martes, 10 de octubre de 2023

Versos libres III

 III

Explora

sal a la selva sin miedo

espera paciente a la presa

permuta en la belleza salvaje de tu espíritu

Flaquea si te place

es el hambre tu religión

tus rezos, devoción y plegarias

toma mi sangre

invoca lo prohibido

reta a lo divino

álzate

reclama

mi vida.


GTG


Versos libres III © 2023 by Gustavo Torres Gómez is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

Versos libres II

 II

Con un dedo te señalo

intento ocultar lo obvio

un índice tapando el sol

y el resto, en la distancia

jugando a tocar tu rostro.

GTG


Versos libres II © 2023 by Gustavo Torres Gómez is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

Versos libres I

 I

No es un mar de dudas el que nos separa

hay un camino de certezas que se ha construido

como un infinito puente que no llega a ninguna parte

hasta que agotados de tanto remar

no es descanso el que suplican mis brazos

sino la recompensa eterna de tu amor en ellos.

GTG


Versos libres I © 2023 by Gustavo Torres Gómez is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

domingo, 5 de febrero de 2023

El último de nosotros: opiniones con espóliers sobre la última joya de HBO

 Por: Gustavo T. G.

Hace unas semanas se estrenó una de las series más anticipadas (en muchos sentidos) por millones de televidentes en todo el mundo: The Last of Us. 

La espera de este programa se debió sobre todo al factor de escepticismo que videojugadores de cepa o medianamente con experiencia se habían reservado desde que se anunció y confirmó la cesión de la licencia por parte de Naughty Dog, el legendario estudio que ha desarrollado para consolas de Sony desde mediados de los 90, y que en esta ocasión, su gema tardía para la también mítica PlayStation 3 sirvió de inspiración para sendo producto televisivo dado el potencial de su argumento.

Primeras impresiones

No exagero cuando digo haber quedado flechado desde los primeros treinta segundos en el primer capítulo. Realmente estaba muy consciente de las altas expectativas alimentadas durante días desde el estreno de la serie; en consecuencia, preparado para la decepción, a presenciar lo peor, la introducción ambientada exquisitamente en un estudio vintage de los 60, protagonizada brillantemente por John Hannah, fue inmediatamente la señal de que todo iba a estar bien.

Para quienes tuvimos el placer de completar el juego, el mecanismo automático de comparación casi cuadro por cuadro, resultó sumamente interesante y hasta satisfactorio. No fue el hecho de que se respetara con increíble buen gusto la parte troncal de la trama (por lo menos los primeros tres episodios), sino que se haya entendido el sentido de la fuente y que los minúsculos cambios que se hicieron fueron tanto por necesidad, como por elección, en el entendido de que no afectarían absolutamente nada de la esencia de la historia.

El lore de la serie y los primeros tres capítulos

Todo suma. Como viejos lobos de mar, los de HBO no se sintieron incómodos con una superproducción como esta, y arriesgaron lo justo para redondear un universo bastante sencillo de entender dentro de su lógica de narración, espero que eso no cambie con el pasar de tiempo. La inclusión en el primer capítulo de las actividades de la hija de Joel, el protagonista, no es algo que haya pasado en su contraparte virtual, pero aquí se siente natural, fluido, sirve incluso para soltar ciertos guiños justo de cómo las esporas del hongo cordyceps habían entrado en acción desde el primer segundo.

El ritmo de narración pudo haber seguido tal cual se experimentó en consolas, pero eligieron un formato de "cold opening" que le ha sentado de maravilla, es decir: dar los primeros minutos de cada episodio para tocar un tema relacionado con lo que pasará en el resto de la hora, sirviendo en este caso, por ejemplo, para explicar el origen de los contagios y la forma en como en algún lugar de Singapur, una variante del hongo ya mencionado mutó para sobrevivir al cambio climático. Cabe mencionar, para quien no lo sepa, que esta especie fungi existe en el mundo real, aunque afortunadamente solo afecta a agunas especies de insectos y es su ciclo de vida macabramente espectacular.

