viernes, 27 de junio de 2025

El último sueño: sobre los 30 años del «último baile» con Soda Stereo

Por: Gustavo Torres Gómez

1995 como ecuador de una maravillosa década en lo musical coincidió con la aparición de Sueño Stereo, obra última (en estudio) de la mejor y más importante banda en la historia de la música en español. Sobre el hastío interno propio de la convivencia por más de una década, Gustavo, Charly y Zeta rubricaron brillantemente con un álbum a la altura y más allá de las expectativas generadas previamente desde sus iteraciones en otras glorias artísticas tales como el popularísimo Canción Animal (1991) y Dynamo (1993). ¿Qué se puede celebrar de este disco prácticamente conceptual? Aquí mi personal valoración e interpretación tema a tema tanto de lírica como de la música en sí misma.

Track 1: Ella usó mi cabeza como un revólver.

En general: Ruego por que exista gente que todavía ESCUCHE música, que cierre los otros cuatro sentidos y se abra a las sutilezas que una canción como esta tiene cuando se presta atención. Todavía hoy es complicadísimo hallar piezas de este nivel, tan fuera de lo ordinario, tan únicas en tantas cosas. Si bien la interpretación de la metáfora a botepronto puede ser tan simple como «estoy tan perdido con ella que no puedo vivir con o sin su ausencia y además hago cosas estúpidas», la autodesvirtuada maestría de Gustavo para sintetizar esa idea en una letra tan sui-géneris y enigmática a partes iguales es maravillosa.

El sonido: la incursión de violoncelos y violines en un tema rock-pop a nivel de música de cámara es brillante, la manera en cómo se integran a los guitarrazos cada compás es una pasada. Los detalles que mencionaba de la calidad de sonido, es que se hace OBLIGATORIO oír con audífonos de muy buena calidad directamente desde un CD (de preferencia) o si es en streaming, con la mayor calidad posible.

La lírica

Después de un baño cerebral

estaba listo para ser amado

Pasa el tiempo y ahora creo que

el vacío es un lugar normal

En los 90 la terapia se la daba uno con canciones como esta, para qué más.

A tomar en cuenta: la complejidad de la canción en cuanto a la cantidad de instrumentos, cada uno puede ser escuchado por separado cada que se le ponga play. El atrevimiento de Cerati para hacer una canción con un título así de largo y además cantarlo como si nada. El video, sus simbolismos, la estética, las referencias.

Track 2: Disco eterno.

En general: representa el descaro de Gus y Charly con el uso de máquinas para generar loops, samples y ritmos en el intento de integrarse a lo venidero pero sin salirse de su característica identidad de power-trio. La versión en vivo que tuve la bendición de escuchar en 2007 cobró estatus de himno cuando en apariencia es un tema sin demasiada trascendencia.

El sonido: abrirse al goce del bajo de Zeta acompañando las programaciones en loop de Gustavo es una habilidad del oído que a mí me costó años desarrollar, una vez que sucedió, se volvió magia pura.

La lírica:

Abrir el sueño stereo

crear la dimensión

Sin disimular, me voy desnudando

con cada sonido

Alta fidelidad cuando este deseo crece...

Si se asume como una especie de oda a la música misma, es brillante, pero sabiendo que se compuso pensando en Cecilia Amenábar, no cabe más que aplaudir a la mente cachonda de mi tocayo.

A tomar en cuenta: las modificaciones que se le hicieron a la canción en conciertos. El famoso loop se convirtió en sello distintivo del sonido de la banda en adelante, incluso del mismo Cerati en su fase solista.

Track 3: Zoom.

En general: todo fan de Soda y Cerati sabe que la mayor parte de sus canciones hacen referencia al sexo de alguna u otra manera, así que Zoom podría ser perfectamente la que más explícitamente lo hace (tal vez a la par de Amo dejarte así, del disco Siempre es hoy, publicado siete años más adelante). Y es que no es solo sexo, las referencias a pornografía y el placer carnal son tan evidentes pero tan artísticamente bien ejecutadas que pasan a segundo plano en pos de disfrutar de la canción como un todo completo, compacto, sin lugar a polémicas por mal gusto, todo lo contrario. Hay géneros musicales enteros que se vuelven mierda (de por sí) cuando se comparan solamente con Zoom.

El sonido: el uso de samples ligeramente modificados en tempo (más rápidos aquí) de grandes temas como New York Groove o This Town Ain't Big Enough for Both of Us está tan bien logrado que a pesar de ser claramente identificables, convierten el tema nuevo en excusa para haberse utilizado sin riesgo de decir que se hizo plagio. Masterclass de resignificación musical.

La lírica: qué más se puede decir:

Ven

Pruébame y verás que todos somos adictos

a estos fuegos de artificio

A tomar en cuenta: el video es uno de los más evocadores de la década de los 90.

