miércoles, 10 de agosto de 2022

Profundas ligerezas para una musa fugitiva (parte 1)

 

Es la amatista en tus destellos

es en tu vibra lo más bello

es en tus manos, tu cabello

donde me pierdo, inevitable.


Es en tu voz, tus palabras

tus intenciones macabras,

que advierto, desenfundado un sable

arrinconando mi corazón.


Es tu piel como humo

etérea y blanca, presumo

la que en mí, suspiros delata

y piensa en amor, probable.


Gustavo Torres G.

Agosto de 2022

domingo, 6 de marzo de 2022

"La pelota no se mancha". Sobre el infame caso en Querétaro.

(Parte 1)

Por: Gustavo Torres G.

De niño, de muy niño, no me gustaba el futbol, de hecho, lo repelía. Simplemente no era para mí, un enfermizo chamaco debilucho y más bien dado a cualquier cosa que no representara un reto físico (dibujar, escribir, leer...). Un trofeo en el estatal de atletismo contradice bastante esa primera idea (y me sirve para charolear un poco, cómo no), pues si bien el deporte de las patadas me fue bastante ajeno hasta llegar a la adolescencia, fue justo ahí cuando a través de mi única habilidad con el cuerpo (correr como el viento), me gané la admiración de mis entonces compañeros de secundaria, quienes consideraron que aunque mi destreza con el balón básicamente era inexistente, lo de ser muy rápido le venía muy bien a los equipos que se formaban en la escuela, y fue así que de casi odiar un deporte que asociaba fuertemente con aquello que no era yo, me fue naciendo un aprecio encarnado, por supuesto, con el antecedente de haberme dado amigos y compañeros de ruta, algunos, siguen hasta hoy...

El paso de los años consolidó ese aprecio inicial hacia auténtico amor por el fut y todo lo que venía alrededor: el pretexto perfecto para hacer nuevos amigos en múltiplos de 5, 7 y 11 cada tanto tiempo; empaparse de la cultura pambolera tan propia de nuestro país; el fascinante trasfondo sociohistórico detrás; sentirse uno parte del universo del futbol en el mundo; el mero y simple placer de jugar con la pelotita, de poner un pase filtrado mientras la defensa rival palidece atónita ante semejante hazaña; tener tatuado en la memoria que el mejor pase que alguien me dio en la vida vino de la pierna derecha de una mujer (elevado, a la espalda de la última línea... por Dios, ¿por qué nunca le pedí el teléfono?); la enervante sensación de meter el gol del gane en una tanda de pénaltis, sentir que el mundo se acaba cuando te sacan la primera tarjeta roja de tu vida y tu equipo, lejos de recriminarte por haberlos dejado con uno menos, se lanzan en tu defensa a pedirle al árbitro "¿por qué al otro no lo expulsa?"; que tu novia vaya a verte jugar y esa noche, en tu cabeza, eres Andrés Iniesta, pero en el césped eres poco menos que el "Shaggy" Martínez; perder 11-1 y sentir que ese "1" valió todo el esfuerzo ante un equipo diez veces mejor que el tuyo; caerte, rasparte los codos y las rodillas en el pavimento de la calle frente a tu casa al punto de casi desollarte vivo, porque es preferible barrerme ahorita a tener que pagar la Fanta en bolsita si no ganamos la reta; ya de adulto, ir por primera vez a un estadio a ver un partido de primera división y sentir que todo lo que viste y jugaste hasta ese momento ni siquiera debiste haberlo llamado "futbol"; que hayas tenido que esperar 23 o hasta 52 años para ver otra vez a tu equipo campeón y jamás haber perdido la esperanza ni un segundo en todo ese tiempo; mantenerse fiel a unos colores, a una idea; sentir que el alma se rompe al ver cómo, al más hermoso de los deportes sobre este puntito azul en el espacio, se le achaca injustamente los actos barbáricos, inescrupulosos y dolosos de un montón de tipos que no tienen ni puta idea de lo que es el futbol, y que, desgraciadamente, lo han usado como vehículo de disidencia en una sociedad cuyo orden está roto desde hace mucho, y queda claro que no es culpa del futbol, sino de otros factores, entre los cuales la apología de la violencia, la confrontación de ideas y la defensa de los ideales pasa por todos lados, menos por el de la civilidad, la vibra que un juego tan hermoso, tan lindo, como es el futbol.

Ante los hechos suscitados en Querétaro el pasado 5 de marzo de 2021, no queda otra cosa más que orientar a quien culpa al propio deporte de tal desgracia. Diego Maradona, luz y sombra de este juego, al finalizar su partido de retiro, hace ya 21 años, sobre el césped de "La bombonera" reconoció: "(...) el fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo (...), porque se equivoque uno, no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha". Y sí, sepamos extirpar las preconcepciones erróneas de la realidad social que ha usado estos templos de convivencia y armonía, en auténticos campos de la sinrazón.

 Ni México ni el mundo lo merecen.

Parte 2 en proceso... 



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sábado, 22 de enero de 2022

Reto de lectura 2021: (7, 8, 9, 10, 11, 12) deuda saldada.

22 de enero de 2022

Por: El Dulce de Tamarindo*

El año que hace ya casi un mes terminó, dejó detrás muchos proyectos, algunos exitosamente terminados, otros con menos suerte que no pudieron ver la luz en todo su esplendor. Dentro de las cosas que procuré mantener cierto entusiasmo (más por disciplina que por otros asuntos), fue el bendito hábito de lectura trasladado a una crónica reseñada de los libros que se fueron topando con un servidor a lo largo de los últimos 365 días. Cumplí puntualmente la entrega de dichas reseñas los primeros seis meses, pero después, por h o por v, aunque la lectura se acumuló en una extraña mezcla de pavor y goce, pues la hondonada de las responsabilidades no me permitió escribir tan holgadamente como hubiese querido. A modo de revancha, muestro aquí las obras restantes, para quien quiera una referencia de textos que puedan hacer más llevadero este bonito hábito de la lectura.


(7/12) Cartas de amor a los muertos, de Ava Dellaira

Por mero accidente, en realidad sin buscarlo, el libro llegó a mis manos y decidí darle una chance. La historia de una chica a quien se le muere la hermana (cometió sucicidio) y pretende que el paliativo para su dolor sea una serie de cartas dirigidas a diferentes personajes célebres de la música y la farándula de los 90 hacia atrás.