Por unanimidad, el tercero ha sido el favorito de todos, merecidamente. Las acusaciones por el contenido evidentemente LGBT me parecen estúpidas cuando menos y no dedicaré más palabras al respecto, no quiero ni pensar lo que se dirá cuando la serie llegue a mostrar lo de Ellie siendo adulta. Es un capítulo casi perfecto con una historia de amor hermosa y literariamente bien trabajado, la narrativa es impecable, además de ser una declaración de intenciones bien firmada respecto al tiempo que se tomará la serie para contar las cosas, así sin prisas, con cadencia y mucho cuidado. La toma final de la ventana abierta con esa cortina fue un guiño precioso para los gamers de hueso colorado, no solo fue poético, sino que también se inició así en el primer episodio, lo que al parecer lo hará una especie de leif motiv toda la temporada.

Su lugar en el podio

Nada qué reprocharle a esta serie con lo visto hasta ahora, tiene sus cinco estrellas bien ganadas, sin embargo, desde mi punto de vista, el trono absoluto de series apocalípticas lo tendrá un rato más The Walking Dead, a pesar de su penoso declive en las últimas tres o cuatro temporadas, pues cabe recordar que las primeras cuatro al menos, fueron oro puro. TWD sentó camino para este género que en la televisión tradicional sonaba cuando menos arriesgado y definitivamente, por muy bueno que sea TLOU, cara a cara, el primer capítulo con Rick Grimes despertándose en medio de la desolación me sigue pareciendo arte en estado puro, mientras que acá, con el perdón del hype que ha despertado en casi todos, la escena de la muerte de Sarah es emotiva, sí, pero ni de broma está a la altura de la inmersión lograda en PlayStation.

HBO cuenta con la ventaja de tener un producto bastante bien masticado en su medio de origen, esperemos que sepan respetar el resto de la temporada tal como lo han hecho hasta ahora, porque como dicen, el mérito no está en llegar, sino en mantenerse. TLOU tiene el potencial y le tengo harta fe.


Lo bueno: han respetado la trama y la estética del juego tanto como han podido. Se agradece.

Lo perfecto: el diseño de producción es espectacular, el clac clac de los chasqueadores es una carta de amor a los oídos de los jugadores más veteranos. Amor puro.

Lo mejor: las actuaciones y presencia de Pedro Pascal y Bella Ramsey (los putos amos), sobre todo de ella, quien se llevó el respeto del globo terráqueo desde su papel en Game of Thrones y acá no desentona con lo que parece se le ha pedido que haga.

Lo que da miedo: no son los chasqueadores, sino la personalidad de Ellie, quien en mi percepción (igual me equivoco), se muestra sanguinaria y hasta con ciertos dejos de sicopatía, fascinación por un mundo que no conoce, pero sobre todo por la sangre y la violencia. En el juego es un flan de fresa.

Lo recomendable: jueguen a TLOU en cualquiera de sus versiones. En su momento mi viejo PS3 sudó sangre para renderizarlo, pero es un 10/10.



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miércoles, 10 de agosto de 2022

Profundas ligerezas para una musa fugitiva (parte 1)

 

Es la amatista en tus destellos

es en tu vibra lo más bello

es en tus manos, tu cabello

donde me pierdo, inevitable.


Es en tu voz, tus palabras

tus intenciones macabras,

que advierto, desenfundado un sable

arrinconando mi corazón.


Es tu piel como humo

etérea y blanca, presumo

la que en mí, suspiros delata

y piensa en amor, probable.


Gustavo Torres G.

Agosto de 2022

domingo, 6 de marzo de 2022

"La pelota no se mancha". Sobre el infame caso en Querétaro.

(Parte 1)

Por: Gustavo Torres G.

