo plagio. Masterclass de resignificación musical.

La lírica: qué más se puede decir:

Ven

Pruébame y verás que todos somos adictos

a estos fuegos de artificio

A tomar en cuenta: el video es uno de los más evocadores de la década de los 90.

Track 4: Ojo de la tormenta.

En general: en 30 años no ha cambiado que sea mi favorita de este disco y probablemente de las preferidas en el soundtrack de mi vida, simplemente me pone bien escucharla, es un tema perfecto, Soda Stereo en el pico de creatividad y autenticidad. Nada suena como esta pieza de art-rock tan calma pero tan viva, energética.

El sonido: el bajo de Zeta es APOTEÓSICO, marca el camino ambiental para el escucha como si fuese un andamio tras del cual jamás caeremos. Como músico, Héctor tenía ya ganada mi admiración pero en este tema garantizó respeto vitalicio. Punto aparte la guitarra con trémolo de fondo.

La lírica: la libertad de interpretar al «Ojo de la tormenta» se dispara si se asume que es nada más que una seguidilla a Zoom, es decir, otro tema repleto de erotismo pues encaja en cada verso (Mi príncipe no se da por vencido), sin embargo en el abordaje inocente, imaginar a un bebé/infante como ese «centro del centro» convierte la canción en la canción de cuna definitiva. Que cada quien juzgue según su instinto.

Ahora cierra los ojos, mi ser

Este fue un día agitado, ya lo sé

No hay nada

Nada a lo que debas temer

A tomar en cuenta: hay por ahí un video en Youtube donde se explica con mimo, por parte de Eduardo Bergallo, uno de sus productores, las incidencias técnicas sorteadas para lograr el sonido tal cual fue concebido por Gustavo. Perla absoluta para audiófilos y nerds del sonido.


Track 5: Efecto Doppler.

En general: ejemplo del nivel artístico en el cual Soda se encontraba en 1995 con relación al resto de bandas, de Latinoamérica al menos. Con Efecto Doppler la intención estética exigió prescindir de los instrumentos propios/comunes del trío para entonces aprovechar las cualidades sonoras de otras herramientas de producción.

El sonido: si bien las cuerdas frotadas son el lienzo sobre el cual se dibuja la canción, es la voz de Cerati que brilla en cada verso, adaptándose, transformándose en súplica (balada, en su significado más literal) demostrando versatilidad y belleza a partes iguales.

La lírica: sencilla de entender, el mérito es la asociación hecha con el fenómeno Doppler justamente, el sonido como metáfora perfecta de la relación entre dos, lo de aferrarse a una relación inexistente en el inevitable paso del tiempo a pesar del alejamiento inminente.

Oye la frecuencia decaer

Cada vez que me dejas

Te perseguiría hasta el sol

Pero hoy es sólo inercia

Y un milenio pasa


Oye, el arco suena a lágrimas

Cada vez que lo tensas

Y oye las sirenas en el mar

Si es que aún no lo entiendes

El argot musical utilizado acá es canela en rama.

A tomar en cuenta: POR FAVOR, escuchar con audífonos (sí, en sesión personal) de la mejor calidad posible, cerrar los ojos y dejarse llevar.

Track 6: Paseando por Roma.

En general: a nivel popular ha faltado reconocerla como emblema de la banda. Paseando... es en cualquier nivel un tema hermoso, fluye en los sentidos con naturalidad y hasta pone de buenas.

El sonido: los vientos utilizados son reminiscencia inevitable de los tiempos en que fue concebida la canción, tomando en cuenta que el ska y el «rock en tu idioma» desarrollado sobre todo en el cono sur de este continente se apoyó de ese tipo de instrumentos para consolidar identidad. La batería de Charly es de lo más fino que se puede encontrar en el track: poderosa, precisa, energética.

La lírica: genial como de costumbre, Cerati se luce con una letra no-típica de pop, ligera, cantable, sin demasiada complejidad, eligiendo palabras tan agradables en su escucha que pareciesen cumplir función de ornamento musical más que ser el centro del tema aun con la evocación de libertad a flor de piel.

He cambiado pero aún mi corazón

Permanece intacto, intacto, tan intacto como ayer

Nada más para decir sólo

¡Hasta Mañana!

A tomar en cuenta: de los que mejor funcionó en vivo, especialmente en el especial de MTV.

Track 7: Pasos.

En general: en la suya, Soda Stereo se regodeaba de poder hacer lo que les viniera en gana porque lograron lo que verdaderamente pocos: tener sonido propio, otra vez.

El sonido: Pasos es confirmación de la calidad creativa de cada uno de los tres, entrega una carta de amor con un tema suave pero potente en lo sonoro que no teme mezclar lo sintético con lo más crudo.

La lírica: dice el mito que es otra declaración hacia Cecilia Amenábar, entonces mujer de Gustavo, madre de sus hijos, radicada en Chile.

Track 8: Ángel eléctrico.

El sonido:

La lírica: tengo la teoría que la temática del disco es meta-referencial, o sea, es un homenaje a la música, la forma en cómo la escuchamos, sobre todo a cómo se compone, la frustración de no encontrar la inspiración suficiente:

Enredado en cables

Estoy al filo de la resignación

Sin embargo, pudiese aludir a un mensaje esperanzador sobre algún desencuentro que merece otra oportunidad después de haber decepcionado o simplemente el encuentro fortuito con la nota necesaria que desencadene el fenómeno creativo:

Un nuevo acorde

Te hace mirarme a los ojos

Aún tengo al sol

para besar tu sombra

El dios de guitarras cristalinas orándole a deidad eléctrica dentro su guitarra.

A tomar en cuenta: la versión «unplugged» es seda rockera, mucho más selvática, salvaje, pero con ribetes de urbanidad (en los teclados de Tweety González) que embellecen a la canción de por sí chula.

Track 9: Crema de estrellas.

En general: justo la crema del pastel, la pausa dulce en medio de tanta experimentación, tal vez pensada para corearse con la luz de mil velas en algún estadio del caribe, Gustavo al centro del escenario con su guitarra criolla y de pronto un violoncelo para detonar las emociones.

El sonido: como el resto de canciones, lo de usar instrumentos no convencionales implicó entender que mover sentimientos puede potenciarse con tecnología sin demeritar profundidad. En clave de tres, como todo en Soda, lo acústico, electrónico y clásico se fusionan en perfección.

La lírica: ¿Es una metáfora del orgasmo? No tengo dudas. Posiblemente de alguna otra perversión.