Track 4: Ojo de la tormenta.

En general: en 30 años no ha cambiado que sea mi favorita de este disco y probablemente de las preferidas en el soundtrack de mi vida, simplemente me pone bien escucharla, es un tema perfecto, Soda Stereo en el pico de creatividad y autenticidad. Nada suena como esta pieza de art-rock tan calma pero tan viva, energética.

El sonido: el bajo de Zeta es APOTEÓSICO, marca el camino ambiental para el escucha como si fuese un andamio tras del cual jamás caeremos. Como músico, Héctor tenía ya ganada mi admiración pero en este tema garantizó respeto vitalicio. Punto aparte la guitarra con trémolo de fondo.

La lírica: la libertad de interpretar al «Ojo de la tormenta» se dispara si se asume que es nada más que una seguidilla a Zoom, es decir, otro tema repleto de erotismo pues encaja en cada verso (Mi príncipe no se da por vencido), sin embargo en el abordaje inocente, imaginar a un bebé/infante como ese «centro del centro» convierte la canción en la canción de cuna definitiva. Que cada quien juzgue según su instinto.

Ahora cierra los ojos, mi ser

Este fue un día agitado, ya lo sé

No hay nada

Nada a lo que debas temer

A tomar en cuenta: hay por ahí un video en Youtube donde se explica con mimo, por parte de Eduardo Bergallo, uno de sus productores, las incidencias técnicas sorteadas para lograr el sonido tal cual fue concebido por Gustavo. Perla absoluta para audiófilos y nerds del sonido.


Track 5: Efecto Doppler.

En general: ejemplo del nivel artístico en el cual Soda se encontraba en 1995 con relación al resto de bandas, de Latinoamérica al menos. Con Efecto Doppler la intención estética exigió prescindir de los instrumentos propios/comunes del trío para entonces aprovechar las cualidades sonoras de otras herramientas de producción.

El sonido: si bien las cuerdas frotadas son el lienzo sobre el cual se dibuja la canción, es la voz de Cerati que brilla en cada verso, adaptándose, transformándose en súplica (balada, en su significado más literal) demostrando versatilidad y belleza a partes iguales.

La lírica: sencilla de entender, el mérito es la asociación hecha con el fenómeno Doppler justamente, el sonido como metáfora perfecta de la relación entre dos, lo de aferrarse a una relación inexistente en el inevitable paso del tiempo a pesar del alejamiento inminente.

Oye la frecuencia decaer

Cada vez que me dejas

Te perseguiría hasta el sol

Pero hoy es sólo inercia

Y un milenio pasa


Oye, el arco suena a lágrimas

Cada vez que lo tensas

Y oye las sirenas en el mar

Si es que aún no lo entiendes

El argot musical utilizado acá es canela en rama.

A tomar en cuenta: POR FAVOR, escuchar con audífonos (sí, en sesión personal) de la mejor calidad posible, cerrar los ojos y dejarse llevar.

Track 6: Paseando por Roma.

En general: a nivel popular ha faltado reconocerla como emblema de la banda. Paseando... es en cualquier nivel un tema hermoso, fluye en los sentidos con naturalidad y hasta pone de buenas.

El sonido: los vientos utilizados son reminiscencia inevitable de los tiempos en que fue concebida la canción, tomando en cuenta que el ska y el «rock en tu idioma» desarrollado sobre todo en el cono sur de este continente se apoyó de ese tipo de instrumentos para consolidar identidad. La batería de Charly es de lo más fino que se puede encontrar en el track: poderosa, precisa, energética.

La lírica: genial como de costumbre, Cerati se luce con una letra no-típica de pop, ligera, cantable, sin demasiada complejidad, eligiendo palabras tan agradables en su escucha que pareciesen cumplir función de ornamento musical más que ser el centro del tema aun con la evocación de libertad a flor de piel.

He cambiado pero aún mi corazón

Permanece intacto, intacto, tan intacto como ayer

Nada más para decir sólo

¡Hasta Mañana!

A tomar en cuenta: de los que mejor funcionó en vivo, especialmente en el especial de MTV.

Track 7: Pasos.

En general: en la suya, Soda Stereo se regodeaba de poder hacer lo que les viniera en gana porque lograron lo que verdaderamente pocos: tener sonido propio, otra vez.

El sonido: Pasos es confirmación de la calidad creativa de cada uno de los tres, entrega una carta de amor con un tema suave pero potente en lo sonoro que no teme mezclar lo sintético con lo más crudo.

La lírica: dice el mito que es otra declaración hacia Cecilia Amenábar, entonces mujer de Gustavo, madre de sus hijos, radicada en Chile.

Track 8: Ángel eléctrico.