De niño, de muy niño, no me gustaba el futbol, de hecho, lo repelía. Simplemente no era para mí, un enfermizo chamaco debilucho y más bien dado a cualquier cosa que no representara un reto físico (dibujar, escribir, leer...). Un trofeo en el estatal de atletismo contradice bastante esa primera idea (y me sirve para charolear un poco, cómo no), pues si bien el deporte de las patadas me fue bastante ajeno hasta llegar a la adolescencia, fue justo ahí cuando a través de mi única habilidad con el cuerpo (correr como el viento), me gané la admiración de mis entonces compañeros de secundaria, quienes consideraron que aunque mi destreza con el balón básicamente era inexistente, lo de ser muy rápido le venía muy bien a los equipos que se formaban en la escuela, y fue así que de casi odiar un deporte que asociaba fuertemente con aquello que no era yo, me fue naciendo un aprecio encarnado, por supuesto, con el antecedente de haberme dado amigos y compañeros de ruta, algunos, siguen hasta hoy...

El paso de los años consolidó ese aprecio inicial hacia auténtico amor por el fut y todo lo que venía alrededor: el pretexto perfecto para hacer nuevos amigos en múltiplos de 5, 7 y 11 cada tanto tiempo; empaparse de la cultura pambolera tan propia de nuestro país; el fascinante trasfondo sociohistórico detrás; sentirse uno parte del universo del futbol en el mundo; el mero y simple placer de jugar con la pelotita, de poner un pase filtrado mientras la defensa rival palidece atónita ante semejante hazaña; tener tatuado en la memoria que el mejor pase que alguien me dio en la vida vino de la pierna derecha de una mujer (elevado, a la espalda de la última línea... por Dios, ¿por qué nunca le pedí el teléfono?); la enervante sensación de meter el gol del gane en una tanda de pénaltis, sentir que el mundo se acaba cuando te sacan la primera tarjeta roja de tu vida y tu equipo, lejos de recriminarte por haberlos dejado con uno menos, se lanzan en tu defensa a pedirle al árbitro "¿por qué al otro no lo expulsa?"; que tu novia vaya a verte jugar y esa noche, en tu cabeza, eres Andrés Iniesta, pero en el césped eres poco menos que el "Shaggy" Martínez; perder 11-1 y sentir que ese "1" valió todo el esfuerzo ante un equipo diez veces mejor que el tuyo; caerte, rasparte los codos y las rodillas en el pavimento de la calle frente a tu casa al punto de casi desollarte vivo, porque es preferible barrerme ahorita a tener que pagar la Fanta en bolsita si no ganamos la reta; ya de adulto, ir por primera vez a un estadio a ver un partido de primera división y sentir que todo lo que viste y jugaste hasta ese momento ni siquiera debiste haberlo llamado "futbol"; que hayas tenido que esperar 23 o hasta 52 años para ver otra vez a tu equipo campeón y jamás haber perdido la esperanza ni un segundo en todo ese tiempo; mantenerse fiel a unos colores, a una idea; sentir que el alma se rompe al ver cómo, al más hermoso de los deportes sobre este puntito azul en el espacio, se le achaca injustamente los actos barbáricos, inescrupulosos y dolosos de un montón de tipos que no tienen ni puta idea de lo que es el futbol, y que, desgraciadamente, lo han usado como vehículo de disidencia en una sociedad cuyo orden está roto desde hace mucho, y queda claro que no es culpa del futbol, sino de otros factores, entre los cuales la apología de la violencia, la confrontación de ideas y la defensa de los ideales pasa por todos lados, menos por el de la civilidad, la vibra que un juego tan hermoso, tan lindo, como es el futbol.

Ante los hechos suscitados en Querétaro el pasado 5 de marzo de 2021, no queda otra cosa más que orientar a quien culpa al propio deporte de tal desgracia. Diego Maradona, luz y sombra de este juego, al finalizar su partido de retiro, hace ya 21 años, sobre el césped de "La bombonera" reconoció: "(...) el fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo (...), porque se equivoque uno, no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha". Y sí, sepamos extirpar las preconcepciones erróneas de la realidad social que ha usado estos templos de convivencia y armonía, en auténticos campos de la sinrazón.