Su cuerpo lunar

Refugio celestial

Y el PH de su saliva

Y me perdí en la inmensa quietud

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La suite

Las últimas tres pistas se entrelazan entre finales y principios hilados que no dan lugar a descanso. Como en todo el disco, se hace necesario aguzar los sentidos y el intelecto para recibir en toda su dimensión el hecho artístico.

Track 10: Planta.

El sonido: crecendo eléctrico. Divino. Zeta con su bajo emergiendo de la profundidad... es que casi se puede ver la oscuridad del mar, las burbujas, la calma. Hay reminiscencias a guitarras de clásicos como Queen o The Beatles. El hit-hat desde la batería de Charly, preferida para este tema en lugar del predecible sampleo, atinadísimo, hipnótico.

La lírica: asumible como introspectiva, tal vez refiriendo a algún cambio próximo (estoy preparándome/ no sé qué me pasa / que ya no puedo volver). Es la primera vez que se menciona la adjetivación preferida por fans de Cerati respecto a su voz: «en el aire reverbera el ansia de mi voz/ mi voz vegetal», entiendo tal como la aceptación inevitable de estar creciendo hacia el infinito pero seguir teniendo las raíces bien puestas, es hermosa la metáfora.

A tomar en cuenta: la versión en vivo de la gira Bocanada es oro (Estadio Obras Sanitarias). Uno de los picos creativos del maestro Cerati otorgando nueva piel a este tema para entonces ya clásico, acompañándose de Flavio Etcheto (en paz descanse), el fabuloso Leo García, Martín Carrizo (desde un mejor lugar en el universo también, dan ganas de llorar solo de recordar su historia con Cerati) convirtiendo el tema en algo nuevo con la carga que representaba estar a la altura de Alberti.

Track 11: X-playo.

El sonido: festival de secuenciadores adaptados magistralmente al sonido de Soda, explican por sí mismos el buen gusto de no parecerse a nada de la escena electrónica de esos años.

La lírica: no hay.


Track 12: Möiré.

El sonido: último movimiento para dejar a Soda Stereo en su propio cielo de sintetizadores, violines, bajo y la voz de Gustavo como nunca antes: atrás de los instrumentos solamente ambientando.

La lírica: Cerati drogadísimo. Podría pasar por un corrido donde se cuenta los efectos de alguna pastilla que claramente no es una Halls.

Me siento tan laxo

Me siento moírè

Pastillas de zen instantáneo calman mi sed

El dolor clandestino se desvanece

Hay cuarto menguante

Suaviza mi voz

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Por qué es tan especial Sueño Stereo

Además de lo dicho en la descripción de cada tema, el componente nostálgico a nivel personal no viene a mí con sensaciones de melancolía en el sentido depresivo de la expresión, sino que evoca felicidad en la añoranza de tiempos donde las expresiones musicales alcanzaron cuotas de genialidad a la altura de las obras clásicas de los inmortales de la década de los 60, 70 y 80, el mérito de Soda Stereo fue tener la convicción de tener que reinventarse con cada trabajo de estudio, siendo así que si se escucha cada disco en su dimensión sonora y concepto, pareciera que se trata de artistas distintos los que generaron tales, sobre todo conforme se acercaron al final de su trayecto; sucedió lo mismo con Gustavo Cerati en solitario con cada disco, incluso se les asocia de forma inevitable con un color y la prevalescencia de un estilo, ni qué decir de las presentaciones en vivo pues el bonus siempre fue ser testigo de «la nueva versión» de un tema ya conocido pero adaptado a la onda del álbum actual (escuchar temas de Soda en la «era Bocanada» o «etapa Ahí vamos», por ejemplo, fueron caricias al alma melómana de nosotros los fans).

Sueño Stereo tuvo esa marca, la de reinventarse, su habitual pero ¡en cada tema! No se puede más que admirar y agradecer esa intención artística de no solo armar una lista de composiciones más o menos coherente, sino tener siempre la voluntad de concebir el resultado como módulos relativamente independientes que en conjunto funcionaron cual reloj de engranajes. Les pasó (guardando distancias) como a los Beatles, cuyo éxito masivo les permitió hacia el final de su trayecto, concentrarse en lo meramente artístico antes que entregarse a la engañosa tentación del «hit» y los millones de ventas. Su evolución como músicos en coherencia con la experiencia acumulada. 

A nivel de popularidad, Canción Animal es seguramente mucho, mucho más que Sueño Stereo y Dynamo (del que seguramente también haré un artículo), pero estos últimos no dejan de ser el colofón perfecto al camino de la banda que dio cuerpo e identidad al continente entero desde su energía, poder creativo y conexión con la generación de paso entre las viejas concepciones de la música como fenómeno generalizador y los nuevos hábitos de escucha entendidos también como íntimos, introspectivos, personales, sin necesidad de ser folclóricos para sentirnos nacionales o latinoamericanos.



El último sueño: sobre los 30 años del «último baile» con Soda Stereo © 2025 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International

domingo, 22 de junio de 2025

Todo, menos basura

 Por: Gustavo Torres Gómez

El pasado mes de mayo apareció el octavo disco de una de las bandas favoritas de mi adolescencia y resto de la adultez hasta el momento: Garbage. Let All That We Imagine Be the Light emerge de entre toneladas de deshecho sonoro en todas las plataformas de streaming, se alza orgullosamente como prueba incontestable de que la agrupación sigue tan vigente como en el cénit de su carrera. ¿Cómo ha sido el recorrido desde 1995 a la fecha? Aquí una apreciación meramente personal sobre los altibajos artísticos disco a disco durante los últimos treinta años.

1995: Garbage.

La mejor década en la historia de la música tuvo en el primer álbum (homónimo) al digno representante de la escena indie que no era rock puro o seguía la onda del también emergente grunge de esos entonces, Garbage rompía con lo establecido tanto en la imagen del grupo como con el sonido único cortesía de los genios productores a la interna de los que hablaré más adelante.

Mi favorita: Vow, diseñada con mimo, representa el espíritu innovador de esos años bendecidos con la diversidad sonora de bandas como esta.

 

1997: Version 2.0.

Le guardo especialísimo cariño porque fue el primer disco compacto que compré en mi vida; a la fecha sigo escuchándolo con el mejor equipo posible porque el agasajo auditivo no es menor, se trata de la evolución natural desde la cual pude leer en alguna revista de la época: «Garbage es la banda que nos llevará al futuro», y tenía razón, se puede oir hoy con total tranquilidad y pasar desapercibida en playlist de pleno 2025, incluso conservando la sensación de que aún le queda porvenir sin peligro de envejecer. No creo que sea mi subjetividad la que salte cuando digo que es un álbum luminoso, bello, sin desperdicios o rellenos, plagada de hits (Special, When I Grow Up, I Think I´m Paranoid, Push, It, Medication), tal vez el mejor en la historia del grupo.