El sonido:

La lírica: tengo la teoría que la temática del disco es meta-referencial, o sea, es un homenaje a la música, la forma en cómo la escuchamos, sobre todo a cómo se compone, la frustración de no encontrar la inspiración suficiente:

Enredado en cables

Estoy al filo de la resignación

Sin embargo, pudiese aludir a un mensaje esperanzador sobre algún desencuentro que merece otra oportunidad después de haber decepcionado o simplemente el encuentro fortuito con la nota necesaria que desencadene el fenómeno creativo:

Un nuevo acorde

Te hace mirarme a los ojos

Aún tengo al sol

para besar tu sombra

El dios de guitarras cristalinas orándole a deidad eléctrica dentro su guitarra.

A tomar en cuenta: la versión «unplugged» es seda rockera, mucho más selvática, salvaje, pero con ribetes de urbanidad (en los teclados de Tweety González) que embellecen a la canción de por sí chula.

Track 9: Crema de estrellas.

En general: justo la crema del pastel, la pausa dulce en medio de tanta experimentación, tal vez pensada para corearse con la luz de mil velas en algún estadio del caribe, Gustavo al centro del escenario con su guitarra criolla y de pronto un violoncelo para detonar las emociones.

El sonido: como el resto de canciones, lo de usar instrumentos no convencionales implicó entender que mover sentimientos puede potenciarse con tecnología sin demeritar profundidad. En clave de tres, como todo en Soda, lo acústico, electrónico y clásico se fusionan en perfección.

La lírica: ¿Es una metáfora del orgasmo? No tengo dudas. Posiblemente de alguna otra perversión.

Su cuerpo lunar

Refugio celestial

Y el PH de su saliva

Y me perdí en la inmensa quietud

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La suite

Las últimas tres pistas se entrelazan entre finales y principios hilados que no dan lugar a descanso. Como en todo el disco, se hace necesario aguzar los sentidos y el intelecto para recibir en toda su dimensión el hecho artístico.

Track 10: Planta.

El sonido: crecendo eléctrico. Divino. Zeta con su bajo emergiendo de la profundidad... es que casi se puede ver la oscuridad del mar, las burbujas, la calma. Hay reminiscencias a guitarras de clásicos como Queen o The Beatles. El hit-hat desde la batería de Charly, preferida para este tema en lugar del predecible sampleo, atinadísimo, hipnótico.

La lírica: asumible como introspectiva, tal vez refiriendo a algún cambio próximo (estoy preparándome/ no sé qué me pasa / que ya no puedo volver). Es la primera vez que se menciona la adjetivación preferida por fans de Cerati respecto a su voz: «en el aire reverbera el ansia de mi voz/ mi voz vegetal», entiendo tal como la aceptación inevitable de estar creciendo hacia el infinito pero seguir teniendo las raíces bien puestas, es hermosa la metáfora.

A tomar en cuenta: la versión en vivo de la gira Bocanada es oro (Estadio Obras Sanitarias). Uno de los picos creativos del maestro Cerati otorgando nueva piel a este tema para entonces ya clásico, acompañándose de Flavio Etcheto (en paz descanse), el fabuloso Leo García, Martín Carrizo (desde un mejor lugar en el universo también, dan ganas de llorar solo de recordar su historia con Cerati) convirtiendo el tema en algo nuevo con la carga que representaba estar a la altura de Alberti.

Track 11: X-playo.

El sonido: festival de secuenciadores adaptados magistralmente al sonido de Soda, explican por sí mismos el buen gusto de no parecerse a nada de la escena electrónica de esos años.

La lírica: no hay.


Track 12: Möiré.

El sonido: último movimiento para dejar a Soda Stereo en su propio cielo de sintetizadores, violines, bajo y la voz de Gustavo como nunca antes: atrás de los instrumentos solamente ambientando.

La lírica: Cerati drogadísimo. Podría pasar por un corrido donde se cuenta los efectos de alguna pastilla que claramente no es una Halls.

Me siento tan laxo

Me siento moírè

Pastillas de zen instantáneo calman mi sed

El dolor clandestino se desvanece

Hay cuarto menguante

Suaviza mi voz

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Por qué es tan especial Sueño Stereo

Además de lo dicho en la descripción de cada tema, el componente nostálgico a nivel personal no viene a mí con sensaciones de melancolía en el sentido depresivo de la expresión, sino que evoca felicidad en la añoranza de tiempos donde las expresiones musicales alcanzaron cuotas de genialidad a la altura de las obras clásicas de los inmortales de la década de los 60, 70 y 80, el mérito de Soda Stereo fue tener la convicción de tener que reinventarse con cada trabajo de estudio, siendo así que si se escucha cada disco en su dimensión sonora y concepto, pareciera que se trata de artistas distintos los que generaron tales, sobre todo conforme se acercaron al final de su trayecto; sucedió lo mismo con Gustavo Cerati en solitario con cada disco, incluso se les asocia de forma inevitable con un color y la prevalescencia de un estilo, ni qué decir de las presentaciones en vivo pues el bonus siempre fue ser testigo de «la nueva versión» de un tema ya conocido pero adaptado a la onda del álbum actual (escuchar temas de Soda en la «era Bocanada» o «etapa Ahí vamos», por ejemplo, fueron caricias al alma melómana de nosotros los fans).