El planteamiento, por puros nombres, hubiera sido sencillamente irresistible para cualquiera de nosotros que creció y vivió en esos maravillosos años llenos de grunge y desesperanza, el problema es que para las nuevas generaciones, incluso Kurt Cobain, Janis Joplin o Jimmy Hendrix son solo nombres exóticos en una nebulosa de referencias a épocas que ya nada tienen que ver con los intereses populares de los adolescentes criados por el Insta y el Tik Tok (incluso el feis se ve rebasado). Aun así, la experiencia que pude compartir especialmente con alumnas, arrojó ciertas vetas de identificación que parecen ser universales en la adolescencia de cualquier década. Si bien los tópicos explorados pueden parecer lugares comunes, el asunto del suicidio a esa edad, las experiencias sentimentales y sexuales, la sensación de desolación alrededor de la protagonista y el porqué de la elección de cada uno de los destinatarios es bastante atinada. Se agradece el hecho de no hacer fan service en prácticamente ninguna parte de la trama, aun cuando el propio planteamiento es casi un comercial en sí mismo.

Recomendable si se anda en modo emo o si ya, en serio, se pretende explorar aunque sea por encimita la psique adolescente sin tener que recurrir a las bufandas y la magia.



(8/12) Carry on, de Rainbow Rowell

No me gustó para nada. De unos años para acá, el que denomino "género de the choosen one" me tiene harto. Estoy hasta las trancas de este discursito de princesas donde el o la protagonista es increíblemente poderoso (o en vísperas de serlo) nada más porque sí, sin contar con que el o la susodicha son increíblemente hermosos, huérfanos y su propósito en la vida no es claro, pero el mundo está a su servicio. Cada quien saque sus conclusiones, la cosa es que no estoy hablando de quien ya se imaginan (bueno, sí), sino de Simon Snow (el nombre, cancherísimo, pa acabarla de chiflar), y su lucha contra el Hudrum, una cosa rara que no terminé de entender, al tiempo que el gran giro de tuerca, es que Baz, el señorito enemigo de Snow, termina siendo además, su inesperadísimo y apasionado amor. Por supuesto, la temática LGTBIQ me es indiferente, en este libro ni suma ni resta, ¿está ahí por moda más que por una necesidad argumental? Quién sabe. En este Harry Potter región 4, no absolutamente nada que sorprenda, se suma al millar y medio de sagas que se harán un nombre popular en las generaciones que van, pero sin aportar nada ni siquiera a la literatura de su pretendida calaña.



(9/12) El extraño caso del Doctor Jeykill y el señor Hyde, de Robert Louis Stevenson

Clasicazo donde los haya, más extraño que el propio caso del Doctor Jeykill era que no lo hubiera leído. No decepcionó para nada, especialmente por lo breve, ya que en esos momentos me encontraba ultra-saturado de trabajo y requería una historia sencilla, pero sólida. Sin ser el Hyde que a veces se exagera en algunas versiones contemporáneas, la idea de la personalidad dividida y el asunto del trastorno bipolar se cuenta ante todo como una aberración a la moralidad. Para quien busque intensidad y exquisitez literaria, tendrá ante sí un básico que al menos yo echo en falta no haber abordado antes.

(10/12) La peste, de Albert Camus

Al principio de esta pandemia, la recomendación parecía obvia. Haber leído La peste antes del 2020, para cualquiera hubiese significado una novela más, sin embargo, el embate de los tiempos coloca esta obra de Camus como indispensable espejo de la realidad. No temo abordar como lugar común el hecho de que esta novela es prácticamente una trascripción imperecedera que no admite desestimaciones. Existe una brillantez en la narración que hace olvidar la naturaleza literaria del mismo, se transforma aterradoramente en una crónica tan actual como precisa, sin contar conque el desarrollo de personajes es buenísimo. Básico, sin duda.


(11/12) Momo, de Michael Ende

Otro clásico que apenas me digné a abordar, pero que venía persiguiéndome desde hacía al menos 16 años, también bajo recomendación de una persona entonces cercana a quien evidentemente ignoré, al considerar (equivocadamente) que no era literatura de altura. Presionado por un programa de lectura al cual atender, me zambullí con muchas reservas ante lo que consideré, todavía en las primeras páginas, un cuento infantil de manual. La sorpresa vino después, al percibir una hermosa habilidad del autor para proyectar imágenes en uno; los ambientes, la situación, los personajes y su encanto, todo encaja en el paquete de la literatura "must read" de cualquier generación y edad. 

Netflix, se te está durmiendo gacho.



(12/12) Aquí asaltan, de Sergio Zurita

A Sergio Zurita y su especial forma de lucidez le debo el haber conservado mi cordura por al menos un par de años. En las desventuras que pasé trabajando y sobreviviendo en un poblado tan horriblemente alejado de la sensación urbana (entendida por un niño de ciudad chiquita) como lo sigue siendo San Quintín, en Baja California.

En un tiempo donde la FM todavía ocupaba un lugar importante en la vida de las personas, el radiofónicamente surgido de La Taquilla, del infumable René Franco, comenzaba a despuntar con brillo propio con su divertidísimo programa Dispara, Margot Dispara, que en los primeros años de emisión a través de la popularísima EXA, al lado del genial Jorge Dorantes y el acaso patiño permamente, Fausto Ponce, brindaron a los adultos jóvenes de ese entonces un espacio auditivo que tomaba como pretexto el ridículo mundo de la farándula mexicana y por sobre todas las cosas, la cultura pop, especialmente la estadounidense. En septiembre de 2020, DMD llegaba a su fin, tras casi diez años de altibajos en su audiencia y varias alineaciones, destacando la incursión de la prechiochíiiisima Claudia Silva y por supuesto, la mancuerna con el polémico Horacio Villalobos.

¿Y esto qué tiene qué ver con el libro? Pues todo. Como dije, el aprecio que le tuve al programa, que me descargaba diariamente (lo que hoy conocemos como podcast no era ni mínimamente popular) para sobrellevar la vida hostil y en soledad, en un lugar que de apego no me produjo nada, fue fundamental para permanecer "conectado" al mundo, al tiempo que, entre broma y broma, los espectadores sentíamos genuinamente cómo ensanchábamos nuestra cultura general, conociendo poco a poco los tejemanejes del teatro y música a nivel mundial.