Mi favorita: You Look So Fine, balada perfecta, elegante, el pretexto para saborear la voz de Shirley Manson al oído en loop infinito.

2001: Beautifulgarbage.

El sonido consolidado de la banda dio la bienvenida al nuevo milenio con este disco que estuvo a la altura de las expectativas, entregando 13 tracks maravillosos (más uno interactivo, regalito para fans, de esos que ya no se dan). Mi único pero acá, es que justo el estilo característico logrado comienza a ser «un poco demasiado» cuando saturan los canales auditivos acaso sin necesidad o sonando tan artificiales, abusando del sampleo, sintiéndose claramente sobreproducido en la mayoría de las canciones.

Mi favorita: Breaking Up the Girl, sin duda. Pop-rock perfecto, fresco aun a día de hoy, obra maestra de Butch Vig con esos detallitos entre pistas que alimentan a los oídos más exigentes, se puede escuchar varias veces y siempre encontrar belleza en cada una de las pistas que va tejiendo el tema para su narrativa (bajo, guitarras acústicas, distorsiones, efectos), en definitiva, el disco que nos dijo "gente, este es el nuevo milenio".

2003: Bleed Like Me.

Una palabra: estridencia. La ecualización dada a los temas parece haber sido dada con toda la intención de abrir paso al sonido en el aire sin dificultades. Perdió mucho «charm» para mi gusto en relación con los dos discos anteriores, tal vez de manera intencional aunque gana enormidades en madurez tanto en letras como en la clara idea de «bajar» los colores industriales, tecno, sampleos y sintetizadores para aterrizar de nuevo en la base rock que tanto se extrañó en Beautiful...

Mi favorita: Run Baby Run, Garbage en todo su esplendor. Distorsión, ecos, batería poderosa, precisa, riff legendario, ritmos y bases calculadas con harto colmillo. Súper hit.

2012: Not Your Kind of People.

Sentimientos encontrados con este que considero una especie de sucesor espiritual de Version 2.0 por la manera en cómo varios tracks parecen ser reminiscencias a temas en aquel disco, ciertas guitarras, percusiones y el mismo espíritu rebelde se perciben acá aunque desde un lugar bastante menos adolescente, aprovechando mucho mejor la voz de Shirley, liberando la acústica general de cada canción sin dejar de sonar a ellos. Nada sorprende, no hay nada que no se haya oído ya  en discos anteriores pero es justo el mérito de confirmar personalidad y demostrar que eran todavía capaces de formular éxitos radiales como antaño (Big Bright World, I Hate Love, Blood for Poppies), además con la calidad/sonido de clase mundial distintiva que hace valiosa a esta obra a la cual considero la última de la etapa clásica (mítica) de Garbage.

Mi favorita: Control, avasallante, definitiva, una aplanadora auditiva, festival de la distorsión y el rock industrial fino (si eso existe), contando además con la potencia de su letra ad hoc, de tintes sociales si las metáforas lo permiten.

2016: Strange Little Birds.

Oscurísimo. Este es para mí el puente simbólico entre el Garbage de toda la vida y el que da la bienvenida a las nuevas décadas, llenas de situaciones políticas y sociales dignas de plasmarse como preocupación genuina de la banda en los discos venideros, por lo pronto, SLB se siente como un «hey, seguimos vivos» mucho más contundente que NYKOP, arrancando con el sencillo Empty (mi favorita, de una vez, cómo no), suceso en internet en ese año por ser probablemente, el tema más Garbage que hayan grabado nunca: potente, rockero, sintético y orgánico al mismo tiempo, aquel sonido «16-bit» que me enervó en la adolescencia volvió con toda su belleza cromática, poniendo a la banda una vez más en la cima del pop mundial afirmando y reafirmando el por qué es ya legendaria desde el poderío sonoro y coherente en cada línea de la composición. Shirley Manson brillando en su genuino papel de máxima estrella femenina del rock de nuestra época.  

El resto de pistas suelta joyas absolutas como «Magnetized» (el Special del nuevo siglo) pero tristemente será necesario aceptar que la mitad de temas no tenían razón de ser, los sentí relleno puro aunque mi justificación empata con lo que pienso para el siguiente disco.

2021: No Gods No Masters.

Rezo para que sea una de esas veces donde mi intelecto o sensibilidad limitada sean las culpables de que este disco a día de hoy me parezca infumable, simplemente no logro asimilar nada de lo ofrecido acá. Es como si de todos los ingredientes que se necesitan para hacer música al «estilo Garbage» a alguno se le hubiese roto la tapa y el derrame de ese aderezo echase a perder el platillo completo, o sea, cada tema ES GARBAGE, pero en demasía nosciva sonora y líricamente, letras densísimas, ambientes concentrados cargados de efectos (The Creeps), filtros sobrepuestos (Wolves) y hasta guiños malogrados a Depeche Mode (Godhead). Harta, sinceramente, es como un niño inquieto presumiendo que hace alguna gracia que definitivamente no es graciosa, aquí la banda parece querer decir «miren qué modernos somos» y sí, pero lo experimental se les fue de las manos. Mucha máquina pero nada de alma. Ritmos forzados (Anonimous XXX) en canciones que bien podrían haber sido incluidas como lados C o D en discos anteriores. 

Estando en mi top 5 de grupos de los 90s, dolió pensar que NGNM había sido tal vez el indicador de que la banda estaba acabada artística, creativamente. Afortunadamente estaba equivocado.

Mi favorita (lo salvable, diría): No Gods No Masters, la que da nombre al disco y reza: «The same, so accept the change», tal vez como respuesta a la tonelada de lamentos que fans de mi calaña hicimos de algo que no pudimos entender o aceptar.

Nota especial: la versión de Starman, original del inconmensurable David Bowie, es HERMOSA, pero es tan dispareja del resto del disco y además un cóver, así que no la contemplé para el promedio general de la obra.


2025: Let All That We Imagine Be the Light.
Sin la expectativa de antaño, a dos años de pasar por una cirugía que la alejó de los escenarios hasta hace poco que le fue posible, Shirley Manson regresó este 2025 para corolar el 30 aniversario del disco debut de su banda integrada por los célebres Butch Vig, Duke Erikson y Steve Marker; en ninguno de ellos se nota la decadencia que algunos medios osaron en echar en cara debido a su edad, especialmente sobre ella a quien tacharon de «vieja». Estúpidos. La pelirroja respondió con clase enorgulleciéndose de su experiencia y por sobre todas las cosas, demostrando que esto de la música, la edad es absolutamente relativa, cuantimás si la esencia de la banda fue desde siempre la innovación sonora y los estándares de producción más sofisticadamente «artesanales» de la industria (por el cuidado y valor de diseño sonoro característico de la casa).