 Ni México ni el mundo lo merecen.

Parte 2 en proceso... 



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sábado, 22 de enero de 2022

Reto de lectura 2021: (7, 8, 9, 10, 11, 12) deuda saldada.

22 de enero de 2022

Por: El Dulce de Tamarindo*

El año que hace ya casi un mes terminó, dejó detrás muchos proyectos, algunos exitosamente terminados, otros con menos suerte que no pudieron ver la luz en todo su esplendor. Dentro de las cosas que procuré mantener cierto entusiasmo (más por disciplina que por otros asuntos), fue el bendito hábito de lectura trasladado a una crónica reseñada de los libros que se fueron topando con un servidor a lo largo de los últimos 365 días. Cumplí puntualmente la entrega de dichas reseñas los primeros seis meses, pero después, por h o por v, aunque la lectura se acumuló en una extraña mezcla de pavor y goce, pues la hondonada de las responsabilidades no me permitió escribir tan holgadamente como hubiese querido. A modo de revancha, muestro aquí las obras restantes, para quien quiera una referencia de textos que puedan hacer más llevadero este bonito hábito de la lectura.


(7/12) Cartas de amor a los muertos, de Ava Dellaira

Por mero accidente, en realidad sin buscarlo, el libro llegó a mis manos y decidí darle una chance. La historia de una chica a quien se le muere la hermana (cometió sucicidio) y pretende que el paliativo para su dolor sea una serie de cartas dirigidas a diferentes personajes célebres de la música y la farándula de los 90 hacia atrás.

El planteamiento, por puros nombres, hubiera sido sencillamente irresistible para cualquiera de nosotros que creció y vivió en esos maravillosos años llenos de grunge y desesperanza, el problema es que para las nuevas generaciones, incluso Kurt Cobain, Janis Joplin o Jimmy Hendrix son solo nombres exóticos en una nebulosa de referencias a épocas que ya nada tienen que ver con los intereses populares de los adolescentes criados por el Insta y el Tik Tok (incluso el feis se ve rebasado). Aun así, la experiencia que pude compartir especialmente con alumnas, arrojó ciertas vetas de identificación que parecen ser universales en la adolescencia de cualquier década. Si bien los tópicos explorados pueden parecer lugares comunes, el asunto del suicidio a esa edad, las experiencias sentimentales y sexuales, la sensación de desolación alrededor de la protagonista y el porqué de la elección de cada uno de los destinatarios es bastante atinada. Se agradece el hecho de no hacer fan service en prácticamente ninguna parte de la trama, aun cuando el propio planteamiento es casi un comercial en sí mismo.

Recomendable si se anda en modo emo o si ya, en serio, se pretende explorar aunque sea por encimita la psique adolescente sin tener que recurrir a las bufandas y la magia.



(8/12) Carry on, de Rainbow Rowell

No me gustó para nada. De unos años para acá, el que denomino "género de the choosen one" me tiene harto. Estoy hasta las trancas de este discursito de princesas donde el o la protagonista es increíblemente poderoso (o en vísperas de serlo) nada más porque sí, sin contar con que el o la susodicha son increíblemente hermosos, huérfanos y su propósito en la vida no es claro, pero el mundo está a su servicio. Cada quien saque sus conclusiones, la cosa es que no estoy hablando de quien ya se imaginan (bueno, sí), sino de Simon Snow (el nombre, cancherísimo, pa acabarla de chiflar), y su lucha contra el Hudrum, una cosa rara que no terminé de entender, al tiempo que el gran giro de tuerca, es que Baz, el señorito enemigo de Snow, termina siendo además, su inesperadísimo y apasionado amor. Por supuesto, la temática LGTBIQ me es indiferente, en este libro ni suma ni resta, ¿está ahí por moda más que por una necesidad argumental? Quién sabe. En este Harry Potter región 4, no absolutamente nada que sorprenda, se suma al millar y medio de sagas que se harán un nombre popular en las generaciones que van, pero sin aportar nada ni siquiera a la literatura de su pretendida calaña.



