Por: Gustavo Torres Gómez
1995 como ecuador de una maravillosa década en lo musical coincidió con la aparición de Sueño Stereo, obra última (en estudio) de la mejor y más importante banda en la historia de la música en español. Sobre el hastío interno propio de la convivencia por más de una década, Gustavo, Charly y Zeta rubricaron brillantemente con un álbum a la altura y más allá de las expectativas generadas previamente desde sus iteraciones en otras glorias artísticas tales como el popularísimo Canción Animal (1991) y Dynamo (1993). ¿Qué se puede celebrar de este disco prácticamente conceptual? Aquí mi personal valoración e interpretación tema a tema tanto de lírica como de la música en sí misma.
Track 1: Ella usó mi cabeza como un revólver.
En general: Ruego por que exista gente que todavía ESCUCHE música, que cierre los otros cuatro sentidos y se abra a las sutilezas que una canción como esta tiene cuando se presta atención. Todavía hoy es complicadísimo hallar piezas de este nivel, tan fuera de lo ordinario, tan únicas en tantas cosas. Si bien la interpretación de la metáfora a botepronto puede ser tan simple como «estoy tan perdido con ella que no puedo vivir con o sin su ausencia y además hago cosas estúpidas», la autodesvirtuada maestría de Gustavo para sintetizar esa idea en una letra tan sui-géneris y enigmática a partes iguales es maravillosa.
El sonido: la incursión de violoncelos y violines en un tema rock-pop a nivel de música de cámara es brillante, la manera en cómo se integran a los guitarrazos cada compás es una pasada. Los detalles que mencionaba de la calidad de sonido, es que se hace OBLIGATORIO oír con audífonos de muy buena calidad directamente desde un CD (de preferencia) o si es en streaming, con la mayor calidad posible.
La lírica:
Después de un baño cerebral
estaba listo para ser amado
Pasa el tiempo y ahora creo que
el vacío es un lugar normal
En los 90 la terapia se la daba uno con canciones como esta, para qué más.
A tomar en cuenta: la complejidad de la canción en cuanto a la cantidad de instrumentos, cada uno puede ser escuchado por separado cada que se le ponga play. El atrevimiento de Cerati para hacer una canción con un título así de largo y además cantarlo como si nada. El video, sus simbolismos, la estética, las referencias.
Track 2: Disco eterno.
En general: representa el descaro de Gus y Charly con el uso de máquinas para generar loops, samples y ritmos en el intento de integrarse a lo venidero pero sin salirse de su característica identidad de power-trio. La versión en vivo que tuve la bendición de escuchar en 2007 cobró estatus de himno cuando en apariencia es un tema sin demasiada trascendencia.
El sonido: abrirse al goce del bajo de Zeta acompañando las programaciones en loop de Gustavo es una habilidad del oído que a mí me costó años desarrollar, una vez que sucedió, se volvió magia pura.
La lírica:
Abrir el sueño stereo
crear la dimensión
Sin disimular, me voy desnudando
con cada sonido
Alta fidelidad cuando este deseo crece...
Si se asume como una especie de oda a la música misma, es brillante, pero sabiendo que se compuso pensando en Cecilia Amenábar, no cabe más que aplaudir a la mente cachonda de mi tocayo.
A tomar en cuenta: las modificaciones que se le hicieron a la canción en conciertos. El famoso loop se convirtió en sello distintivo del sonido de la banda en adelante, incluso del mismo Cerati en su fase solista.
Track 3: Zoom.
En general: todo fan de Soda y Cerati sabe que la mayor parte de sus canciones hacen referencia al sexo de alguna u otra manera, así que Zoom podría ser perfectamente la que más explícitamente lo hace (tal vez a la par de Amo dejarte así, del disco Siempre es hoy, publicado siete años más adelante). Y es que no es solo sexo, las referencias a pornografía y el placer carnal son tan evidentes pero tan artísticamente bien ejecutadas que pasan a segundo plano en pos de disfrutar de la canción como un todo completo, compacto, sin lugar a polémicas por mal gusto, todo lo contrario. Hay géneros musicales enteros que se vuelven mierda (de por sí) cuando se comparan solamente con Zoom.