Let All That We Imagine Be the Light es buenísimo. Sin ser LA gran obra, destaca por méritos propios al mesurar casi todos los elementos excesivos que critiqué del disco anterior; hablando de experiencia, se nota con creces lo bien que estas tres décadas se sentaron al grupo. El inicio prometedor con There´s no Future in Optimism alimenta expectativas y estas se cumplen de inmediato con la GENIAL Chinese Fire Horse, energética respuesta a las críticas mencionadas sobre Shirley:

Yeah I may be much older, so much older
Yeah, yeah so much older than you
But I've still got my power in my brain and my body
I'll take no shit from you.

Para quienes habitamos del cuarto piso para arriba, el mensaje es edificador, increíblemente nutritivo. No hay metáforas, la lírica se alimenta de la realidad misma porque eso es lo que se va ganando con la edad, la pena perdida por decir lo que se siente y se piensa, se vuelve uno más aúténtico. Le sigue Hold, otra belleza desde la cual asocio cierto sentimiento de gratitud hacia los fans, igual me equivoco pero es bastante probable que vaya por ahí, la magia de la poesía. 

Requiero escuchar bastante más, lo haré con gusto estos días para determinar si existe alguna favorita dado que no percibo «el hit» de difusión natural, es probable que no lo haya (CFH es la candidata), aun así a lo largo del álbum van brotando joyitas como Sisyphus o R U Happy Now, temas que se abren paso en el tiempo para hacernos creer por un momento que seguimos en 1997.




Todo, menos basura © 2025 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International

jueves, 6 de febrero de 2025

Te dejas...

Por: Gustavo Torres Gómez


Te dejas llevar por el viento

y abandonas la vera de girasoles

las que observaste navegando en mis manos

despidiendo pétalos amarillos.


Te dejas amar por las olas

y visitas galeras escondidas del trueno

de los que huías saciando deseos,

las profundidades respiran en ti.


Te dejas tocar por las piedras

y agradeces las cadenas

firmes, embusteras

prometen nada, siempre.


Te dejas quemar en la nada

en llamas de necedad traicionera

alimentas soledades, bebes de tu locura,

y vives de oscuridad, de fe lastimera.


Te dejas © 2025 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 

sábado, 4 de enero de 2025

Comala en Streaming: comentarios sobre la adaptación de Rulfo al cine digital

 Por: Gustavo Torres Gómez

Es como el duelo: se parte de la negación, hay broncas internas qué solucionar, cierta negociación, la consabida depresión y al final no queda de otra más que aceptar. Está ya disponible en Netflix la última adaptación al cine (digital en este caso) de la más grande obra de la literatura mexicana en cualquier género: Pedro Páramo, del inmortal Juan Rulfo.

Supongo que pasó lo mismo para quienes admiramos tanto al autor como a su novela, desde que se anunció la primera reacción no pasó por lo positivo sino todo lo contrario o sea, ¿Cómo se atreven a intentar trasladar otra vez algo cuya naturaleza es totalmente literaria? Ya se había hecho tres veces en el pasado con resultados bastante cuestionables, en algunos casos hasta ridículos, como en la versión del 1967 donde a razón de quién sabe qué se puso de protagonista a John Gavin, actor gringo “de segunda” en palabras del mismísimo Ignacio López Tarso, lo que restó de la fuerza necesaria para retratar al cacique decentemente y dejó muy lejos la posibilidad de ver al personaje principal tal como la lectura es capaz de proyectar; en su lugar quedó en la pantalla un tipo bonito carente absoluto de las tablas necesarias, un trabajo de edición tan lamentable que se logran ver las “costuras” para medio subsanar el despropósito de la actuación del gringo y por último el casting mal aprovechado que en otras circunstancias pudo haber dado tal vez, una de las películas más memorables en los anales del cine nacional.

Pedro Páramo de ficheras

Vino luego la versión de 1976, de la cual me gustaría dar más opiniones positivas de las que merece pero es que... Ay, mi México. Tiene el encanto propio del cine de la época, con su tonalidad cromática, el uso de efectos de sonido artesanales en post-producción que son una gozada, pero ante esos elementos lo de pertenecer a la época dorada de las películas de ficheras le cobra factura, sin mencionar las “licencias literarias” que se toma, absolutamente innecesarias, antiestéticas y hasta vulgares, como la escena de la noche de bodas donde Doña Dolores Preciado, interpretada por Blanca Guerra regala un desnudo gratuito (o sea, gracias) y un momento de pena ajena con el brujo del pueblo cuyo tono es absolutamente ajeno a lo necesario para el momento, ni qué decir de lo que sucede entre los dos después... evítense el asco mejor. Lenta, sosa, de mal gusto, ridícula por episodios, esta obra dirigida por José Bolaños es una grosería escupida directamente a la figura de Juan Rulfo y por qué no, atole con el dedo para la población mexicana estúpida que dio pie a este tipo de bodrios.



La de 1981

Los ochenta tuvieron su Pedro Páramo con la actuación estelar de Claudio Brook, pero esa versión no he tenido oportunidad de ver, así que reservaré comentarios para mejor ocasión.

Ahora sí, la de Netflix de 2024

Ahora, a finales de 2024 Netflix toma el riesgo de hacer adaptaciones de dos monumentos literarios latinoamericanos: Pedro Páramo de Rulfo y Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez, del primero opinaré en breve y del segundo espero poder librar la curiosidad por ver, dado que prefiero mantener en mi memoria y corazón los rostros, voces y paisajes que las letras me han dado.

Ver y escuchar la materialización de lo que ha estado tan encarnado en la memoria es fuerte. Resulta complicado aislar la emoción al ir desenterrando de la memoria los instantes que tejieron en la imaginación las palabras de Rulfo, tan justamente elegidas, con carga estética propia, de poesía incomparable. Sigue siendo imposible transformar en fotogramas frases como “Faltaba mucho para el amanecer. El cielo estaba lleno de estrellas, gordas, hinchadas de tanta noche. La luna había salido un rato y luego se había ido. Era una de esas lunas tristes que nadie mira, a las que nadie hace caso. Estuvo un rato allí desfigurada, sin dar ninguna luz, y después fue a esconderse detrás de los cerros”. Todavía preguntan por qué Rulfo es quien es. Aconsejo ver alguna entrevista del maestro para guardarse su voz en el sistema y a partir de ahí cada cita que se lea tenga textura. De nada.