En el recorrido del tiempo, no es raro tener una respuesta afectiva a tipos como Sergio Zurita, de quien conocimos intimidades, gustos y manías durante el tiempo que la emisión estuvo al aire, y Aquí asaltan, es una especie de spinoff de Dispara... Se disfruta muchísimo por este hermoso fenómeno lector: le damos voz al narrador de lo que leemos, y en este caso, la del buen señor Zurita está presente en cada uno de los cuentos, poemas y anécdotas que integran esta antología. Se solicita instructor de baile, el cuento con el que abre, es una sorpresa, de entrada, pues contrario a lo que esperaríamos del también actor y dramaturgo, presenta una narración exquisita y perfectamente armada, creíble para cualquier margotero de cepa; a partir de la personalidad claramente identificada de Zurita, los tintes de realismo mágico en verdad son disfrutables.

El resto del libro tiene este tipo de tintes, y no es hasta que llegamos a la parte de la poesía que podemos desahogar carcajadas de forma desopilante, tal como en los mejores tiempos junto a la radio, con composiciones líricas poseedoras de títulos como:

  • Viva la hueva.

  • Oda a Beyoncé.

  • Sentida carta a Scarlett Johansson.

  • Quién es José Tomas.

  • Oda a Gal Gadot.

Entre otras por el estilo...

La tradicional presunta solemnidad de la poesía se diluye gratamente en este bloque de estrofas y versos verdaderamente irreverentes. Genialidad total del humor.

La cascada de anécdotas con la que enfila brillantemente hacia el último tercio, hicieron que mi último libro del 2021 haya valido la pena con cada maldito peso invertido.

Si algún pero le pongo, tiene más que ver con mi hartazgo inducido al tema y personajes de Bob Dylan y Bruce Springsteen (corté prácticamente seis años ininterrumpidos de escuchar DMD, debido a que se volvió casi monotemático desde el Nóbel de poesía que le dieron a Dylan en 2016), y es que ambos seguramente se han ganado su lugar en la cultura popular estadounidense, pero personalmente, sus obras me resultan absolutamente intragables, especialmente Springsteen, anodino y sobrevalorado, para mi gusto. Para Sergio, tanto Bob como Bruce, son algo así como Dios y Jesucristo en la Tierra. Cada cual sus gustos.

En fin, para quien no tenga idea del universo alrededor de Sergio Zurita, puede que las valoraciones emocionales en las cuales no escatimé para esta pseudo reseña no signifiquen nada, sin embargo, como su programa, sus puestas en escena y los nombres que han acompañado su andar a lo largo de las últimas dos décadas, todos representan dignamente, hasta con auténtico valor sociocultural, las sensibilidades y formas de pensar de una generación que hoy día se encuentra en su pico de madurez, y que para quienes nos sentimos parte, los referentes de este calibre no abundan. Para el lector ocasional, encontrará una obra ligera, con vísperas a convertirse en un clásico en el transcurso de los próximos años. 



* Los radioescuchas de La Taquilla, años antes de que existiera DMD, solicitaban apodos absurdos, a modo de reconocimiento, por parte de René Franco, Sergio Zurita e Hilda Isa Salas. Alguna vez mandé mi SMS (sic) y al aire me bautizaron así. Una tontería de los 90s.





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jueves, 1 de julio de 2021

Reto de lectura 2021 (6/12): Las torres del olvido, de George Turner

  

Reto de lectura 2021 (6/12): Las torres del olvido, de George Turner

Por: Gustavo Torres G.

Con el gusto de tomar un libro que llegó a mí como un muy bonito regalo en el mes de mayo, esperé hasta que iniciara junio para darle su espacio y disfrutar sin prisas Las torres del olvido, obra cumbre de George Turner, de quien sinceramente no tenía idea hasta que tuve la novela en mis manos.

Las torres del olvido es una novela de ciencia ficción ambientada en una Tierra pre y apocalíptica, contada de forma tan original que me resultó imposible referenciar otro autor que emplease una técnica literaria similar. Se hace evidente la influencia de Huxley en cuanto al tono social en la temática del clasismo (que en esta obra, como en la del inglés, es centralísima, trascendental). He encontrado algunos comentarios donde se mete a Asimov como otra probable inspiración, pero encuentro muy lejana y forzada esa situación, en especial porque el componente tecnológico queda en segundo o hasta tercer plano y la reflexión filosófica trascendental tampoco tiene los alcances de la bestia literaria que innegablemente fue y sigue siendo el ruso-estadounidense, sin embargo, los méritos en Las torres... van por otro lado, aquí mi análisis y crítica al respecto.


La trampa de las distopías

Para quienes nos gusta escribir ficción, la tentación de ambientar historias en tiempos no pretéritos, sino todo lo contrario, es constante, sobre todo porque en apariencia, a nadie le consta que lo que uno pretende contar no pasará, basta tener dos dedos de frente para darse cuenta que la situación no apunta a algo lo suficientemente favorable como para esperar una sociedad distinta a lo distópico: todo se va a ir al garete, pues. El mérito de quien cree su mundo en futuros postapocalípticos pasa más bien por el respeto fundamental a las reglas aristotélicas de la creación literaria, esas que dictan cierta lógica y congruencia con las referencias desde la realidad que va desarrollándose en nuestro presente, y me parece que George Turner lo hace casi impecablemente, en Las torres del olvido, su construcción de la realidad social es absolutamente creíble, tanto que, de hecho,  parecería una profecía que desde ya se ha estado cumpliendo, es inevitable para todos nosotros negar que el asunto de la sobrepoblación del mundo, el cambio climático y la caída del capitalismo nos va a llevar a un lugar del cual nuestros hijos y nietos seguramente no tendrán escapatoria. En definitiva, Turner levanta la mano sobre los otros autores mencionados para destacarse de ellos en cuanto a eso, es un visionario con el conocimiento suficiente como para presentar un entorno que dista (no en demasía) de lo que vivimos hoy, pero tiene el cuidado de no convertirse en una fantasía sin sentido y con exceso de efectos especiales. 