El sonido: el uso de samples ligeramente modificados en tempo (más rápidos aquí) de grandes temas como New York Groove o This Town Ain't Big Enough for Both of Us está tan bien logrado que a pesar de ser claramente identificables, convierten el tema nuevo en excusa para haberse utilizado sin riesgo de decir que se hizo plagio. Masterclass de resignificación musical.
La lírica: qué más se puede decir:
Ven
Pruébame y verás que todos somos adictos
a estos fuegos de artificio
A tomar en cuenta: el video es uno de los más evocadores de la década de los 90.
Track 4: Ojo de la tormenta.
En general: en 30 años no ha cambiado que sea mi favorita de este disco y probablemente de las preferidas en el soundtrack de mi vida, simplemente me pone bien escucharla, es un tema perfecto, Soda Stereo en el pico de creatividad y autenticidad. Nada suena como esta pieza de art-rock tan calma pero tan viva, energética.
El sonido: el bajo de Zeta es APOTEÓSICO, marca el camino ambiental para el escucha como si fuese un andamio tras del cual jamás caeremos. Como músico, Héctor tenía ya ganada mi admiración pero en este tema garantizó respeto vitalicio. Punto aparte la guitarra con trémolo de fondo.
La lírica: la libertad de interpretar al «Ojo de la tormenta» se dispara si se asume que es nada más que una seguidilla a Zoom, es decir, otro tema repleto de erotismo pues encaja en cada verso (Mi príncipe no se da por vencido), sin embargo en el abordaje inocente, imaginar a un bebé/infante como ese «centro del centro» convierte la canción en la canción de cuna definitiva. Que cada quien juzgue según su instinto.
Ahora cierra los ojos, mi ser
Este fue un día agitado, ya lo sé
No hay nada
Nada a lo que debas temer
A tomar en cuenta: hay por ahí un video en Youtube donde se explica con mimo, por parte de Eduardo Bergallo, uno de sus productores, las incidencias técnicas sorteadas para lograr el sonido tal cual fue concebido por Gustavo. Perla absoluta para audiófilos y nerds del sonido.
Track 5: Efecto Doppler.
En general: ejemplo del nivel artístico en el cual Soda se encontraba en 1995 con relación al resto de bandas, de Latinoamérica al menos. Con Efecto Doppler la intención estética exigió prescindir de los instrumentos propios/comunes del trío para entonces aprovechar las cualidades sonoras de otras herramientas de producción.
El sonido: si bien las cuerdas frotadas son el lienzo sobre el cual se dibuja la canción, es la voz de Cerati que brilla en cada verso, adaptándose, transformándose en súplica (balada, en su significado más literal) demostrando versatilidad y belleza a partes iguales.
La lírica: sencilla de entender, el mérito es la asociación hecha con el fenómeno Doppler justamente, el sonido como metáfora perfecta de la relación entre dos, lo de aferrarse a una relación inexistente en el inevitable paso del tiempo a pesar del alejamiento inminente.
Oye la frecuencia decaer
Cada vez que me dejas
Te perseguiría hasta el sol
Pero hoy es sólo inercia
Y un milenio pasa
Oye, el arco suena a lágrimas
Cada vez que lo tensas
Y oye las sirenas en el mar
Si es que aún no lo entiendes
El argot musical utilizado acá es canela en rama.
A tomar en cuenta: POR FAVOR, escuchar con audífonos (sí, en sesión personal) de la mejor calidad posible, cerrar los ojos y dejarse llevar.
Track 6: Paseando por Roma.
En general: a nivel popular ha faltado reconocerla como emblema de la banda. Paseando... es en cualquier nivel un tema hermoso, fluye en los sentidos con naturalidad y hasta pone de buenas.