¿Cómo hacer entender a los no lectores que no es la trama lo intraducible al cine sino la experiencia lectora? Simplemente no hay comparación. En tanto el cine expresa su valor en el poder de la imagen, cómo es posible componer a cuadro con lenguaje propio lo que se quiere decir con o sin palabras, con ayuda o no del sonido, la literatura exige la estimulación intelectual de cada lector donde se manifiesta para poder ser comprendida en toda su dimensión, siendo paradoja en sí misma pues la aparente limitación de “únicamente usar palabras” es justo su mayor fortaleza, de ahí que se recree en la mente según la potencia y riqueza de pensamiento del mismo.

Dicho lo dicho, no se le debería exigir a una película darnos los matices de los que dispone un maestro como Rulfo en el uso de la palabra escrita, sino apuntar a las posibilidades narrativas desde sus propios recursos, dejando de lado la obra original dado que la confrontación no tiene sentido. Esta versión del director mexicano Rodrigo Prieto es única, tal vez la mejor que se haya hecho sobre el reconocido libro. Teniendo el respaldo presupuestal de Netflix, entendiendo esta misma que no se trata de cualquier historia sino de una de gran valía artística mundial, es notorio para cada toma el cuidado que se ha tenido en respetar la envergadura del libro no haciendo nada de más, siendo fieles hasta donde ha sido posible según el intento de calca (el orden de narración es prácticamente el mismo), tomando los diálogos tal cual se leen en el material original y dando la batuta a gente con camino recorrido a fin de garantizar la mejor película posible. En la pantalla se van dibujando los recuerdos de cada página leída con fidelidad, con poco para el reproche. Mientras en las películas del pasado se dio ambientación casi permanente de desolación, acá la oscuridad y la oportunidad de mostrar el realismo mágico en todo su esplendor se ha tomado con cautela pero exitosamente, cosa que fue imposible de hacer antaño debido a limitaciones tecnológicas. Ver los saltos temporales en la Comala efervescente del ayer, verde, llena de vida, luminosa, rebosante de la energía con el trajín de su gente para luego ir a la cálida oscuridad del presente en la piel de Juan Preciado es maravilloso. No recuerdo alguna otra obra cinematográfica de raíz mexicana tan espléndida visualmente. La escena de las almas en el centro del pueblo consumiendo en miedo a Juan es muy pero que muy bonita, de buen gusto, siendo el pretexto argumental perfecto para pasar de ahí en adelante a las voces en off de él y Dorotea en ese papel de narradores ya como muertos que se resignan a pasar la eternidad en las entrañas de un pueblo que parece no perder vigor a pesar de no tener a nadie vivo entre sus calles.

Ya déjate de miedos. Nadie te puede dar ya miedo. Haz por pensar en cosas agradables porque vamos a estar mucho tiempo enterrados” le dice Dorotea a Juan intentando calmarlo en su nueva condición de muerto. La genialidad de Rulfo en todo su esplendor y la inteligencia de Rodrigo Prieto para componer visualmente eso sin dejar de ser cine y sin perder la potencia literaria de origen. Un aplauso.

La perspectiva poética dentro del análisis de la realidad nacional en Pedro Páramo merece análisis mucho más sesudos que este, pero no deja conmover hasta las lágrimas (a mí me pasó, lo confieso) la integración de potentísimas líneas que aparentemente no contribuyen directamente al hecho cinematográfico, pero siendo tomado literalmente del libro, así en bruto, cobra un valor emocional brutal:

Las campanas dejaron de tocar; pero la fiesta siguió. No hubo modo de hacerles comprender que se trataba de un duelo, de días de duelo”*.

Es increíblemente disfrutable el trabajo de fotografía y sonido; la música de Gustavo Santaolalla es tan exquisita como siempre, justa, poderosa. A quien haya jugado The Last Of Us o visto la serie homónima en HBO entenderá al instante la idoneidad de haber elegido a este tipo para el ambiente que se quiso retratar.



Mis peros

Suma totalmente aquello de haber traducido al dedillo el libro, sin embargo también existen puntos flacos que merecen la pena ser señalados, vaya, que no es una película perfecta. Para empezar, el casting pudo haber sido un poco mejor, hay altibajos y hasta mentadas de madre al espectador mexicano específicamente, por ejemplo la participación de Julieta Egurrola y Roberto Sosa... ¿En serio? Digo, en ambos casos sus papeles pudieron haber sido dados a casi cualquier otro, especialmente el de ella, que interpreta a la abuela Preciado, papel menor; en el caso del Padre Rentería lo que hace Roberto es maravilloso pero mi queja va más en el sentido de pensar que la paleta de actores disponible para hacer cine mexicano debía estar ya a estas alturas totalmente renovada, nada más faltaba que pusieran a uno de los Bichir en el elenco. No sé si tiene que ver con la capacidad actoral o la falta de guía por parte del director, pero lo mostrado por Ari Brickman en su papel de Bartolomé San Juan y lo de Ishbel Bautista es de flojera, en el nivel de actuación de lo que se podría ver en cualquier telenoverla de Televisa. Todavía no logro emitir un juicio para el trabajo de Ilse Salas (Susana San Juan), igual porque creo que podría ser más un asunto de dirección que de capacidad actoral, dado que su personaje es la representación del abuso en toda su desgracia y esplendor, con lo contradictorio que pueda parecer la frase, siendo el contraste del impacto en pantalla lo que más choca pues su contraparte adolescente (Sarah Rovira) destaca por lo bien que se manejó frente a cámara.

El último acto no es malo realmente, sin embargo se hace corto el descenso progresivo del protagonista al morir Susana, lo que resta a la desolación con la que debería percibirse el último suspiro del cacique que transformó su dolor en muerte para todos, incluyendo la tierra bajo sus pies.

Conclusiones

No hay lugar a dudas, en la terna de filmes rulfianos este se lleva todos los honores, apenas arriba de El Gallo de Oro, descarte narrativo** del jalisciense que alcanzó a ver pantalla grande cobijado hermosamente por los inmensos talentos de Ignacio López Tarso y Lucha Villa (brillando como siempre) que solo “pierde” frente a la producción de Netflix porque esta última lleva una intención artística bastante marcada y superior, pero en ambos casos el espíritu del prócer de las letras mexicanas está imbuído con enorme respeto y gracia.

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* Interpreté la noción de un México posrrevolucionario todavía creyendo que la lucha ha acabado cuando resulta evidente la inscosciencia en relación a la situación precarísima del país en todos los sentidos, especialmente en la identidad moral de la que poco se habla y mucho se padece.