La idea huxleana (si se vale el término) de la división de clases (en este caso los infra vs los supra) cumple con su cometido de hacernos ver como ridículo el asunto de la segregación entre seres humanos, no solo porque la idea per sé es vomitiva, sino porque dentro de la literariedad que se puede permitir cada escritor, al menos Huxley justificaba su estratificación ficticia desde lo genético, lo biológico; Turner no tiene empacho en mostrar que la segmentación de la humanidad por mero poder adquisitivo es todavía más pueril y deleznable, es poco menos que estúpido y aun así lo aceptamos hoy, en fin...


La técnica narrativa

A diferencia de prácticamente todo lo que he leído, esta novela cambia de narrador protagonista como quien cambia de ropa cada mañana. No hay nunca un omnisciente que vaya llevando el hilo de la trama, que resulta también muy confusa desde el inicio, pues incluso la temporalidad de los hechos para el lector cambia casi tan constantemente como los "ángulos de cámara" con los cuales podemos ver el panorama de la historia. Si bien la trama es una sola, se tiene la posibilidad de, en ocasiones, volver a visitar ciertos lugares o situaciones hasta dos o tres veces, pero con la perspectiva de personajes distintos... y es maravilloso. Salvo dos o tres capítulos donde me pareció innecesario hacer ese cambio de mano dado que no se aportaba nada a la narrativa, el resto de las ocasiones, una vez acostumbrado a esos saltos de cuerpo, la verdad es que contribuía a hacer llevadera la lectura, no por aburrida, sino por la cantidad de formas de entender una misma cosa. Riesgoso por parte del autor, pero lo logró. 


Personas, personajes y diatribas personales

Salvo uno o dos casos, los personajes acá están perfectamente trabajados. Uno pensaría que el pedante de Francis (un niño altanero, prepotente, subido) hubiese sido el antihéroe de la novela, o acaso una suerte de hombre redimido hacia el final de la historia, pero no, Turner no se anduvo con cursilerías y dictó sentencia justa a cada uno de sus actores conforme a lo que la lógica apuntaba desde el inicio. No hay un momento climático al uso, no es "El vengador del futuro" ni nada parecido. El precio que paga cada elemento por pensar, sentir y vivir según sus formas, es justo; no se si hubo final feliz, pero tampoco puedo hablar de complacencias innecesarias. La vida es así. La intención clara de hacer de Billy Kovacs un personaje entrañable queda a deber, lo mismo que con Teddy Conway, a quien le podría atribuir la frase más importante de todo el libro, un "vámonos, papá" que tendría que haber sido demoledor y no lo logra, tal vez el único pecado grave como escritor de parte de George T.

Lo gris del ambiente termina en algún punto por contagiar de indiferencia las reacciones emocionales de personajes que no logran crecer nunca y que más bien se adaptan a los desvaríos de las dificultades que se presentan, incluso un "te amo" se vuelve una consecuencia de lo que pasa, más que haber sido una expresión producto de una emoción o decisión consciente.

La sentencia final

Las torres del olvido es un libro esencial para cualquiera que se diga amante de la ciencia ficción apocalíptica, brinda un escenario sociopolítico sobrecogedor por cuanto es parecido a nuestro mundo hoy, incluyendo una situación de pandemia (asombroso, tomando en cuenta que se escribió en 1989, si no mal recuerdo). Como he mencionado, la narrativa y la precisión en cuando al manejo de la situación social y económica son las grandes fortalezas de este texto, pero penosamente debo decir que el "no mojarse" o arriesgarse de Turner en cuanto a la configuración del futuro en términos tecnológicos puede considerarse un tache, y serio. Las referencias a los hoverbuses o hovertaxis (en clara referencia a los hoverboards de Volver al futuro) los entendí como un tímido y mediocre intento de plantar elementos ambientales que conformasen nuestra presencia ante un futuro con logros técnicos tales que resulte innegable nuestro viaje en el tiempo literario, pero la verdad es que no se da. Se siguen mencionando grabaciones en cinta, computadoras enormes o comunicación alámbrica, en este sentido, cualquiera diría que hubiera sido imposible prever la existencia de la tecnología del 2050, pero hay tendencias, y es ahí cuando Moore, Asimov, Jodorowsky, Brunner, y tantos otros le dan la vuelta mil veces, eran verdaderos visionarios en ese sentido.

Podría sonar a broma, pero la precariedad con la cual se cuenta la forma de vida de los personajes en ese punto de Australia (Newport) en el año 2050 es mucho menos peor que lo que se encuentra uno a la vuelta de la esquina en cualquier país de América Latina y seguramente el sur de Asia. Al autor le falta barrio, pues. Desde su burbuja y escritorio del primer mundo le faltó conocer realidades que han estado en este bonito planeta desde hace décadas, la trama se pudo haber desarrollado en Singapur o algún barrio bravo de Tijuana o favela en Brasilia y no habría diferencia.

Como historia, como objeto de análisis literario, es un must have, un 10/10. Con respecto a los últimos aspectos mencionados, la verdad es que habría que ser demasiado exigente como para permitir que eso echara a perder la lectura de un libro por demás interesante y que cumple con su cometido de ser una llamada de atención para los años que vienen. El futuro va a ser muy, muy feo.




domingo, 6 de junio de 2021

“Qué guapa es la Lupita Jones”, o de cómo la decepción electoral se sigue alimentando.

 Qué guapa es la Lupita Jones”, o de cómo la decepción electoral se sigue alimentando.

Por: Gustavo Torres G.

Qué guapa es la Lupita Jones”, escuché detrás de mí mientras hacía fila para votar este nublado 6 de junio de 2021. Dos adorables señoras de edad conversaban previo a ejercer legítimamente su derecho a elegir. Tuve que sofocar una carcajada desde el fondo de mi corazón y reprimirla, igual que un extraño sentimiento al que no supe identificar: transitaba entre la desesperanza, la excitación por la anagnórisis emanada de la conversación a mis espaldas (me parece que se entiende cómo una frase tan sencilla puede ser reflejo de tantas cosas) y seguramente la confirmación de que a este paso, no podemos llegar a ningún lado si seguimos creyendo que la solución está en la política partidista y los momentos electorales.