(9/12) El extraño caso del Doctor Jeykill y el señor Hyde, de Robert Louis Stevenson

Clasicazo donde los haya, más extraño que el propio caso del Doctor Jeykill era que no lo hubiera leído. No decepcionó para nada, especialmente por lo breve, ya que en esos momentos me encontraba ultra-saturado de trabajo y requería una historia sencilla, pero sólida. Sin ser el Hyde que a veces se exagera en algunas versiones contemporáneas, la idea de la personalidad dividida y el asunto del trastorno bipolar se cuenta ante todo como una aberración a la moralidad. Para quien busque intensidad y exquisitez literaria, tendrá ante sí un básico que al menos yo echo en falta no haber abordado antes.

(10/12) La peste, de Albert Camus

Al principio de esta pandemia, la recomendación parecía obvia. Haber leído La peste antes del 2020, para cualquiera hubiese significado una novela más, sin embargo, el embate de los tiempos coloca esta obra de Camus como indispensable espejo de la realidad. No temo abordar como lugar común el hecho de que esta novela es prácticamente una trascripción imperecedera que no admite desestimaciones. Existe una brillantez en la narración que hace olvidar la naturaleza literaria del mismo, se transforma aterradoramente en una crónica tan actual como precisa, sin contar conque el desarrollo de personajes es buenísimo. Básico, sin duda.


(11/12) Momo, de Michael Ende

Otro clásico que apenas me digné a abordar, pero que venía persiguiéndome desde hacía al menos 16 años, también bajo recomendación de una persona entonces cercana a quien evidentemente ignoré, al considerar (equivocadamente) que no era literatura de altura. Presionado por un programa de lectura al cual atender, me zambullí con muchas reservas ante lo que consideré, todavía en las primeras páginas, un cuento infantil de manual. La sorpresa vino después, al percibir una hermosa habilidad del autor para proyectar imágenes en uno; los ambientes, la situación, los personajes y su encanto, todo encaja en el paquete de la literatura "must read" de cualquier generación y edad. 

Netflix, se te está durmiendo gacho.



(12/12) Aquí asaltan, de Sergio Zurita

A Sergio Zurita y su especial forma de lucidez le debo el haber conservado mi cordura por al menos un par de años. En las desventuras que pasé trabajando y sobreviviendo en un poblado tan horriblemente alejado de la sensación urbana (entendida por un niño de ciudad chiquita) como lo sigue siendo San Quintín, en Baja California.

En un tiempo donde la FM todavía ocupaba un lugar importante en la vida de las personas, el radiofónicamente surgido de La Taquilla, del infumable René Franco, comenzaba a despuntar con brillo propio con su divertidísimo programa Dispara, Margot Dispara, que en los primeros años de emisión a través de la popularísima EXA, al lado del genial Jorge Dorantes y el acaso patiño permamente, Fausto Ponce, brindaron a los adultos jóvenes de ese entonces un espacio auditivo que tomaba como pretexto el ridículo mundo de la farándula mexicana y por sobre todas las cosas, la cultura pop, especialmente la estadounidense. En septiembre de 2020, DMD llegaba a su fin, tras casi diez años de altibajos en su audiencia y varias alineaciones, destacando la incursión de la prechiochíiiisima Claudia Silva y por supuesto, la mancuerna con el polémico Horacio Villalobos.

¿Y esto qué tiene qué ver con el libro? Pues todo. Como dije, el aprecio que le tuve al programa, que me descargaba diariamente (lo que hoy conocemos como podcast no era ni mínimamente popular) para sobrellevar la vida hostil y en soledad, en un lugar que de apego no me produjo nada, fue fundamental para permanecer "conectado" al mundo, al tiempo que, entre broma y broma, los espectadores sentíamos genuinamente cómo ensanchábamos nuestra cultura general, conociendo poco a poco los tejemanejes del teatro y música a nivel mundial.