** Rulfo nunca quiso que El Gallo de Oro se llevara a la pantalla grande debido a que la consideraba una obra inacabada, además de ser un texto realmente pequeño (se lee de una sentada en un par de horas si se tiene voluntad). Hay multitud de ensayos al respecto realizados por académicos y especialistas tanto de cine como de literatura y todos coinciden en el diagnóstico: Rulfo tenía razón. Tanto libro como película me siguen pareciendo maravillosos y me parece que dados los resultados, Netflix podría arriesgarse a hacer una nueva adaptación con los estándares de calidad actuales.

Comala en Streaming: comentarios sobre la adaptación de Rulfo al cine digital © 2025 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 

lunes, 30 de diciembre de 2024

Jumanji deslactosado: opiniones sobre El Sueño de Albión, de Roger Norman

Por: Gustavo Torres Gómez

El Fondo de Cultura Económica es uno de los pocos esfuerzos que hay en México para hacer llegar literatura a la población de manera que sea variada y accesible, siendo que en los últimos años la serie A la orilla del viento, de corte infantil, ha servido de catálogo sinceramente interesante para salir de los convencionalismos respecto a lo que normalmente se consideraría literatura "no adulta"; de aquí se desprende El Sueño de Albión, novela ligera de Roger Norman, autor inglés poco prolífico del que no puedo decir demasiado, pero aquí mi opinión sobre el texto en cuestión.

¿De qué trata?

Edward Yeoman ha llegado a vacacionar a Turnworth, una aldea de hálito absolutamente campirano en lo más profundo de Inglaterra. Por accidente descubre un juego de mesa sobre el que no tiene noción ni instructivo, pero sobre el cual una serie de eventos aparentemente fortuitos se van ocasionando sin mayor sorpresa que la de pensar que son obra de la casualidad, hasta que el protagonista y una serie de acompañantes se van dando cuenta del verdadero poder del tablero. El resto del libro irá desmarañando el esfuerzo de los personajes por dilucidar las verdaderas reglas del juego y quién es quién en los azares de cada partida.

Lo más o menos

Si fuese película, sería una muy palomera y seguramente producida por Hallmark Channel o como una muy mala miniserie de Netflix de apenas cuatro o cinco capítulos. No es un libro aburrido en su totalidad dado que de vez en cuando suelta nombre importantes para las piezas (Merlín, La Muerte, etc.) o suceden cosas medianamente interesantes como para seguir enganchado un poco más respecto a qué carambas es el juego y si realmente tiene poderes mágicos o no. Cada personaje tiene personalidad bien definida, aunque se antoja tibios, sin fuerza.

Lo malo

Nunca sucede nada verdaderamente emocionante, incluso el episodio de la epidemia de una enfermedad misteriosa parece poco para lo que en realidad es. El clímax parece nunca llegar, de hecho, para mi gusto no lo hace, dejando el sabor amargo de un libro completamente nublado y que levanta expectativas bastante rápido al inicio pero que no logra corresponder en el resto de la trama. El centro de la historia tendría que ir desarrollando las reglas del tablero sobre la cual se supone gira todo, pero las reglas van apareciendo cual deus ex machina y jamás ponen al lector al tanto de lo que se puede provocar con cada tirada de dados, así que se está a ciegas prácticamente todo el tiempo, leyendo sobre un juguete maravilloso del que nunca se tiene color ni forma. En algún momento hice el esfuerzo de pensarlo como uno de esos fabulosos tableros de Warhammer 40000 o algún derivado de Dungeons and Dragons, pero las escuetas descripciones al respecto hicieron insostenibles las teorías que me iba generando sobre la marcha. Se vuelve un registro de las preocupaciones de Yeoman en relación a lo que pasará si sigue jugando o le cede el tablero al señor Tyson.

¿Vale la pena?

No. Debe ser una de las decepciones del año tomando en cuenta que el catálogo del que forma parte me ha regalado experiencias de lectura entrañables, como en el caso de Peligro de Suerte o Los Fantasmas de Fernando, excelentísimas obras de autores mexicanos con harto corazón y pluma desenfadada. El Sueño de Albión solo merece bostezos y la segura recomendación al FCE de publicar más nuevos autores nacionales antes que presuntos clásicos contemporáneos de la más desabrida britania.


Jumanji deslactosado: opiniones sobre El Sueño de Albión, de Roger Norman © 2024 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 



sábado, 28 de diciembre de 2024

Presencia ausente: I.A. vs Cerati

Por: Gustavo Torres G.

No hay nada más humano que usar máquinas”, dijo alguna vez el maestro Cerati respecto a una pregunta relacionada a la polémica en el uso (para algunos) excesivo de tecnología en presunta sustitución de instrumentos musicales. Para muchos, la música no es tal o pierde valor si no hay sudor de por medio, cualquiera que sea el género, sin embargo, la adelantada y artística mente de personas como el ya mencionado astro argentino debería ser tomada en cuenta para pensar dos veces antes de emitir cualquier juicio visceral. Desde un punto de vista artístico los instrumentos utilizados para generar sonidos son eso, instrumentos, herramientas para traducir contenido emocional e intelectual de modo que no solo muevan las ondas sonoras en el aire, sino que lo hagan de tal modo que produzcan tal o cual experiencia a quien escucha y es capaz de procesar de acuerdo a sus recursos alternativos (cultura, edad, situación socioeconómica, historia de vida, contexto en general), de ahí que “el gusto se rompe en géneros”. De la misma forma en que un canto yodel podrá parecer al oído popular occidental una forma de ejecutar música curiosa e interesante, el apego a los escuchas en su lugar de origen trascederá a algo más allá de “falsetes chistosos”.