Hacía tiempo que quería escribir al respecto de la época de comicios, pero preferí esperarme un poco hasta no tener ya cierta noción de los resultados y darle algo de crédito a una sociedad que de entrada, comenzaba a perderme una vez más, como cada tanto que se convoca a las urnas, y es que para quien tenga dos dedos de frente, asimilar la cultura electoral de cada uno de los miembros que la integran (básicamente, toda la población adulta del país), es cuando menos, un espectáculo dantesco. No se puede creer el circo mediático en el que se ha convertido el asunto desde hace ya varios años, el ansia de poder ha volcado a quienes pretenden tomarle un cacho, explotar con descaro las más sucias triquiñuelas sociales; cosas que desde lo teórico apuntarían a ejemplificar supuestos en mundos de caramelo, lógicas de convivencia que sólo Platón en su primigenia e inocente forma de ver las cosas pasarían, pero que la más directa y desalmada idea del buen Maquiavelo confirmarían con una sonrisa de oreja a oreja y ambas manos a la cintura. El ansia de poder es cabrona.

Recientemente, en la grabación del podcast en el cual tengo el gusto de acompañar a mis estudiantes de bachillerato (El Cuartito, se encuentra en Spotify e Ivoox, perdón por el comercial), los chicos cuestionaban al queridísimo y respetable sociólogo Jesús Vera Pons sobre su opinión personal acerca de los políticos, la respuesta que dio me pasmó un momento, dada la contundente sinceridad, pues apenas unos minutos antes, justamente charlando acerca de la corrección política, el también teólogo disertaba en un tono de tranquilidad y conciliación tal, que resultó gran vuelta de tuerca la cita que en su momento me sirvió de estafeta: “los políticos son unos mentirosos (…) se aprovechan de su posición para engañar”. Así, directo. Vi espacio y rematé: “además de mentirosos, payasos, literalmente”. Y miren que el uso de palabras como “literalmente” no son propias de mi vocabulario, pero en esta ocasión, a mi pesar, se empleó tal cual ameritaba. ¿Conocen la “oferta electoral” en el resto del país? Aquí algunos penosos ejemplos:

Carlos Villagrán, el famoso “Kiko” de la infame Vecindad del Chavo, osó postularse para luego renunciar a su candidatura para el cargo de gobernador en el estado de Querétaro. Menos mal que le hicieron el feo. Como dirían algunas personas que respeto mucho, puede o no importar la preparación académica o experiencia política, pero también hay límites; en Estados Unidos ya tuvieron a Reagan como un insólito caso de actores dentro del cargo más importante del mundo, con resultados más bien cuestionables desde lo social (nadie niega sus logros en el desarrollo económico e industrial en su gestión), pero los tiempos eran otros, su acérrima convicción en contra del fulgurante comunismo al otro lado del mundo y pisando los talones norteamericanos en lo geográfico y político, facilitaron su ascenso al poder, en una suerte de cara amable contra el cáncer que intentaban erradicar, había un convencimiento desde lo ideológico y eso lo aprovechó perfectamente la maquinaria capitalista del entonces Gran Tío Sam. ¿Cuáles serán las convicciones políticas del señor Villagrán? ¿Librarnos de la chusma?



Alfredo Adame, probablemente la cara más asquerosa de la política fincada en imagen pública, pues aunque no me consta de primera mano, basta con googlear su nombre y tanto en forma de artículos escritos, como en material audiovisual en prácticamente todas las plataformas de intercambio social, el señor se ha construido la reputación de majadero, vulgar y tranza. Acusado de varios cargos, entre ellos, malversación de fondos de campaña, este tipo se la ha pasado maldiciendo y vituperando en contra del nombre que le pongan enfrente. Bastó con su candidatura a la alcaldía de Tlalpan para demostrar con toda tranquilidad que Redes Sociales Progresistas es la mejor agencia de representantes de México, teniendo además, al menos ocho candidaturas en diferentes puestos y localidades en el resto del país, todas y cada una de ellas con perfiles igual o más penosos, una verdadera mentada de madre, pues. Al momento de escribir este artículo, se daba a conocer el resultado de la casilla donde el susodicho emitió su voto y el resultado a su favor (más bien del nuestro) era de 1. Te amo, gente de Tlalpan que no conozco.



Tinieblas Jr., Mariana “La Barbie” Juárez, Blue Demon Jr., Adolfo “El Bofo Bautista”, y un puño más… en el afán de tener rostros conocidos, el RSP y el Partido Encuentro Solidario reclutaron a ex deportistas (que yo sepa, la señorita Juárez sigue en activo) para intentar ganar diputaciones y alcaldías. Ok, puede que esté juzgando mal y estas respetables personas en verdad saben lo que están haciendo y además con visión para mejorar los lugares a partir de su posible futuro puesto, pero ¿era necesario lanzarse en campaña con todo y máscara? ¿No es ilegal? ¿No les da vergüenza? ¿Y si no son ellos? ¿Van a mejorar al país a punta de chingadazos, o cómo? Lo dejo a su interpretación, yo ya no puedo más.



Rocío Pino: el pináculo de la desvergüenza y el cinismo partidista. Con una vulgaridad sin límites, la señora que ha hecho parte de su negocio en Onlyfans (plataforma de contenido explícito) ha lanzado su campaña bajo el lema “Chichis para todas”, en un intento estúpido de ganar notoriedad a partir de consignas pseudorrompedoras y de dudosa carga feminista (que alguna me explique si me estoy equivocando), si esto no fuera poco, la publicidad utilizada incluye su imagen completamente sin ropa y teniendo como principal protagonista su propio cuerpo en estado de embarazo, seguramente queriendo abaratar el significado de la palabra “empoderar” en el contexto de las embarazadas. La prensa internacional ha hecho sorna de la situación y a mí, la verdad me da pena. ¿Soy un persignado? Afortunadamente, no.