Sueño Stereo tuvo esa marca, la de reinventarse, su habitual pero ¡en cada tema! No se puede más que admirar y agradecer esa intención artística de no solo armar una lista de composiciones más o menos coherente, sino tener siempre la voluntad de concebir el resultado como módulos relativamente independientes que en conjunto funcionaron cual reloj de engranajes. Les pasó (guardando distancias) como a los Beatles, cuyo éxito masivo les permitió hacia el final de su trayecto, concentrarse en lo meramente artístico antes que entregarse a la engañosa tentación del «hit» y los millones de ventas. Su evolución como músicos en coherencia con la experiencia acumulada. 

A nivel de popularidad, Canción Animal es seguramente mucho, mucho más que Sueño Stereo y Dynamo (del que seguramente también haré un artículo), pero estos últimos no dejan de ser el colofón perfecto al camino de la banda que dio cuerpo e identidad al continente entero desde su energía, poder creativo y conexión con la generación de paso entre las viejas concepciones de la música como fenómeno generalizador y los nuevos hábitos de escucha entendidos también como íntimos, introspectivos, personales, sin necesidad de ser folclóricos para sentirnos nacionales o latinoamericanos.



El último sueño: sobre los 30 años del «último baile» con Soda Stereo © 2025 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International

domingo, 22 de junio de 2025

Todo, menos basura

 Por: Gustavo Torres Gómez

El pasado mes de mayo apareció el octavo disco de una de las bandas favoritas de mi adolescencia y resto de la adultez hasta el momento: Garbage. Let All That We Imagine Be the Light emerge de entre toneladas de deshecho sonoro en todas las plataformas de streaming, se alza orgullosamente como prueba incontestable de que la agrupación sigue tan vigente como en el cénit de su carrera. ¿Cómo ha sido el recorrido desde 1995 a la fecha? Aquí una apreciación meramente personal sobre los altibajos artísticos disco a disco durante los últimos treinta años.

1995: Garbage.

La mejor década en la historia de la música tuvo en el primer álbum (homónimo) al digno representante de la escena indie que no era rock puro o seguía la onda del también emergente grunge de esos entonces, Garbage rompía con lo establecido tanto en la imagen del grupo como con el sonido único cortesía de los genios productores a la interna de los que hablaré más adelante.

Mi favorita: Vow, diseñada con mimo, representa el espíritu innovador de esos años bendecidos con la diversidad sonora de bandas como esta.

 

1997: Version 2.0.

Le guardo especialísimo cariño porque fue el primer disco compacto que compré en mi vida; a la fecha sigo escuchándolo con el mejor equipo posible porque el agasajo auditivo no es menor, se trata de la evolución natural desde la cual pude leer en alguna revista de la época: «Garbage es la banda que nos llevará al futuro», y tenía razón, se puede oir hoy con total tranquilidad y pasar desapercibida en playlist de pleno 2025, incluso conservando la sensación de que aún le queda porvenir sin peligro de envejecer. No creo que sea mi subjetividad la que salte cuando digo que es un álbum luminoso, bello, sin desperdicios o rellenos, plagada de hits (Special, When I Grow Up, I Think I´m Paranoid, Push, It, Medication), tal vez el mejor en la historia del grupo.

Mi favorita: You Look So Fine, balada perfecta, elegante, el pretexto para saborear la voz de Shirley Manson al oído en loop infinito.

2001: Beautifulgarbage.

El sonido consolidado de la banda dio la bienvenida al nuevo milenio con este disco que estuvo a la altura de las expectativas, entregando 13 tracks maravillosos (más uno interactivo, regalito para fans, de esos que ya no se dan). Mi único pero acá, es que justo el estilo característico logrado comienza a ser «un poco demasiado» cuando saturan los canales auditivos acaso sin necesidad o sonando tan artificiales, abusando del sampleo, sintiéndose claramente sobreproducido en la mayoría de las canciones.

Mi favorita: Breaking Up the Girl, sin duda. Pop-rock perfecto, fresco aun a día de hoy, obra maestra de Butch Vig con esos detallitos entre pistas que alimentan a los oídos más exigentes, se puede escuchar varias veces y siempre encontrar belleza en cada una de las pistas que va tejiendo el tema para su narrativa (bajo, guitarras acústicas, distorsiones, efectos), en definitiva, el disco que nos dijo "gente, este es el nuevo milenio".

2003: Bleed Like Me.