Disco eterno

¿Pero a qué viene todo esto? Mi postura respecto a la tecnología en la música es la misma que Cerati: debe estar uno abierto a experimentar, tomar o desechar según haya oportunidad, la música será música independientemente de la forma en cómo se ejecute. Cuando Soda Stereo era ya una banda de rock-pop consolidada por ahí de finales de los ochenta con discos tan míticos como Signos, Doble Vida, o el apoteósico y rockerísimo Canción Animal, el siguiente paso para la banda fue el lógico: irse a algo diferente. Hubiese sido absurdo quedarse en el sonido de De Música Ligera, Sueles Dejarme Solo o 1,000,000 de Años Luz, que si bien a día de hoy siguen sonando como auténticas aplanadoras (mucho más las versiones en vivo), el éxito para los grupos musicales debería seguir un poco la línea de “lo Beatle”, quienes una vez que tuvieron reconocimiento y dinero para hacerlo, se sentaron tranquilamente en el estudio a sacarse lo mejor que tenían y lograron cosas fabulosas. En el caso de Soda, no fue diferente. Los noventa, la mejor época en la historia de la música (estoy listo para el debate) proporcionó a Cerati, Bosio y Alberti la posibilidad de acceder a equipos que complementaban su trabajo tan naturalmente como lo haría una batería, un bajo o la mítica Jackson azul del maestro, siendo Charly (según cuenta la historia) quien introdujo al equipo con estas nuevas formas de crear y producir. Si bien Dynamo es con cada año que pasa una obra top de la música latinoamericana no folclórica, en mi parecer Sueño Stereo es el epítome de la integración de sámplers, cajas de ritmo, pedales y programaciones. Es una jodida delicia cerrar los ojos y escuchar nota a nota cada uno de los temas de su último disco de estudio; violoncelos, guitarras eléctricas, MPCs, la voz vegetal de Gustavo, el bajo divino de Zeta, la bataca seca y precisa de Charly...


Estoy moviéndome lentamente

Lo que sucedió con Cerati en solitario está de más que lo detalle, su carrera será recordada siempre como una de las más prolíficas artísticamente hablando, siendo una de las razones su capacidad de mantener oídos abiertos como antenas parabólicas a lo que el mundo le ofrecía en ese momento. Todos celebramos Ahí Vamos por ser la vuelta a la distorsión, al sonido rock que tanto le admiramos en su etapa de trío, pero poco se habla del caviar que resultó ser Siempre es Hoy, en palabras de su hijo Benito (y coincido TOTALMENTE): “el pico creativo de Gustavo Cerati”; te lo puedes escuchar mil veces y no se encontrará otra cosa que buen gusto en cada arreglo, cada sample elegido y de nuevo, la integración de la tecnología para lograr un sonido limpio, poderoso, único. El artista musical en todo su esplendor se dio acá.


La presencia ausente

El camino transitado por Cerati fue dejando tras de sí la invaluable certeza de una identidad propia en todos sentidos. En cada nueva iteración, en el sonido replanteado disco a disco seguía siendo él a pesar de la reinvención. Nada que sea difícil de notar, la propia Mercedes Sosa (diosa absoluta de la canción) le calificó como “alguien con una voz muy particular” sin falta de razón, el timbre y las inflexiones a la hora de hablar y cantar le hicieron una de esas rara avis a quienes es imposible sustituir (guardando distancias, como el inmenso Freddie Mercury o el inconfundible Michael Jackson). A diez años de su partida física aun resuena en mí su voz, permanecerá ahí cada sílaba en las más de centenar y medio de canciones que integran su legado infinito, aunque surge de pronto una inesperada situación con la que miles de fans de todo Latinoamérica ponen a prueba el eterno deseo de seguir escuchándolo pugnando por desvelar material inédito, solo que esto de oír algo nuevo parece que se ha salido de las manos y la razón es la tecnología de una forma que jamás antes se había visto. ¿Qué habría pensado Gustavo al respecto?

El tropo común es la tecnología creciendo a pasos agigantados. Hace no más de dos años las conversaciones con ChatGPT o las virguerías visuales procesadas en Dall-e u otras plataformas de procesamiento visual pusieron sobre la mesa la última instancia sobre la cual el ser humano podría diferenciarse de las máquinas: el arte. Aquel popularísimo diálogo de Will Smith en la película Yo Robot (2004) donde el humanoide Sonny es cuestionado sobre si es capaz de convertir un lienzo en una obra maestra o escribir una sinfonía este último responde lapidariamente: “¿Usted puede?”, podría maliciosamente aplicarse a cualquier ser humano hoy y no aprobarlo ni de chiste. Del test de Turing ni hablar. Sobre las mismas líneas, el detective Spooner afirma: “Incluso los perros tienen sueños, pero tú no, eres solamente una máquina”. A día de hoy, sin afán de ser grosero ni cruel, preguntaría ¿Quiénes en realidad tienen sueños?

Lo de tomar textos para hacerlos pasar como originales o generar imágenes fabulosas basadas en estilos artísticos de cualquier tiempo era ya bastante impresionante, pero lo que está sucediendo el área de la música es verdaderamente escandaloso, aunque no debería extrañar, pues a fin de cuentas, qué otra cosa son las notas y la composición musical sino la sublimación intelectual de las matemáticas... Dicho de esa manera, con los algoritmos indicados, suficiente poder de procesamiento y una base de datos prácticamente infinita han aparecido lo que extraoficialmente llamaré sintetizadores de composición musical (SCM), capaces de replicar voces humanas con tal fidelidad que es casi imposible diferenciarlas de voz viva, lo mismo con instrumentos y lo más perturbador: creación de canciones (en su totalidad, es decir, desde la composición, arreglos, canto y ejecución) con el estilo de quien se plazca. Es por eso que escribí este artículo.



Mi mejor amiga ceratiana me mandó el video anterior y mis reacciones pasaron por la sorpresa, una profunda nostalgia, el placentero momento de sentir la voz del maestro una vez más en palabras nuevas y después... nada. Es su voz, es su forma de interpretar, son los colores en sus metáforas, los estribillos son él, pero al mismo tiempo no. El clon revela su artificialidad inevitablemente, así con la avalancha de temas generados hasta la fecha, ya he perdido la cuenta, podría salir una canción nueva literalmente cada minuto, sonando a Cerati pero careciendo de alma, la esencia perdida en el morbo de querer tenerlo al oído de vuelta. Mencioné algunos párrafos atrás las particularidades en su voz y es impresionante cómo estas IIAA las reproducen milimétricamente. La forma de ejecutar coros, el vigor en los agudos, la profundidad de sus graves, lo ya mencionado respecto a las maneras de componer, es todo abrumadoramente perfecto.

Igual que con las ilustraciones hechas por máquinas, tras dos o tres temas comienza uno a identificar el patrón meticulosamente aplicado. De inicio, tanto para ojos como para el oído, estas cosas logran embelesar con su supuesta perfección, sin embargo la falta de sutilezas, el hecho de que un fan acérrimo (modestia aparte) pueda detectar sonidos propios de la época sónica de la que se extrajo o incluso poner en discusión si determinados temas o palabras hubieran sido utilizados* son factores que obligan a la mesura y por qué no, al desencanto.