La lista de personajes sigue y sigue, con más deportistas, encueratrices, ninis famosos en el mundillo del espectáculo, youtubers, cantantes, etc. No únicamente el RSP o PES han lanzado contendientes de dudosa índole, en lo que respecta a mi estado, Baja California, tampoco es que se esté cocinando a lo gourmet, y es entonces cuando paso de la risa al honesto nervio y desesperanza, porque como conté al inicio de este texto, en verdad la inocencia de mucha gente raya casi en lo increíble, estas señoras, cuidando su sana distancia a metro y medio de mi espalda, continuaron la plática sabrosa en relación al orgullo que les causaba que Lupita Jones, mexicalense, aun hermosa y de lozanía en categoría internacional, estuviera de candidata. No me escandaliza el mero hecho de la posibilidad de elegirla, está claro que ha tenido experiencias en el mundo, que su experiencia empresarial de alguna manera haya respaldado esta aventura en pos de ser la primera mujer gobernadora del estado, lo que me saca de quicio son las razones por la cuales votamos: tal como sucedió con la gallardía y guapura de Enrique Peña Nieto, la posiblemente injusta descalificación de la Jones estaría más bien precedida por el lugar que su propia gente la habría otorgado, y que no es otro que el de “la eterna Miss Universo”. ¿Cuáles eran sus propuestas, plan de acción, ideas, objetivos, alianzas, su diagnóstico de la situación en la región? ¿En verdad conoce las necesidades de la gente de a pie? ¿De quién es títere? ¿Tan desesperados estaban los dinosaurios que acabaron por inventarse Va por México? ¿Ya no tiene dignidad el PRD? ¿Y la izquierda, apá? ¿PRI y PAN en alianza? ¿Cómo se iban a repartir el tajo? ¿Tanto les cuesta dejarlo?





De Hank Rhon, ni me molestaré en dar detalles, simplemente culpar a quiénes le apoyan por el hecho de no tener memoria. No diré nada más, cada cual haga remembranza o investigue sin sesgos.

De Morena, la decepción venía ya de cajón, con la de cosas que se han pasado a conveniencia por el arco del triunfo, la dudosísima calidad moral y ética de muchos de los aspirantes al poder no sólo en la región, sino en el resto del país, nunca mejor citado el inmortal Dewey (no el sociólogo, gente, sino el hermano de Malcolm): “no esperaba nada de ustedes y aún así lograron decepcionarme”. Y el problema es que se han creído todo aquello de ser la última coca del desierto. Si bien son un gran factor de cambio en potencia, el miedo reside en el uso que hagan del momento político del que disfrutan y disfrutarán al menos hasta que López Obrador termine su gestión, pues vaticino (apunten esto) el regreso inevitable y lamentable de la vieja guardia para el próximo sexenio.

En fin, cuando se hablaba del circo de la política, jamás se esperaba que fuese literal, ¿Vaya poder del lenguaje, no? Hablar de panistas, priistas, morenistas, perredistas y lo que les siga, ya no es indicio de gente convencida, sino de hábitos arcaicos que siguen viendo en los partidos esperanzas infundadas, emanaciones y oportunidades para generar identidad, como si de ridículos equipos de futbol se tratase; pertenecer a un partido político, entiendo, se justificaría solo porque se es parte de su mesa operativa, pero apostar la fe , ahogar el raciocinio en virtud de “sus colores” es una pena de muerte para la democracia. A algunos mayores les parecerá tema menor, pero hay generaciones que terminarán pagando muy, muy pronto, los réditos reclamados a lo largo de décadas por la intransigencia de una sociedad que permitió hacer de la política un cabaret nihilista.


Fuentes

Ramírez, S. (2021), Elecciones 2021 México: artistas, luchadores, exfutbolistas y cantantes van como candidatos (razon.com.mx)

Agencia EFE (2021), Rocío Pino, la candidata mexicana a diputada que promete implantes de senos gratis - El Comercio

Ordaz, P. (2011), Detienen en México a un exalcalde de Tijuana con un arsenal | Internacional | EL PAÍS (elpais.com)

lunes, 31 de mayo de 2021

Reto de lectura 2021 (5/12): Décimas a Dios, de Guadalupe Amor

 

Reto de lectura 2021 (5/12): Décimas a Dios, de Guadalupe Amor

Por: Gustavo Torres G.

"Me parecen ingenuos aquellos que, creyendo sólo en la materia, piensan que tienen en su poder los secretos del universo (...) y cobardes me parecen esos otros (...) que por temor de saber algo nuevo e incómodo, heredan un Dios, usan y abusan de él, y así creen que resuelven sus conflictos con la vida y con la muerte" (Amor, 1953).

El calendario literario marcó poesía para el mes de mayo, la elección fue complicada. Entre los montones de opciones por tomar, recordé a una vieja vieja, viejísima, desprestigiada por las élites y convertida en la comidilla de la farándula y política mexicana a lo largo del tiempo: Pita Amor.

Autodenominada la undécima musa, una especie de lujo inmerecido para nuestro país, Guadalupe Amor fue una mujer que se codeó con la auténtica crema y nata de su época, tanto de México, como del extranjero; se le sabe, por ejemplo, vínculos con Picasso, Dalí, Rulfo, Khalo, y un inmenso etcétera que explican con lujo de razón su posterior postura de diva. Su parentesco con la inmamable Elena Poniatowska (lo siento, no soporto a esa señora) le validaba todavía más para decirse y sentirse de la alcurnia (muy en el sentido porfirista de la expresión) que se fue diluyendo con el inevitable paso del tiempo. Aun así, parte de su obra quedó realmente para la posteridad, aunque tal vez no con el nivel de reconocimiento que siempre reclamó (se le considera en el mundillo literario, una especie de poetisa de bajo nivel) y pocas veces obtuvo.

La compilación de poemas que elegí ha sido Décimas a Dios, un librito que se alcanza a terminar en media hora, pero que definitivamente deja huella para la eternidad, ya sea por lo increíblemente ligera que resulta la lectura, sin metáforas, sin figuras retóricas demasiado rebuscadas, o por el contrario, lo pesado que seguramente fue en su época, a mediados del siglo pasado, pues ella no escatima en dudar de Dios, sobre todo reconociendo su ausencia como principal evidencia de su existencia, pero ante todo, por su incapacidad reconocida de ser humana, un ente de carne y hueso incapaz de dimensionar lo que Él o Eso significa para su propia vida.