Una palabra: estridencia. La ecualización dada a los temas parece haber sido dada con toda la intención de abrir paso al sonido en el aire sin dificultades. Perdió mucho «charm» para mi gusto en relación con los dos discos anteriores, tal vez de manera intencional aunque gana enormidades en madurez tanto en letras como en la clara idea de «bajar» los colores industriales, tecno, sampleos y sintetizadores para aterrizar de nuevo en la base rock que tanto se extrañó en Beautiful...

Mi favorita: Run Baby Run, Garbage en todo su esplendor. Distorsión, ecos, batería poderosa, precisa, riff legendario, ritmos y bases calculadas con harto colmillo. Súper hit.

2012: Not Your Kind of People.

Sentimientos encontrados con este que considero una especie de sucesor espiritual de Version 2.0 por la manera en cómo varios tracks parecen ser reminiscencias a temas en aquel disco, ciertas guitarras, percusiones y el mismo espíritu rebelde se perciben acá aunque desde un lugar bastante menos adolescente, aprovechando mucho mejor la voz de Shirley, liberando la acústica general de cada canción sin dejar de sonar a ellos. Nada sorprende, no hay nada que no se haya oído ya  en discos anteriores pero es justo el mérito de confirmar personalidad y demostrar que eran todavía capaces de formular éxitos radiales como antaño (Big Bright World, I Hate Love, Blood for Poppies), además con la calidad/sonido de clase mundial distintiva que hace valiosa a esta obra a la cual considero la última de la etapa clásica (mítica) de Garbage.

Mi favorita: Control, avasallante, definitiva, una aplanadora auditiva, festival de la distorsión y el rock industrial fino (si eso existe), contando además con la potencia de su letra ad hoc, de tintes sociales si las metáforas lo permiten.

2016: Strange Little Birds.

Oscurísimo. Este es para mí el puente simbólico entre el Garbage de toda la vida y el que da la bienvenida a las nuevas décadas, llenas de situaciones políticas y sociales dignas de plasmarse como preocupación genuina de la banda en los discos venideros, por lo pronto, SLB se siente como un «hey, seguimos vivos» mucho más contundente que NYKOP, arrancando con el sencillo Empty (mi favorita, de una vez, cómo no), suceso en internet en ese año por ser probablemente, el tema más Garbage que hayan grabado nunca: potente, rockero, sintético y orgánico al mismo tiempo, aquel sonido «16-bit» que me enervó en la adolescencia volvió con toda su belleza cromática, poniendo a la banda una vez más en la cima del pop mundial afirmando y reafirmando el por qué es ya legendaria desde el poderío sonoro y coherente en cada línea de la composición. Shirley Manson brillando en su genuino papel de máxima estrella femenina del rock de nuestra época.  

El resto de pistas suelta joyas absolutas como «Magnetized» (el Special del nuevo siglo) pero tristemente será necesario aceptar que la mitad de temas no tenían razón de ser, los sentí relleno puro aunque mi justificación empata con lo que pienso para el siguiente disco.

2021: No Gods No Masters.

Rezo para que sea una de esas veces donde mi intelecto o sensibilidad limitada sean las culpables de que este disco a día de hoy me parezca infumable, simplemente no logro asimilar nada de lo ofrecido acá. Es como si de todos los ingredientes que se necesitan para hacer música al «estilo Garbage» a alguno se le hubiese roto la tapa y el derrame de ese aderezo echase a perder el platillo completo, o sea, cada tema ES GARBAGE, pero en demasía nosciva sonora y líricamente, letras densísimas, ambientes concentrados cargados de efectos (The Creeps), filtros sobrepuestos (Wolves) y hasta guiños malogrados a Depeche Mode (Godhead). Harta, sinceramente, es como un niño inquieto presumiendo que hace alguna gracia que definitivamente no es graciosa, aquí la banda parece querer decir «miren qué modernos somos» y sí, pero lo experimental se les fue de las manos. Mucha máquina pero nada de alma. Ritmos forzados (Anonimous XXX) en canciones que bien podrían haber sido incluidas como lados C o D en discos anteriores. 

Estando en mi top 5 de grupos de los 90s, dolió pensar que NGNM había sido tal vez el indicador de que la banda estaba acabada artística, creativamente. Afortunadamente estaba equivocado.

Mi favorita (lo salvable, diría): No Gods No Masters, la que da nombre al disco y reza: «The same, so accept the change», tal vez como respuesta a la tonelada de lamentos que fans de mi calaña hicimos de algo que no pudimos entender o aceptar.

Nota especial: la versión de Starman, original del inconmensurable David Bowie, es HERMOSA, pero es tan dispareja del resto del disco y además un cóver, así que no la contemplé para el promedio general de la obra.