En el recorrido del tiempo, no es raro tener una respuesta afectiva a tipos como Sergio Zurita, de quien conocimos intimidades, gustos y manías durante el tiempo que la emisión estuvo al aire, y Aquí asaltan, es una especie de spinoff de Dispara... Se disfruta muchísimo por este hermoso fenómeno lector: le damos voz al narrador de lo que leemos, y en este caso, la del buen señor Zurita está presente en cada uno de los cuentos, poemas y anécdotas que integran esta antología. Se solicita instructor de baile, el cuento con el que abre, es una sorpresa, de entrada, pues contrario a lo que esperaríamos del también actor y dramaturgo, presenta una narración exquisita y perfectamente armada, creíble para cualquier margotero de cepa; a partir de la personalidad claramente identificada de Zurita, los tintes de realismo mágico en verdad son disfrutables.

El resto del libro tiene este tipo de tintes, y no es hasta que llegamos a la parte de la poesía que podemos desahogar carcajadas de forma desopilante, tal como en los mejores tiempos junto a la radio, con composiciones líricas poseedoras de títulos como:

  • Viva la hueva.

  • Oda a Beyoncé.

  • Sentida carta a Scarlett Johansson.

  • Quién es José Tomas.

  • Oda a Gal Gadot.

Entre otras por el estilo...

La tradicional presunta solemnidad de la poesía se diluye gratamente en este bloque de estrofas y versos verdaderamente irreverentes. Genialidad total del humor.

La cascada de anécdotas con la que enfila brillantemente hacia el último tercio, hicieron que mi último libro del 2021 haya valido la pena con cada maldito peso invertido.

Si algún pero le pongo, tiene más que ver con mi hartazgo inducido al tema y personajes de Bob Dylan y Bruce Springsteen (corté prácticamente seis años ininterrumpidos de escuchar DMD, debido a que se volvió casi monotemático desde el Nóbel de poesía que le dieron a Dylan en 2016), y es que ambos seguramente se han ganado su lugar en la cultura popular estadounidense, pero personalmente, sus obras me resultan absolutamente intragables, especialmente Springsteen, anodino y sobrevalorado, para mi gusto. Para Sergio, tanto Bob como Bruce, son algo así como Dios y Jesucristo en la Tierra. Cada cual sus gustos.

En fin, para quien no tenga idea del universo alrededor de Sergio Zurita, puede que las valoraciones emocionales en las cuales no escatimé para esta pseudo reseña no signifiquen nada, sin embargo, como su programa, sus puestas en escena y los nombres que han acompañado su andar a lo largo de las últimas dos décadas, todos representan dignamente, hasta con auténtico valor sociocultural, las sensibilidades y formas de pensar de una generación que hoy día se encuentra en su pico de madurez, y que para quienes nos sentimos parte, los referentes de este calibre no abundan. Para el lector ocasional, encontrará una obra ligera, con vísperas a convertirse en un clásico en el transcurso de los próximos años. 



* Los radioescuchas de La Taquilla, años antes de que existiera DMD, solicitaban apodos absurdos, a modo de reconocimiento, por parte de René Franco, Sergio Zurita e Hilda Isa Salas. Alguna vez mandé mi SMS (sic) y al aire me bautizaron así. Una tontería de los 90s.





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jueves, 1 de julio de 2021

Reto de lectura 2021 (6/12): Las torres del olvido, de George Turner

  

Reto de lectura 2021 (6/12): Las torres del olvido, de George Turner

Por: Gustavo Torres G.

Con el gusto de tomar un libro que llegó a mí como un muy bonito regalo en el mes de mayo, esperé hasta que iniciara junio para darle su espacio y disfrutar sin prisas Las torres del olvido, obra cumbre de George Turner, de quien sinceramente no tenía idea hasta que tuve la novela en mis manos.