Como de costumbre, Pita Amor hace gala de su musicalidad en décimas perfectamente ajustadas a la métrica más tradicional, contrastando con lo contestatario que resulta su discurso de reclamo, a veces lleno de odio, a veces de amor, pero nunca falto de pasión, generando interesantes pretextos para transformarse ella misma en su propio anatema. La maestría de su sencillez reluce como pocas veces en el resto de su obra.



Con incisiva sinceridad, los reclamos al Todopoderoso no cesan ni una estrofa a lo largo de todo el libro, y con lógica aplastante, convierte las rimas consonantes en su mejor arma contra la legítima duda acerca de la validez de la existencia y creencia de Dios.



Décimas a Dios es transgresor, es rápido, contundente y un verdadero caramelo para quienes se van iniciando en la lírica, el más puro y potente de los géneros literarios, es casi como un carnaval hermoso de palabras.

 De Pita, se hicieron innumerables parodias, sobre todo en la triste, tristísima etapa final de su vida, si no mal recuerdo, a inicios de los dosmiles, cuando prácticamente nada del glamour y el lujo de antaño quedaba en aquella señora decrépita, loca y que terminó viviendo en su mansión abandonada, cayéndose a pedazos y con ella caminando entre sus propias heces; una muerte acaso injustamente antipoética para quien llegara a reconocerse (al menos desde mi punto de vista) como la primera, única y auténtica feminista desde el arte contemporáneo, sí, como cuarenta escalones debajo de una auténtica deidad como Juana de Asbaje, pero lo suficientemente lúcida como para componer su implacable Letanía de mis defectos, que arrojaba inclemente:

Soy histérica, loca, desquiciada;
pero a la eternidad ya sentenciada.

Grande, Pita Amor. Grande para siempre.



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lunes, 3 de mayo de 2021

Reto de lectura 2021 (4/12): El chico sobre la caja de madera, de Leon Leyson

Reto de lectura 2021 (4/12): El chico sobre la caja de madera, de Leon Leyson

Por: Gustavo Torres G.

Con el reto de leer en abril algo basado en una historia real, prácticamente pesqué una de las sugerencias hechas para el club de lectura en la escuela donde trabajo, y utilizo ese verbo porque realmente no es un género al que sea muy afecto, en muchos sentidos disfruto mucho más la consulta directa en la bibliografía especializada que en la novelización del hecho que me digan. No menosprecio la narrativa histórica es pos de una intención literaria, de hecho, creo que el valor de estas es tremendo cuando viene de alguien que estuvo en el tiempo y lugar en cuestión, tal como sucede con este relato autobiográfico del que hablaré brevemente.

¿Merece una reseña más amplia? No lo sé, igual sí, habrá quienes estén todavía dentro del natural hype que despierta el conocimiento y descubrimiento de los sucesos tras cada una de las guerras mundiales, en especial la segunda, resulta terrible y trágicamente fascinante, pero en mi caso, ese asombro ha pasado a ser desde hace ya rato una especie de asco por datos que en verdad ya no resulta agradable repasar. Como docente me ha tocado ver el tema una y otra vez en diferentes niveles, siempre por necesidad de los contenidos que deben abordarse, y por absoluta curiosidad, años atrás me ví absorto en las bibliotecas locales escarbando en el material disponible tanto en texto como en audio y video, con tal de conocer a fondo tan lamentable episodio. 

A quienes hayan visto La Lista de Schindler, de Steven Spielberg, El chico sobre la caja de madera les dará un apéndice exquisito (históricamente hablando) dentro de la vida de uno de los sobrevivientes cuya vida posterior a la guerra se debe absolutamente a los actos absolutamente heroicos del ya mencionado Óskar Schindler; Leon Leyson cuenta con detalle cómo fue la llegada del ejército nazi a Polonia, por allá de 1938, destruyendo la vida tal cual se conocía de la totalidad de sus habitantes, y por supuesto, de su familia. No porque ya se conozcan las circunstancias de los campos de concentración y las condiciones en a las que era sometido el pueblo judío deja de ser un relato fascinante, tristemente fascinante; resulta sofocante volver a presenciar, a través de las palabras, las aberraciones y abusos de los uniformados alemanes tras el discurso antisemita con el cual operaban política e ideológicamente.

La muerte  de Tsalig, uno de los hermanos de Leon, me quebró absolutamente, era justo el tipo de cosas que sabía me iba a encontrar en la lectura y debo decir que para efectos meramente literarios, fue lo mejor que encontré en el libro: breve, elegante, conmovedor, desgarrador. Resana, restaura el alma en cierta medida el final de la historia, que sirve de epílogo para quienes, de nuevo, tengan fresca la referencia la película de Spielberg. No sucede nada extraordinario, pero no deja de ser interesante saber qué fue de los miles de refugiados en Estados Unidos el el periodo de posguerra, aunque rescato la contundente forma en que Leyson dictamina sin recato que la Norteamérica que el idealizaba no es en realidad tan distinta de lo que sucedió en Europa años detrás, esto en referencia a cómo presencia actos de racismo durante los años subsecuentes...

Valoración final: el autor no es un genio literario, queda claro, el manejo del lenguaje es ajustado, con apenas media cucharada de literariedad, y eso sí, mucha literalidad, tal cual el fin histórico que persigue hace fiel su discurso. Conmueven los hechos, no las palabras, si es eso lo que se busca, hay varios autores que le dan la vuelta varias veces, sin embargo, como ya he dicho, abrir una veta más hacia ese pasado que ya no debe repetirse bajo ninguna circunstancia, tiene su mérito, y el respeto es absoluto cuando se sabe que el autor deja parte de su alma en un relato por cuando menos interesante, se va como agua si se tiene referencias mínimas en lo histórico y por supuesto, un poco de corazón para soportar los horrores de la guerra desde adentro.





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sábado, 3 de abril de 2021

Reto de lectura 2021 (3/12): Los perros duros no bailan, de Arturo Pérez-Reverte

 

Reto de lectura 2021 (3/12): Los perros duros no bailan, de Arturo Pérez-Reverte

Por: Gustavo Torres G.

Hay dos o tres libros en mi colección que no he terminado por falta de valor. Esto que reconozco como apego bibliófilo me pega muy duro cuando se trata de obras que he llegado a estimar tanto, que finalizar su lectura representa una especie de despedida, tal que un tanatólogo podría fácilmente atenderme so pretexto de semejante ridiculez. 