2025: Let All That We Imagine Be the Light.
Sin la expectativa de antaño, a dos años de pasar por una cirugía que la alejó de los escenarios hasta hace poco que le fue posible, Shirley Manson regresó este 2025 para corolar el 30 aniversario del disco debut de su banda integrada por los célebres Butch Vig, Duke Erikson y Steve Marker; en ninguno de ellos se nota la decadencia que algunos medios osaron en echar en cara debido a su edad, especialmente sobre ella a quien tacharon de «vieja». Estúpidos. La pelirroja respondió con clase enorgulleciéndose de su experiencia y por sobre todas las cosas, demostrando que esto de la música, la edad es absolutamente relativa, cuantimás si la esencia de la banda fue desde siempre la innovación sonora y los estándares de producción más sofisticadamente «artesanales» de la industria (por el cuidado y valor de diseño sonoro característico de la casa).

Let All That We Imagine Be the Light es buenísimo. Sin ser LA gran obra, destaca por méritos propios al mesurar casi todos los elementos excesivos que critiqué del disco anterior; hablando de experiencia, se nota con creces lo bien que estas tres décadas se sentaron al grupo. El inicio prometedor con There´s no Future in Optimism alimenta expectativas y estas se cumplen de inmediato con la GENIAL Chinese Fire Horse, energética respuesta a las críticas mencionadas sobre Shirley:

Yeah I may be much older, so much older
Yeah, yeah so much older than you
But I've still got my power in my brain and my body
I'll take no shit from you.

Para quienes habitamos del cuarto piso para arriba, el mensaje es edificador, increíblemente nutritivo. No hay metáforas, la lírica se alimenta de la realidad misma porque eso es lo que se va ganando con la edad, la pena perdida por decir lo que se siente y se piensa, se vuelve uno más aúténtico. Le sigue Hold, otra belleza desde la cual asocio cierto sentimiento de gratitud hacia los fans, igual me equivoco pero es bastante probable que vaya por ahí, la magia de la poesía. 

Requiero escuchar bastante más, lo haré con gusto estos días para determinar si existe alguna favorita dado que no percibo «el hit» de difusión natural, es probable que no lo haya (CFH es la candidata), aun así a lo largo del álbum van brotando joyitas como Sisyphus o R U Happy Now, temas que se abren paso en el tiempo para hacernos creer por un momento que seguimos en 1997.




Todo, menos basura © 2025 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International

jueves, 6 de febrero de 2025

Te dejas...

Por: Gustavo Torres Gómez


Te dejas llevar por el viento

y abandonas la vera de girasoles

las que observaste navegando en mis manos

despidiendo pétalos amarillos.


Te dejas amar por las olas

y visitas galeras escondidas del trueno

de los que huías saciando deseos,

las profundidades respiran en ti.


Te dejas tocar por las piedras

y agradeces las cadenas

firmes, embusteras

prometen nada, siempre.


Te dejas quemar en la nada

en llamas de necedad traicionera

alimentas soledades, bebes de tu locura,

y vives de oscuridad, de fe lastimera.


Te dejas © 2025 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 

sábado, 4 de enero de 2025

Comala en Streaming: comentarios sobre la adaptación de Rulfo al cine digital

 Por: Gustavo Torres Gómez

Es como el duelo: se parte de la negación, hay broncas internas qué solucionar, cierta negociación, la consabida depresión y al final no queda de otra más que aceptar. Está ya disponible en Netflix la última adaptación al cine (digital en este caso) de la más grande obra de la literatura mexicana en cualquier género: Pedro Páramo, del inmortal Juan Rulfo.

Supongo que pasó lo mismo para quienes admiramos tanto al autor como a su novela, desde que se anunció la primera reacción no pasó por lo positivo sino todo lo contrario o sea, ¿Cómo se atreven a intentar trasladar otra vez algo cuya naturaleza es totalmente literaria? Ya se había hecho tres veces en el pasado con resultados bastante cuestionables, en algunos casos hasta ridículos, como en la versión del 1967 donde a razón de quién sabe qué se puso de protagonista a John Gavin, actor gringo “de segunda” en palabras del mismísimo Ignacio López Tarso, lo que restó de la fuerza necesaria para retratar al cacique decentemente y dejó muy lejos la posibilidad de ver al personaje principal tal como la lectura es capaz de proyectar; en su lugar quedó en la pantalla un tipo bonito carente absoluto de las tablas necesarias, un trabajo de edición tan lamentable que se logran ver las “costuras” para medio subsanar el despropósito de la actuación del gringo y por último el casting mal aprovechado que en otras circunstancias pudo haber dado tal vez, una de las películas más memorables en los anales del cine nacional.