Más allá de la maravilla tecnológica ¿Es válido hacer esto desde un punto de vista moral? Y... el rollo inicial de este texto alude al tiempo que le tomó a Gustavo Cerati tanto en solitario como en la etapa con Soda desdoblarse hasta convertirse en el mito que es hoy día, el proceso natural de vivencias y su propia cosmovisión, filosofía de trabajo se plasmó con cada tema en cada disco. Con aquello de que “No hay nada más humano que usar máquinas” él se defendía de las críticas recibidas en su etapa de Ocio y Roken**, de los cuales la gente renegó de su total despegue del sonido rock con el que se le identificó por años cambiando por completo lo que presentaba en vivo por aquellos años, llegando a catalogarse como parte de un descarado “laptop dúo” junto con el finado Flavio Etcheto, a quien por cierto le debemos hermosos arreglos para trompeta dentro de algunos temas en Sueño Stereo, Bocanada y Siempre es Hoy, entre otros. Bajo este argumento, el uso de herramientas no es motivo de ningún juicio ético, el asunto es que la herramienta se vuelva también el ejecutante y eso a mí me parece de una aberración razonablemente cuestionable, especialmente para quienes están sacando provecho con vistas y likes en las plataformas donde se han estado distribuyendo. A diferencia de las bandas de covers, tan extendidas en el mundo y que en México y el resto del continente se encargan de mantener vivo el legado de los artistas que homenajean, las canciones generadas con IA no exigen esfuerzo de nadie ni requieren algún talento especial en su ejecución. La maravilla de ser lo que son no la desestimo, pero va a depender de quien las escuche si le seguirán dando el protagonismo que no merecen, la obra del artista ya ha sido hecha y al menos hasta el día de hoy ninguna de las composiciones, con todo y que en teoría, científicamente hablando se pueda afirmar que no hay nada que indique que no sea Cerati, con todo y eso, ninguna ha logrado hacer algo mínimamente superior al material original, al creado en cuerpo, alma y tiempo del maestro. Hay vacíos que no se pueden llenar, así de simple. Elijo quedarme con aquel tema maravilloso de gran Leandro Fresco (memorable dentro del team Cerati solista) donde las notas de su guitarra parecen saludar desde un lugar mejor, más lejano. Su voz real se ha apagado y por eso sigue resonando en nosotros.

Presencia ausente: I.A. vs Cerati © 2024 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 


* Encontré algún tema donde abiertamente se habla de muerte o suicidio, algo que jamás habría mencionado Gustavo en ninguna de sus canciones.

** Proyectos paralelos a su carrera solista pero que no consideró parte de su línea principal de discos, pues se trataba de experimentos sonoros más apegados a la electrónica y el sampleo.



lunes, 23 de diciembre de 2024

Ingenuo del olvido

Por: Gustavo Torres Gómez

Cada adiós me edifica

soy ahora imperecedero monumento

ya el tiempo no puede hacer más

me ha arrebatado todo

como inevitables ofrendas que reclama el tiempo

voraz coleccionista de mis afectos


Ingenuo, creo haber derrotado a mi enemigo

acepto en mi alma las arcas vacías

y apuesto mi todo, sin remedio


Asoma el mejor de mis aliados

además con faz de rival

es el mañana bañado en promesas

carcome en llamas cada latido

la expectativa es más cruel que el olvido

es la superficie que invita y se aleja

si no hay más remedio que entrega.


Ingenuo del olvido © 2024 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 

sábado, 21 de diciembre de 2024

No es un libro normal - Opiniones sobre un hermoso libro de Benito Taibo

 

Por: Gustavo Torres

El sagrado trance de lectura a veces provoca reacciones que trascienden lo intelectual, en ocasiones lo espiritual o a veces ambos, como es el caso de Persona Normal, de Benito Taibo. Perdido durante más de un año bajo la llanta de refacción de mi carro, tuvo que ser una cita de servicio técnico con la agencia lo que recordó el compromiso de lectura con alguien que seguramente puso en mí cierta esperanza de aprecio respecto a lo que me encontraría en aquel texto y dicho así, además ya con el resabio de haberlo terminado, amerita lanzar ese lugar común que reza: las cosas pasan por algo, este era el momento para leerlo.

Sebastián es un chico de doce años que ha perdido a sus padres justo en ese momento de la vida donde se hace más importante tenerlos, aunque bueno, lo justo sería decir que toda la vida es una medida más exacta para eso... Esto no es ningún espóiler que vaya a arruinar la experiencia de lectura, es algo que sucede en las primeras diez o quince páginas y que condiciona el resto de lo que vendrá, en especial con quién deberá vivir el protagonista al menos hasta que sea mayor de edad. En otro dato espoileroso, será el famoso tío Paco quien se haga cargo del chico quién sabe por qué, dado que este señor tiene la reputación en su familia de ser alguien más bien con pensamiento y forma de vida jipioso, un fulano con quien casi nadie en sus cinco sentidos encargaría a un adolescente, menos en la situación tan vulnerable en la que se encuentra, sin embargo, para fortuna de Sebastián, su tío resulta ser un maravilloso ser humano a quien el lector rápidamente asignará el calificativo de “ángel” tanto por su nobleza como por su compromiso con sus propios ideales y el afán genuino de mostrarle la maravilla de vivir a su queridísimo sobrino aún a costa de muchas críticas y encontronazos con medio mundo.

Persona Normal es entrañable desde la primera página y permanece así hasta la última palabra sin el pecado de ser cursi, de hecho no lo es en ningún momento. Es el tipo de libro que por supuesto recomendarías a alguien que no tiene el hábito de la lectura y quiere algo con lo qué empezar, igualmente si es niño, adolescente o adulto la novela es corta, sólida y muy humana. Acompañar el crecimiento del chico en tanto llueven referencias a obras clásicas de la literatura universal es un deleite, aunque si alguna exigencia tiene que haber, podría ser que para el avezado en estos menesteres mucho de lo que se cita son lugares comunes, la verdad es que no podían ser más atinados y dan al clavo con cada situación capítulo tras capítulo, que además de todo son cortísimos, lo que da sensación de avance en una estructura de obra nada compleja que privilegia lo lúdico sobre lo complejo.

La magia de leer, el privilegio de vivir, la bendición de poder pensar son sabores presentes en este libro súper recomendado para compartir con aquellos a quienes realmente queramos dar un presente cuyo sabor dure toda la vida.


No es un libro normal - Opiniones sobre un hermoso libro de Benito Taibo © 2024 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 

El último sueño: sobre los 30 años del «último baile» con Soda Stereo

Por: Gustavo Torres Gómez 1995 como ecuador de una maravillosa década en lo musical coincidió con la aparición de Sueño Stereo , obra última...