Cuando me recomendaron Los perros duros no bailan y supe que lo del nombre no era una metáfora, entendí que el verdadero reto de la lectura estribaría en cómo vencer este miedo atávico de confrontar una historia que intuía, como mínimo, terminaría por despedazarme emocionalmente, y sí, lo hizo. 

Intentaré explicar por qué sin dar demasiados detalles de una historia que se siente brevísima (es una novela corta, de por sí), pero que no requiere demasiado para permear en el alma de cualquier lector, aunque eso de los perros tal vez le parezca ajeno.


Amor-odio, mi relación como lector de Perez-Reverte

Hasta antes de esta novela, me había topado ya con tres más de este autor español, y el marcador, era, digamos, disparejo y complejo: la primera vez que lo leí, tiré el libro (cuyo nombre apenas recuerdo), y presumo de tal acto cuando digo que la culpa de no terminar a veces es del autor y no de uno. Con La Tabla de Flandes, ocurrió todo lo contrario, al punto que es uno de esos que también presumo haber terminado en una sola noche (adictivo como pocos, no dejó caer párpados hasta que lo terminé, una madrugada del ya lejano 2005). En el paso del tiempo, apenas iniciado con La Reina del Sur, tome la decisión de no perder mi tiempo con lo que entonces consideré una apología del narco, sumado al manejo ridículo de la jerga que me topé en las primeras páginas (eso lo sostengo hasta el día de hoy). Tenía elementos para declinar la recomendación, pero decidí seguir adelante, y no me arrepiento. El marcador se ha empatado a favor del buen Arturo (se salvó el condenadote).


El gusto de ponerse en la piel de un firulais

En serio, debería considerarse hacer una versión en live action de este libro, algo así como La Dama y el Vagabundo en el Mundo Real, o Lassie y sus aventuras en un tugurio. Lo fácil para cualquiera con la idea de contar una historia sobre perros sería irse a los lugares comunes y simplemente “mostrar a cámara” lo que vemos los humanos, pero no es así, Pérez-Reverte saca la casta para contar con auténtica maestría, absoluto oficio, una historia trepidante, divertida, desopilante por momentos e increíblemente empática con el posible real sentir de estos animalitos que han tenido la mala fortuna de compartir el mundo con nosotros. Todo todo todo todo el entusiasmo que es capaz de contagiar un perro simplemente con existir, se traslada impecablemente a través de diálogos que empatan absolutamente con la personalidad de cada una de las razas que van acompañando al protagonista a lo largo de toda su odisea, tal que de pronto un pequeño y alargado perraco de caza atrapado en la comodidad de su casa de pronto no tiene más remedio que presumir de cosas como “A mi hermano Poncho lo mató un jabalí”; yo morí de la risa y la ternura.


Así como vomité los tristísimos intentos de calcar las formas de habla mexicana y latinoamericana en otras obras del autor, acá la cosa no se salva, con la diferencia puntual de que acá, siendo perros, diálogos de la barista argentina, por ejemplo, suenan más bien chistosos, lo mismo con la pronunciación francesa de un gladiador francés que aparece más o menos a la mitad de la obra y la representante mexicana (una xoloescuintle tenía que ser), a quien no le pude ubicar origen, dado su forzadísimo vocabulario chilango/tijuanense/regio. De pena ajena.


La moral perruna

De no ser porque las cosas se van poniendo cada vez más serias, uno juraría que lo que se lee bien podría pasar como la transcripción sin censura de la nueva película de Dreamworks, pero no es así, de hecho, es mucho más que eso; el goce de identificar los instintos caninos como algo que supera la moral humana más santiguada, la ética endeble de la mayoría de quienes intentamos ser parte de un grupo social, desfoga por completo la forma de entender el por qué hemos fracasado como especie en términos de privilegiar “lo correcto”. Para Negro, el protagonista, no hay nada más poderoso que la lealtad, incluso si eso implica reprimir su propia moral, siendo este rasgo tan característico de todos los perros que aquello de “mejor amigo del hombre” se queda sinceramente corto. Los perros son animales divinos, un ser supremo debería ser el que tenga cuatro patas y se de dos vueltas sobre su tapete antes de echarse a dormir.


Negro encarna todo lo bueno que puede ser un perro, o debería decir, todo lo que es un perro, lo malo que se les pueda achacar no es más que reflejo de lo que se le ha enseñado, y aun cuando vaya en contra de su propia vida, un perro jamás defraudará a su dueño. Todo esto se va contando poco a poco, de maneras mucho más sutiles de lo que puedo expresar aquí. Llegó un punto en el que sinceramente no podía dejar de llorar al darme cuenta que en realidad dentro del cast perruno, no había un solo antagonista. La búsqueda que hace Negro por su amigo Teo y Boris, el guapo, es lo más épico que he leído jamás.

Pérez-Reverte en verdad ha hecho gala de su habilidad como contador de historias, en esta ocasión con un vigor que logra cortar la respiración y cimbrar el alma una y otra y otra vez con pasajes cargados de emotividad y simbolismo. Si estás por leerlo, no olvides mi advertencia cuando haga su aparición Cuco y el bodeguero… madre santa. Me hizo polvo. No diré más, porque de nuevo, se me estremece el alma.


Por qué no merecemos a los perros (y Dios lo sabe)

Recientemente he tenido la experiencia de recibirle y atender las crías a mi perrita, lo cual sucedió en paralelo casi, con la lectura descrita anteriormente. La sensibilidad respecto a la fragilidad de nuestras mascotas se potenció, sin duda, con lo que estuve leyendo, pero sigue conmoviéndome de siempre la visión que tienen ellos de nosotros, proyectados en su mente como dioses que todo lo pueden y además todo les es permitido, y aún así, nos aman. Fundamental para cualquiera aventurarse con este libraco que se consume en dos días o menos, una lastima que ciertas situaciones y el lenguaje no sean aptas para menores de edad, pero fuera de eso, es una fábula potente, desgarradora y hasta cruel, pero no tanto como para no dejarse enamorar en este entresijo de pelos y patitas acolchonadas.




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