Pedro Páramo de ficheras

Vino luego la versión de 1976, de la cual me gustaría dar más opiniones positivas de las que merece pero es que... Ay, mi México. Tiene el encanto propio del cine de la época, con su tonalidad cromática, el uso de efectos de sonido artesanales en post-producción que son una gozada, pero ante esos elementos lo de pertenecer a la época dorada de las películas de ficheras le cobra factura, sin mencionar las “licencias literarias” que se toma, absolutamente innecesarias, antiestéticas y hasta vulgares, como la escena de la noche de bodas donde Doña Dolores Preciado, interpretada por Blanca Guerra regala un desnudo gratuito (o sea, gracias) y un momento de pena ajena con el brujo del pueblo cuyo tono es absolutamente ajeno a lo necesario para el momento, ni qué decir de lo que sucede entre los dos después... evítense el asco mejor. Lenta, sosa, de mal gusto, ridícula por episodios, esta obra dirigida por José Bolaños es una grosería escupida directamente a la figura de Juan Rulfo y por qué no, atole con el dedo para la población mexicana estúpida que dio pie a este tipo de bodrios.



La de 1981

Los ochenta tuvieron su Pedro Páramo con la actuación estelar de Claudio Brook, pero esa versión no he tenido oportunidad de ver, así que reservaré comentarios para mejor ocasión.

Ahora sí, la de Netflix de 2024

Ahora, a finales de 2024 Netflix toma el riesgo de hacer adaptaciones de dos monumentos literarios latinoamericanos: Pedro Páramo de Rulfo y Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez, del primero opinaré en breve y del segundo espero poder librar la curiosidad por ver, dado que prefiero mantener en mi memoria y corazón los rostros, voces y paisajes que las letras me han dado.

Ver y escuchar la materialización de lo que ha estado tan encarnado en la memoria es fuerte. Resulta complicado aislar la emoción al ir desenterrando de la memoria los instantes que tejieron en la imaginación las palabras de Rulfo, tan justamente elegidas, con carga estética propia, de poesía incomparable. Sigue siendo imposible transformar en fotogramas frases como “Faltaba mucho para el amanecer. El cielo estaba lleno de estrellas, gordas, hinchadas de tanta noche. La luna había salido un rato y luego se había ido. Era una de esas lunas tristes que nadie mira, a las que nadie hace caso. Estuvo un rato allí desfigurada, sin dar ninguna luz, y después fue a esconderse detrás de los cerros”. Todavía preguntan por qué Rulfo es quien es. Aconsejo ver alguna entrevista del maestro para guardarse su voz en el sistema y a partir de ahí cada cita que se lea tenga textura. De nada.

¿Cómo hacer entender a los no lectores que no es la trama lo intraducible al cine sino la experiencia lectora? Simplemente no hay comparación. En tanto el cine expresa su valor en el poder de la imagen, cómo es posible componer a cuadro con lenguaje propio lo que se quiere decir con o sin palabras, con ayuda o no del sonido, la literatura exige la estimulación intelectual de cada lector donde se manifiesta para poder ser comprendida en toda su dimensión, siendo paradoja en sí misma pues la aparente limitación de “únicamente usar palabras” es justo su mayor fortaleza, de ahí que se recree en la mente según la potencia y riqueza de pensamiento del mismo.

Dicho lo dicho, no se le debería exigir a una película darnos los matices de los que dispone un maestro como Rulfo en el uso de la palabra escrita, sino apuntar a las posibilidades narrativas desde sus propios recursos, dejando de lado la obra original dado que la confrontación no tiene sentido. Esta versión del director mexicano Rodrigo Prieto es única, tal vez la mejor que se haya hecho sobre el reconocido libro. Teniendo el respaldo presupuestal de Netflix, entendiendo esta misma que no se trata de cualquier historia sino de una de gran valía artística mundial, es notorio para cada toma el cuidado que se ha tenido en respetar la envergadura del libro no haciendo nada de más, siendo fieles hasta donde ha sido posible según el intento de calca (el orden de narración es prácticamente el mismo), tomando los diálogos tal cual se leen en el material original y dando la batuta a gente con camino recorrido a fin de garantizar la mejor película posible. En la pantalla se van dibujando los recuerdos de cada página leída con fidelidad, con poco para el reproche. Mientras en las películas del pasado se dio ambientación casi permanente de desolación, acá la oscuridad y la oportunidad de mostrar el realismo mágico en todo su esplendor se ha tomado con cautela pero exitosamente, cosa que fue imposible de hacer antaño debido a limitaciones tecnológicas. Ver los saltos temporales en la Comala efervescente del ayer, verde, llena de vida, luminosa, rebosante de la energía con el trajín de su gente para luego ir a la cálida oscuridad del presente en la piel de Juan Preciado es maravilloso. No recuerdo alguna otra obra cinematográfica de raíz mexicana tan espléndida visualmente. La escena de las almas en el centro del pueblo consumiendo en miedo a Juan es muy pero que muy bonita, de buen gusto, siendo el pretexto argumental perfecto para pasar de ahí en adelante a las voces en off de él y Dorotea en ese papel de narradores ya como muertos que se resignan a pasar la eternidad en las entrañas de un pueblo que parece no perder vigor a pesar de no tener a nadie vivo entre sus calles.