Las torres del olvido es una novela de ciencia ficción ambientada en una Tierra pre y apocalíptica, contada de forma tan original que me resultó imposible referenciar otro autor que emplease una técnica literaria similar. Se hace evidente la influencia de Huxley en cuanto al tono social en la temática del clasismo (que en esta obra, como en la del inglés, es centralísima, trascendental). He encontrado algunos comentarios donde se mete a Asimov como otra probable inspiración, pero encuentro muy lejana y forzada esa situación, en especial porque el componente tecnológico queda en segundo o hasta tercer plano y la reflexión filosófica trascendental tampoco tiene los alcances de la bestia literaria que innegablemente fue y sigue siendo el ruso-estadounidense, sin embargo, los méritos en Las torres... van por otro lado, aquí mi análisis y crítica al respecto.


La trampa de las distopías

Para quienes nos gusta escribir ficción, la tentación de ambientar historias en tiempos no pretéritos, sino todo lo contrario, es constante, sobre todo porque en apariencia, a nadie le consta que lo que uno pretende contar no pasará, basta tener dos dedos de frente para darse cuenta que la situación no apunta a algo lo suficientemente favorable como para esperar una sociedad distinta a lo distópico: todo se va a ir al garete, pues. El mérito de quien cree su mundo en futuros postapocalípticos pasa más bien por el respeto fundamental a las reglas aristotélicas de la creación literaria, esas que dictan cierta lógica y congruencia con las referencias desde la realidad que va desarrollándose en nuestro presente, y me parece que George Turner lo hace casi impecablemente, en Las torres del olvido, su construcción de la realidad social es absolutamente creíble, tanto que, de hecho,  parecería una profecía que desde ya se ha estado cumpliendo, es inevitable para todos nosotros negar que el asunto de la sobrepoblación del mundo, el cambio climático y la caída del capitalismo nos va a llevar a un lugar del cual nuestros hijos y nietos seguramente no tendrán escapatoria. En definitiva, Turner levanta la mano sobre los otros autores mencionados para destacarse de ellos en cuanto a eso, es un visionario con el conocimiento suficiente como para presentar un entorno que dista (no en demasía) de lo que vivimos hoy, pero tiene el cuidado de no convertirse en una fantasía sin sentido y con exceso de efectos especiales. 

La idea huxleana (si se vale el término) de la división de clases (en este caso los infra vs los supra) cumple con su cometido de hacernos ver como ridículo el asunto de la segregación entre seres humanos, no solo porque la idea per sé es vomitiva, sino porque dentro de la literariedad que se puede permitir cada escritor, al menos Huxley justificaba su estratificación ficticia desde lo genético, lo biológico; Turner no tiene empacho en mostrar que la segmentación de la humanidad por mero poder adquisitivo es todavía más pueril y deleznable, es poco menos que estúpido y aun así lo aceptamos hoy, en fin...


La técnica narrativa

A diferencia de prácticamente todo lo que he leído, esta novela cambia de narrador protagonista como quien cambia de ropa cada mañana. No hay nunca un omnisciente que vaya llevando el hilo de la trama, que resulta también muy confusa desde el inicio, pues incluso la temporalidad de los hechos para el lector cambia casi tan constantemente como los "ángulos de cámara" con los cuales podemos ver el panorama de la historia. Si bien la trama es una sola, se tiene la posibilidad de, en ocasiones, volver a visitar ciertos lugares o situaciones hasta dos o tres veces, pero con la perspectiva de personajes distintos... y es maravilloso. Salvo dos o tres capítulos donde me pareció innecesario hacer ese cambio de mano dado que no se aportaba nada a la narrativa, el resto de las ocasiones, una vez acostumbrado a esos saltos de cuerpo, la verdad es que contribuía a hacer llevadera la lectura, no por aburrida, sino por la cantidad de formas de entender una misma cosa. Riesgoso por parte del autor, pero lo logró. 