El sonido: los vientos utilizados son reminiscencia inevitable de los tiempos en que fue concebida la canción, tomando en cuenta que el ska y el «rock en tu idioma» desarrollado sobre todo en el cono sur de este continente se apoyó de ese tipo de instrumentos para consolidar identidad. La batería de Charly es de lo más fino que se puede encontrar en el track: poderosa, precisa, energética.
La lírica: genial como de costumbre, Cerati se luce con una letra no-típica de pop, ligera, cantable, sin demasiada complejidad, eligiendo palabras tan agradables en su escucha que pareciesen cumplir función de ornamento musical más que ser el centro del tema aun con la evocación de libertad a flor de piel.
He cambiado pero aún mi corazón
Permanece intacto, intacto, tan intacto como ayer
Nada más para decir sólo
¡Hasta Mañana!
A tomar en cuenta: de los que mejor funcionó en vivo, especialmente en el especial de MTV.
Track 7: Pasos.
En general: en la suya, Soda Stereo se regodeaba de poder hacer lo que les viniera en gana porque lograron lo que verdaderamente pocos: tener sonido propio, otra vez.
El sonido: Pasos es confirmación de la calidad creativa de cada uno de los tres, entrega una carta de amor con un tema suave pero potente en lo sonoro que no teme mezclar lo sintético con lo más crudo.
La lírica: dice el mito que es otra declaración hacia Cecilia Amenábar, entonces mujer de Gustavo, madre de sus hijos, radicada en Chile.
Track 8: Ángel eléctrico.
El sonido:
La lírica: tengo la teoría que la temática del disco es meta-referencial, o sea, es un homenaje a la música, la forma en cómo la escuchamos, sobre todo a cómo se compone, la frustración de no encontrar la inspiración suficiente:
Enredado en cables
Estoy al filo de la resignación
Sin embargo, pudiese aludir a un mensaje esperanzador sobre algún desencuentro que merece otra oportunidad después de haber decepcionado o simplemente el encuentro fortuito con la nota necesaria que desencadene el fenómeno creativo:
Un nuevo acorde
Te hace mirarme a los ojos
Aún tengo al sol
para besar tu sombra
El dios de guitarras cristalinas orándole a deidad eléctrica dentro su guitarra.
A tomar en cuenta: la versión «unplugged» es seda rockera, mucho más selvática, salvaje, pero con ribetes de urbanidad (en los teclados de Tweety González) que embellecen a la canción de por sí chula.
Track 9: Crema de estrellas.
En general: justo la crema del pastel, la pausa dulce en medio de tanta experimentación, tal vez pensada para corearse con la luz de mil velas en algún estadio del caribe, Gustavo al centro del escenario con su guitarra criolla y de pronto un violoncelo para detonar las emociones.
El sonido: como el resto de canciones, lo de usar instrumentos no convencionales implicó entender que mover sentimientos puede potenciarse con tecnología sin demeritar profundidad. En clave de tres, como todo en Soda, lo acústico, electrónico y clásico se fusionan en perfección.
La lírica: ¿Es una metáfora del orgasmo? No tengo dudas. Posiblemente de alguna otra perversión.
Su cuerpo lunar
Refugio celestial
Y el PH de su saliva
Y me perdí en la inmensa quietud
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La suite
Las últimas tres pistas se entrelazan entre finales y principios hilados que no dan lugar a descanso. Como en todo el disco, se hace necesario aguzar los sentidos y el intelecto para recibir en toda su dimensión el hecho artístico.
Track 10: Planta.
El sonido: crecendo eléctrico. Divino. Zeta con su bajo emergiendo de la profundidad... es que casi se puede ver la oscuridad del mar, las burbujas, la calma. Hay reminiscencias a guitarras de clásicos como Queen o The Beatles. El hit-hat desde la batería de Charly, preferida para este tema en lugar del predecible sampleo, atinadísimo, hipnótico.