Ya déjate de miedos. Nadie te puede dar ya miedo. Haz por pensar en cosas agradables porque vamos a estar mucho tiempo enterrados” le dice Dorotea a Juan intentando calmarlo en su nueva condición de muerto. La genialidad de Rulfo en todo su esplendor y la inteligencia de Rodrigo Prieto para componer visualmente eso sin dejar de ser cine y sin perder la potencia literaria de origen. Un aplauso.

La perspectiva poética dentro del análisis de la realidad nacional en Pedro Páramo merece análisis mucho más sesudos que este, pero no deja conmover hasta las lágrimas (a mí me pasó, lo confieso) la integración de potentísimas líneas que aparentemente no contribuyen directamente al hecho cinematográfico, pero siendo tomado literalmente del libro, así en bruto, cobra un valor emocional brutal:

Las campanas dejaron de tocar; pero la fiesta siguió. No hubo modo de hacerles comprender que se trataba de un duelo, de días de duelo”*.

Es increíblemente disfrutable el trabajo de fotografía y sonido; la música de Gustavo Santaolalla es tan exquisita como siempre, justa, poderosa. A quien haya jugado The Last Of Us o visto la serie homónima en HBO entenderá al instante la idoneidad de haber elegido a este tipo para el ambiente que se quiso retratar.



Mis peros

Suma totalmente aquello de haber traducido al dedillo el libro, sin embargo también existen puntos flacos que merecen la pena ser señalados, vaya, que no es una película perfecta. Para empezar, el casting pudo haber sido un poco mejor, hay altibajos y hasta mentadas de madre al espectador mexicano específicamente, por ejemplo la participación de Julieta Egurrola y Roberto Sosa... ¿En serio? Digo, en ambos casos sus papeles pudieron haber sido dados a casi cualquier otro, especialmente el de ella, que interpreta a la abuela Preciado, papel menor; en el caso del Padre Rentería lo que hace Roberto es maravilloso pero mi queja va más en el sentido de pensar que la paleta de actores disponible para hacer cine mexicano debía estar ya a estas alturas totalmente renovada, nada más faltaba que pusieran a uno de los Bichir en el elenco. No sé si tiene que ver con la capacidad actoral o la falta de guía por parte del director, pero lo mostrado por Ari Brickman en su papel de Bartolomé San Juan y lo de Ishbel Bautista es de flojera, en el nivel de actuación de lo que se podría ver en cualquier telenoverla de Televisa. Todavía no logro emitir un juicio para el trabajo de Ilse Salas (Susana San Juan), igual porque creo que podría ser más un asunto de dirección que de capacidad actoral, dado que su personaje es la representación del abuso en toda su desgracia y esplendor, con lo contradictorio que pueda parecer la frase, siendo el contraste del impacto en pantalla lo que más choca pues su contraparte adolescente (Sarah Rovira) destaca por lo bien que se manejó frente a cámara.

El último acto no es malo realmente, sin embargo se hace corto el descenso progresivo del protagonista al morir Susana, lo que resta a la desolación con la que debería percibirse el último suspiro del cacique que transformó su dolor en muerte para todos, incluyendo la tierra bajo sus pies.

Conclusiones

No hay lugar a dudas, en la terna de filmes rulfianos este se lleva todos los honores, apenas arriba de El Gallo de Oro, descarte narrativo** del jalisciense que alcanzó a ver pantalla grande cobijado hermosamente por los inmensos talentos de Ignacio López Tarso y Lucha Villa (brillando como siempre) que solo “pierde” frente a la producción de Netflix porque esta última lleva una intención artística bastante marcada y superior, pero en ambos casos el espíritu del prócer de las letras mexicanas está imbuído con enorme respeto y gracia.

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* Interpreté la noción de un México posrrevolucionario todavía creyendo que la lucha ha acabado cuando resulta evidente la inscosciencia en relación a la situación precarísima del país en todos los sentidos, especialmente en la identidad moral de la que poco se habla y mucho se padece.

** Rulfo nunca quiso que El Gallo de Oro se llevara a la pantalla grande debido a que la consideraba una obra inacabada, además de ser un texto realmente pequeño (se lee de una sentada en un par de horas si se tiene voluntad). Hay multitud de ensayos al respecto realizados por académicos y especialistas tanto de cine como de literatura y todos coinciden en el diagnóstico: Rulfo tenía razón. Tanto libro como película me siguen pareciendo maravillosos y me parece que dados los resultados, Netflix podría arriesgarse a hacer una nueva adaptación con los estándares de calidad actuales.

Comala en Streaming: comentarios sobre la adaptación de Rulfo al cine digital © 2025 by Gustavo Torres Gómez is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 

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