Personas, personajes y diatribas personales

Salvo uno o dos casos, los personajes acá están perfectamente trabajados. Uno pensaría que el pedante de Francis (un niño altanero, prepotente, subido) hubiese sido el antihéroe de la novela, o acaso una suerte de hombre redimido hacia el final de la historia, pero no, Turner no se anduvo con cursilerías y dictó sentencia justa a cada uno de sus actores conforme a lo que la lógica apuntaba desde el inicio. No hay un momento climático al uso, no es "El vengador del futuro" ni nada parecido. El precio que paga cada elemento por pensar, sentir y vivir según sus formas, es justo; no se si hubo final feliz, pero tampoco puedo hablar de complacencias innecesarias. La vida es así. La intención clara de hacer de Billy Kovacs un personaje entrañable queda a deber, lo mismo que con Teddy Conway, a quien le podría atribuir la frase más importante de todo el libro, un "vámonos, papá" que tendría que haber sido demoledor y no lo logra, tal vez el único pecado grave como escritor de parte de George T.

Lo gris del ambiente termina en algún punto por contagiar de indiferencia las reacciones emocionales de personajes que no logran crecer nunca y que más bien se adaptan a los desvaríos de las dificultades que se presentan, incluso un "te amo" se vuelve una consecuencia de lo que pasa, más que haber sido una expresión producto de una emoción o decisión consciente.

La sentencia final

Las torres del olvido es un libro esencial para cualquiera que se diga amante de la ciencia ficción apocalíptica, brinda un escenario sociopolítico sobrecogedor por cuanto es parecido a nuestro mundo hoy, incluyendo una situación de pandemia (asombroso, tomando en cuenta que se escribió en 1989, si no mal recuerdo). Como he mencionado, la narrativa y la precisión en cuando al manejo de la situación social y económica son las grandes fortalezas de este texto, pero penosamente debo decir que el "no mojarse" o arriesgarse de Turner en cuanto a la configuración del futuro en términos tecnológicos puede considerarse un tache, y serio. Las referencias a los hoverbuses o hovertaxis (en clara referencia a los hoverboards de Volver al futuro) los entendí como un tímido y mediocre intento de plantar elementos ambientales que conformasen nuestra presencia ante un futuro con logros técnicos tales que resulte innegable nuestro viaje en el tiempo literario, pero la verdad es que no se da. Se siguen mencionando grabaciones en cinta, computadoras enormes o comunicación alámbrica, en este sentido, cualquiera diría que hubiera sido imposible prever la existencia de la tecnología del 2050, pero hay tendencias, y es ahí cuando Moore, Asimov, Jodorowsky, Brunner, y tantos otros le dan la vuelta mil veces, eran verdaderos visionarios en ese sentido.

Podría sonar a broma, pero la precariedad con la cual se cuenta la forma de vida de los personajes en ese punto de Australia (Newport) en el año 2050 es mucho menos peor que lo que se encuentra uno a la vuelta de la esquina en cualquier país de América Latina y seguramente el sur de Asia. Al autor le falta barrio, pues. Desde su burbuja y escritorio del primer mundo le faltó conocer realidades que han estado en este bonito planeta desde hace décadas, la trama se pudo haber desarrollado en Singapur o algún barrio bravo de Tijuana o favela en Brasilia y no habría diferencia.

Como historia, como objeto de análisis literario, es un must have, un 10/10. Con respecto a los últimos aspectos mencionados, la verdad es que habría que ser demasiado exigente como para permitir que eso echara a perder la lectura de un libro por demás interesante y que cumple con su cometido de ser una llamada de atención para los años que vienen. El futuro va a ser muy, muy feo.




El último sueño: sobre los 30 años del «último baile» con Soda Stereo

Por: Gustavo Torres Gómez 1995 como ecuador de una maravillosa década en lo musical coincidió con la aparición de Sueño Stereo , obra última...