La lírica: asumible como introspectiva, tal vez refiriendo a algún cambio próximo (estoy preparándome/ no sé qué me pasa / que ya no puedo volver). Es la primera vez que se menciona la adjetivación preferida por fans de Cerati respecto a su voz: «en el aire reverbera el ansia de mi voz/ mi voz vegetal», entiendo tal como la aceptación inevitable de estar creciendo hacia el infinito pero seguir teniendo las raíces bien puestas, es hermosa la metáfora.
A tomar en cuenta: la versión en vivo de la gira Bocanada es oro (Estadio Obras Sanitarias). Uno de los picos creativos del maestro Cerati otorgando nueva piel a este tema para entonces ya clásico, acompañándose de Flavio Etcheto (en paz descanse), el fabuloso Leo García, Martín Carrizo (desde un mejor lugar en el universo también, dan ganas de llorar solo de recordar su historia con Cerati) convirtiendo el tema en algo nuevo con la carga que representaba estar a la altura de Alberti.
Track 11: X-playo.
El sonido: festival de secuenciadores adaptados magistralmente al sonido de Soda, explican por sí mismos el buen gusto de no parecerse a nada de la escena electrónica de esos años.
La lírica: no hay.
Track 12: Möiré.
El sonido: último movimiento para dejar a Soda Stereo en su propio cielo de sintetizadores, violines, bajo y la voz de Gustavo como nunca antes: atrás de los instrumentos solamente ambientando.
La lírica: Cerati drogadísimo. Podría pasar por un corrido donde se cuenta los efectos de alguna pastilla que claramente no es una Halls.
Me siento tan laxo
Me siento moírè
Pastillas de zen instantáneo calman mi sed
El dolor clandestino se desvanece
Hay cuarto menguante
Suaviza mi voz
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Por qué es tan especial Sueño Stereo
Además de lo dicho en la descripción de cada tema, el componente nostálgico a nivel personal no viene a mí con sensaciones de melancolía en el sentido depresivo de la expresión, sino que evoca felicidad en la añoranza de tiempos donde las expresiones musicales alcanzaron cuotas de genialidad a la altura de las obras clásicas de los inmortales de la década de los 60, 70 y 80, el mérito de Soda Stereo fue tener la convicción de tener que reinventarse con cada trabajo de estudio, siendo así que si se escucha cada disco en su dimensión sonora y concepto, pareciera que se trata de artistas distintos los que generaron tales, sobre todo conforme se acercaron al final de su trayecto; sucedió lo mismo con Gustavo Cerati en solitario con cada disco, incluso se les asocia de forma inevitable con un color y la prevalescencia de un estilo, ni qué decir de las presentaciones en vivo pues el bonus siempre fue ser testigo de «la nueva versión» de un tema ya conocido pero adaptado a la onda del álbum actual (escuchar temas de Soda en la «era Bocanada» o «etapa Ahí vamos», por ejemplo, fueron caricias al alma melómana de nosotros los fans).
Sueño Stereo tuvo esa marca, la de reinventarse, su habitual pero ¡en cada tema! No se puede más que admirar y agradecer esa intención artística de no solo armar una lista de composiciones más o menos coherente, sino tener siempre la voluntad de concebir el resultado como módulos relativamente independientes que en conjunto funcionaron cual reloj de engranajes. Les pasó (guardando distancias) como a los Beatles, cuyo éxito masivo les permitió hacia el final de su trayecto, concentrarse en lo meramente artístico antes que entregarse a la engañosa tentación del «hit» y los millones de ventas. Su evolución como músicos en coherencia con la experiencia acumulada.
A nivel de popularidad, Canción Animal es seguramente mucho, mucho más que Sueño Stereo y Dynamo (del que seguramente también haré un artículo), pero estos últimos no dejan de ser el colofón perfecto al camino de la banda que dio cuerpo e identidad al continente entero desde su energía, poder creativo y conexión con la generación de paso entre las viejas concepciones de la música como fenómeno generalizador y los nuevos hábitos de escucha entendidos también como íntimos, introspectivos, personales, sin necesidad de ser folclóricos para sentirnos nacionales o latinoamericanos.
El último sueño: sobre los 30 años del «último baile» con Soda Stereo © 2025 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International

